El 25 de marzo de 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado por su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, informó que había enviado una carta al rey Felipe VI exigiendo que España pidiera perdón por los crímenes cometidos contra los “pueblos originarios” de México durante la conquista.

El brevísimo video en el que AMLO informa de la carta fue filmado en la zona arqueológica de Coacalco, Tabasco y muestra al expresidente tratando de justificar el envío de la carta, en tanto que la esposa del mandatario aparenta estar entre distraída y contenta, y se muestra afectuosa con su marido.

La carta no obtuvo respuesta -tenía que actuar así una buena diplomacia, como la diplomacia española de hoy. Sí, en cambio, provocó reacciones torpes y rencorosas del lado mexicano, comenzando por López Obrador, que puso “en pausa” las relaciones con Madrid, además de que el monarca español no fue invitado a la toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Hay quienes suponen que fue Beatriz, esposa de AMLO, quien le “vendió” la idea de que España pida perdón por los crímenes de la conquista. Ella, a su vez habría sido asesorada por Marx Arriaga, autor de los nuevos libros de texto gratuitos, personaje mediocre y conflictivo,

Arriaga equipararía crímenes y abusos en la conquista española de México al genocidio en el Congo Belga cuando, entre 1880 y 1908 el territorio ¡fue propiedad del rey Leopoldo II! Y, mediante mano de obra esclava, producía marfil y caucho, mutilaba -cortaba manos incluso a niños- como castigo y dejó un saldo de 10 millones 500 mil muertos. Otro rey Felipe, éste de Bélgica, ha expresado su profundo pesar por los crímenes cometidos durante el período que el Congo fue colonia del país europeo.

De vuelta al tema de las disculpas exigidas a España por López Obrador, exigidas por inercia en el caso de Claudia Sheinbaum, hago notar, aprovechando un artículo del diario La Vanguardia de Barcelona, que ya en 1990, el rey Juan Carlos, durante su visita a Oaxaca dentro de un viaje de Estado a México, reconoció que, a pesar de que la Corona española siempre protegió a los indígenas -yo quiero subrayar esto-, a menudo se cometieron abusos.

El monarca se refirió en concreto al polémico sistema de las encomiendas, que repartía indios entre conquistadores y colonos. “La prudencia y ecuanimidad de la Corona de España, dijo entonces el rey Juan Carlos, fue, a menudo, lamentablemente desoída por ambiciosos encomenderos y venales funcionarios que, por la fuerza, impusieron su sinrazón”.

La condena de Juan Carlos a encomenderos y funcionarios de la Corona por sus abusos y crímenes de los que fueron víctimas los naturales de la Nueva España, hacía énfasis en el interés de los monarcas de respeto y protección a esos súbditos autóctonos de América, de Nueva España. Así encontramos qué ante la posesión de tierras americanas, ya Isabel la Católica instruía en su testamento velar por los derechos de sus súbditos de Nueva España.

Pero, no sólo eso, sino que, como lo hice notar en otros de mis artículos, el nieto de Isabel, Carlos I (Carlos V para el gran público y para Alemania), convocó a una junta legislativa para volver a examinar la manera en que debían ser tratados los indios. En esta reunión brilló la figura de uno de los legisladores invitados: Francisco de Vitoria; y con él los teólogos y juristas de la universidad de Salamanca, creadores del Derecho Internacional.

Vitoria defendió que los derechos de los indios debían de ser iguales a los de cualquier otro súbdito de la Corona y planteó que la conquista de su territorio debía hacerse solo tras tener una causa justificada. Además, defendió que la evangelización de los nativos debía ser recibida voluntariamente y que el simple rechazo a la religión no servía de justificación para pasar por encima los derechos de los indígenas. Su posición, que limitaba el poder de la Corona, fue impuesta.

Es decir, Carlos I, el monarca más poderoso de su época, aceptó la argumentación moral de Francisco de Vitoria y promulgó las Leyes Nuevas, que dotaban de más derechos a los amerindios, revisado en su favor el sistema de encomiendas, y sellaban su estado como ciudadanos del Reino.

España, pues, lo he repetido, reconoce con la mayor amplitud y sin aspavientos, a los pueblos originarios. Y el rey Felipe VI termina desarmando exigencias y enojos de López Obrador -y la exigencia sin enojos de Sheinbaum- al reconocer que hubo graves abusos en la conquista.

Después vino, gracias al Mundial de Futbol la visita del monarca a la presidenta, su cordial recibimiento de jefa de Estado a jefe de Estado, que nos hizo amigos sin reticencia alguna -esperemos- y que confirma a México como socio respetable en la Unión Europea. En momentos en los que Trump hostiga y hostiga, y cuando, además, la izquierda -y el centro y la derecha moderada- la “Marea Rosa” andan en horas u olas bajas.

Para empezar, Venezuela, con la que me solidarizo en su sufrimiento, víctima de los sismos. Robado su petróleo por el invasor yanqui y gobernada por los restos del chavismo como empleados de Washington. Porque su otrora líder respetada, de la oposición: María Corina Machado, lambisconeó a Trump, que ahora la desprecia y descarta.

Colombia, con la izquierda torpe de Gustavo Petro derrotada, entroniza al ultraderechista Alberto De la Espriella, ante el que se ruborizaría hasta Álvaro Uribe, pope de la derecha. De la Espriella ofrece bombardear campamentos de grupos criminales y crear siete megacárceles tipo Bukele.

Perú elige a la derechista Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, fallecido expresidente, héroe y villano. Derrotó al candidato de izquierda que pretendía suceder a un ingenuo auto golpista frustrado. Keiko también prioriza la seguridad y, por consiguiente, afirma que desplegará al ejército en las cárceles y en las calles.

Recordemos que estos presidentes se unen a los triunfantes Nasry Asfura en Honduras, José Antonio Kast en Chile y Laura Fernández en Costa Rica. Más el argentino Javier Milei y Daniel Noboa, de Ecuador.

¿Y Cuba? Amenazada, aunque, digo yo, con la esperanza de que el secretario de Estado. Marco Rubio, de orígenes cubanos, pero mostrando realismo consiga que el “aterrizaje” de la Isla en los dominios washingtonianos se de sin graves turbulencias. ¿Y Nicaragua? Víctima de una pareja de esotéricos y corruptos.

Hasta aquí los miembros del Escudo de las Américas escuderos de Trump, mientras que de los réprobos solo quedan Brasil de Lula, asediado por el propio Trump, que apoya descaradamente a Flavio Bolsonaro, hijo de Jair el golpista preso, y candidato Flavio a las presidenciales de octubre, compitiendo con Lula. Queda también Sheinbaum y México hostigado y amenazado por las mil partes que sabemos.

Como punto final a este artículo, es de comentarse el interés del rey Felipe VI de qué la próxima Cumbre Iberoamericana, en el mes de noviembre, sea tan exitosa como las primeras, en 1991 en Guadalajara (México) y en Madrid en 1992.

Proyecto que debería interesar a México, pues le permitiría dialogar con sus pares de Latinoamérica y con Portugal -además de España. Sería, además, otro puente de acceso a Europa.