La relación bilateral con los Estados Unidos, desde siempre ha sido difícil, complicada, ardua, cuesta arriba, en muchas ocasiones desde posiciones de debilidad que en no pocas veces conseguíamos equilibrar con base en la fortaleza que nos daba el respeto obtenido en los Organismos multilaterales. El respeto a México de la comunidad internacional, obedecía a una diplomacia fincada en valores y principios, mismo que en las últimas dos décadas, fuimos abandonando por un opaco pragmatismo que hoy, nos tiene a merced de la Casa Blanca.

México aceptó y suscribió la anterior modificación al  Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá “T-MEC” en el 2019, entrando en vigor el 1 de julio de 2020, estando ya en la presidencia López Obrador, tratado que fue ratificado por el Senado. En principio el texto de dicho Tratado fue revisado y modificado en lo conducente por los representantes de los tres países; por lo que correspondía la revisión del Tratado en este año 2026 al cumplir la vigencia de renovación.

La reunión trilateral por videoconferencia para tratar el tema de la revisión  sobre el T-MEC,  tuvo lugar el miércoles 1 de julio, con la intervención de Jamieson Greer por parte de Estados Unidos, Marcelo Ebrard, Secretario de Economía de México; y el responsable comercial canadiense Dominic LeBlanc, para tratar de avanzar en las conversaciones sobre la aplicación del tratado, la prórroga del plazo y los siguientes pasos del acuerdo.

Mediante un  comunicado el Departamento de Comercio de  Estados Unidos informó que no renueva en su forma actual el acuerdo comercial con México y Canadá (T-MEC): “Estados Unidos continuará dialogando con México y Canadá para abordar las deficiencias del acuerdo y nuestros déficits comerciales con estos países”. “Sin embargo, el Acuerdo permanece vigente hasta que se resuelvan estos asuntos o hasta su terminación”.

El departamento de Comercio del gobierno de Trump, declaró que no extenderá el T-MEC por otros 16 años. La decisión abre una cuenta regresiva sobre la vigencia de diez años hacia la eventual expiración del tratado en 2036. Esta decisión no representa, una salida inmediata de Estados Unidos solamente activa el mecanismo de revisión anual previsto en la cláusula de revisión y extensión del propio tratado.

Por parte de México, Marcelo Ebrard, Secretario de Economía una vez terminada la reunión declaró: “Estados Unidos no está en la posición de extenderlo otros 16 años. Nos vamos a ir por el carril de la revisión anual por los próximos 10 años, que es la vigencia del tratado”.

Mientras que por Canadá en un comunicado del titular del área comercial,  Dominique Leblanc, señaló: “Coincidimos en la importancia de continuar nuestras conversaciones e identificar maneras de garantizar que los marcos comerciales y de inversión entre Canadá, Estados Unidos y México sigan impulsando la prosperidad y la competitividad de América del Norte. Para Canadá, esto incluye conversaciones sustantivas con Estados Unidos sobre cómo abordar los aranceles sectoriales aplicados al acero, el aluminio, los automóviles y la madera canadienses”.

La decisión de los Estados Unidos no debería extrañarnos. Desde julio del 2020 el gobierno de México tenía que haber revisado con seriedad las reformas realizadas al sector energético a fin de atender los reclamos de las empresas extranjeras, en lugar de ello, nuestro Congreso realizó reformas que deterioraron la relación con Norteamérica; al destruir la confianza en el sistema de justicia al desmantelar el Poder Judicial y cancelar la división de Poderes, aunado a la desaparición de los Organismos Autónomos que servían de contrapeso, estatizó el sector energético, y se posicionó del lado de Cuba y Foro de Sao Paulo, coquetea con Irán y China. En vez de mandar un mensaje al mundo de que México es un país respetuoso de las normas del sistema multilateral de comercio y comprometido con lo negociado en los Acuerdos de Libre Comercio.

A partir de la declaración de Donald Trump de  que el NAFTA por su acrónimo en inglés o TLC en español, era el peor tratado comercial firmado jamás por los Estados  Unidos, inició una lucha por su renegociación y por complacer a los estadounidenses en sus exigencias. Canadá, cedió en muchas áreas, como por ejemplo en la industria lechera; y México en muchas áreas de la industria manufacturera.

El T-MEC es el acuerdo comercial que ordena la integración productiva de los tres países de América del Norte. A partir de ahora el escenario de la revisión anual prolongaría la incertidumbre para las inversiones, las cadenas de suministro y los sectores exportadores. Estados Unidos pide cambios de fondo, especialmente en reglas de origen, en el contenido de elementos estadounidenses en automóviles y mayores controles para evitar que productos chinos se beneficien del tratado.

El T-MEC en vigor desde julio de 2020 establece que el tratado trilateral termina 16 años después de su entrada en vigor, salvo que los tres países confirmen por escrito su voluntad de extenderlo por otro periodo de 16 años. Si alguna de las partes no confirma la extensión del tratado, la Comisión debe realizar revisiones conjuntas cada año durante el resto de la vigencia del tratado; sin embargo, los tres países pueden extenderlo en cualquier momento antes del 2036.

Indudablemente que la noticia del no acuerdo sobre la ampliación del T-MEC es una pésima noticia para la economía de México en donde diversos sectores se verán afectados de manera muy importante como el sector automotriz, el agropecuario y muchos otros. Esta decisión sobre el T-MEC es una fuerte estrategia de presión contra México, para poder negociar en favor de sus intereses económicos, pero también de seguridad en el combate a los carteles de la droga mexicanos. En el fondo el gobierno de Estados Unidos considera el T-MEC no solamente como una sociedad comercial sino que espera de ello, una afinidad política e ideológica también.