Una vez concluido el sueño mundialista para millones de mexicanos, tras la derrota del seleccionado nacional con Inglaterra por 3 goles a 2, la realidad cotidiana y los problemas sociales irresueltos, comenzarán a renacer por todo el país.
Las multitudes que en las avenidas y plazas de las principales capitales, lo mismo que en muchos municipios, salieron a festejar como medio para evadir el estrés acumulado por años de frustración y la cotidianidad del día a día, volverán paulatinamente a una realidad cargada de violencia generalizada.
Tan solo en Reforma se llegó contabilizar un millón y medio de personas en un hecho social nunca visto, mostrando que la sociedad mexicana estaba ávida de una vía de escape que montó sus esperanzas en su deporte más popular, pese a que la FIFA segregó de los estadios a los aficionados de toda la vida, por los exorbitantes precios impuestos a los boletos.
Por supuesto que dentro de la infraestructura oficial levantada con motivo de la gesta mundialista en la CDMX, no menudearon las críticas a la remodelación del sistema de transporte masivo más importante en el que se trasladan las clases populares a sus centros de trabajo que, con justa razón, exigieron que más allá de los arreglos cosméticos se invirtiera en el mejoramiento de las vías y vagones del Metro, para aminorar los eternizados retrasos y aglomeraciones en el servicio.
La lista de pendientes que nuevamente reclaman la atención de las autoridades es larga, destacando los problemas que se han vuelto perennes como lo es la falta de personal, equipamiento y medicamentos en los centros hospitalarios del país, donde millones de personas deben hacer largas filas para obtener una consulta y esperar, a riesgo de perder la vida, largos meses para ser sometidas a una cirugía, no importando ser derechohabiente o no, pues el sistema de salud pública en general, se encuentra colapsado por falta de recursos.
Otro de los temas que volverán a inquietar y mantener en la zozobra constante a millones de habitantes, es la inseguridad que aqueja lo mismo a la gente de los barrios y colonias de las grandes ciudades que a quienes viven en las comunidades y zonas apartadas como la Sierra de Guerrero, donde sus pobladores deben subsistir en medio de una disputa de grupos criminales a los que las autoridades ubican con precisión, pero no los combaten.
Doloroso que durante la gesta deportiva las madres buscadoras fueran impedidas a manifestarse como atestiguan las imágenes difundidas en los medios y en las redes sociales. Un reclamo por demás justo que se buscó no fuera visibilizado ante el turismo que asistió a los estadios, pero que más allá de la celebración mundialista se mantiene como un movimiento social vivo y actuante en todo el país.
Una vez que concluya el mundial el próximo 19 de julio en Nueva Jersey, volverá estar en la agenda de pendientes los 43 normalistas de Ayotzinapa, los problemas que vienen enfrentando los campesinos y transportistas, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el reclamo de justicia y reinserción laboral de los electricistas del SME, como también el reclamo del borrón y cuenta nueva, de los integrante de la Asamblea Nacional de Usuarios de la Energía Eléctrica (ANUEE), sin dejar de mencionar la amenaza del gobierno estadounidense, de obligar a nuestro país a la revisión anual del T-MEC.
El balón volvió a casa, pero al irse nos deja un marcador social adverso, que debe ser revertido en la cancha de la movilización y la protesta de las clases populares.
