Polarización. Abandono de la diplomacia tradicional. Guerras. Presidentes salientes que no reconocen los triunfos de los nuevos elegidos. Organismos internacionales rebasados por el tiempo. Enfermedades como el ébola en Sudán y en la República del Congo que no se controlan rápido. Potencias emergentes que avivan los desencuentros. Resquebrajamiento del orden internacional. Invasiones injustas que se convierten en conflictos bélicos inhumanos.
Peligro de hambrunas en 13 zonas críticas del mundo, impulsado principalmente por los conflictos armados, la violencia y las restricciones a la ayuda humanitaria, como en Sudán y Sudán del Sur, Yemen, Palestina (Gaza), Haití, Mali, Somalia y Noroeste de Nigeria.
Y, por si algo faltara, acuciados por la administración del presidente Donald John Trump, en la 36a reunión cumbre de la OTAN, los países miembros discuten, una vez más, el porcentaje del PIB para la compra de armamento moderno, incluyendo aviones de combate F-35. El organismo occidental que fue un contrapeso en el tiempo del Pacto de Varsovia, desde 1955 hasta 1991 cuando se disolvió.
La guerra de Ucrania y la seguridad del estrecho de Ormuz, fueron otros de los tópicos considerados por los miembros de la alianza atlántica. Trump, después de tratar de glorificarse en una serie de actos con motivo del CCL aniversario de la Declaración de Independencia, presentó, una vez más, su propósito de tener en sus manos la isla más grande del mundo: Groenlandia, para poder explotar sus riquezas groenlandesas fuera del control de Dinamarca. Tal parece que la NATO (por sus siglas en inglés) estuviera compuesta por países enemigos de EUA y no por aliados desde el tiempo de las 13 colonias. Et sic de caeteris.
Lo anterior es un pequeñísimo resumen de los graves problemas que enfrenta el mundo actual. Lo que caracteriza esta problemática —es posible que la Humanidad se haya enfrentado a crisis peores, pero el asunto es que por el momento las generaciones que viven en el globo, deben, tratar de resolverla lo más pronto y lo mejor posible—, es la polarización que encamina mal al mundo. A tal grado que puede conducirlo a un camino sin retorno. Ese es el punto. En la mayoría de los casos, no se advierten quienes avivan los intereses para que esto no camine por otros senderos menos intrincados. Como afirma el dicho gallego respecto a las brujas: “haberlas, haylas”. O dicho en castellano, “de que los hay, los hay”. El número de intereses al respecto es infinito.
Cuando llegue un remanso de paz a la atribulada civilización humana —lo que un día sucederá indefectiblemente—, podrá establecerse con certeza (o algo que se le parezca) quién o quiénes fueron responsables de estos graves problemas que aquejan a la humanidad. Uno de los protagonistas ya es prófugo de la Corte Penal Internacional de Justicia de La Haya, el premier israelí en cuestión tiene orden de arresto en su contra. No sé si se identifique a un solo personaje como causante de esta situación, de antemano salta un nombre que si no resulta como autor de la crisis, sí se puede decir que hizo todo lo que pudo para que el caldero explotara: el presidente de EUA, Donald John Trump. Aunque, hay muchos otros, que, por lo menos en México avivó la hoguera del odio entre hermanos, polarizó a la sociedad entre “buenos” y “malos”; lo peor del caso es que muchos lo creyeron y lo siguieron. ¿Hasta cuándo? Esa es la incógnita.
Ante un panorama tan abigarrado el futuro del planeta se plantea muy complicado, por lo menos y a corto plazo no se ve que cambie de forma radical. Trump, pese a sus evidentes fracasos (el más reciente es el acuerdo de paz con Irán que en menos de veinte días está roto por todas partes, parece saco de pordiosero.
Los remiendos son evidentes). Las fuerzas del Comando Central lanzaron el martes 7 de julio una serie de ataques contra objetivos en Irán en respuesta a las agresiones iraníes contra buques mercantes en el estrecho de Ormu, mientras Washington revocó la licencia que permitía temporalmente la exportación de petróleo persa. E inmediatamente los ayatolás respondieron: “EUA ha violado repetidamente los compromisos del acuerdo”, por tanto, las “operaciones estadounidenses demuestran que Washington no respeta los compromisos firmados”.
A este vaivén de ataques y contraataques, el ríspido ambiente se agudizó más con los funerales del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, asesinado a los 86 años de edad hace cuatro meses al inicio del actual enfrentamiento entre EUA e Israel contra Irán. Las honras fúnebres del líder religioso comenzaron a las 6 horas del sábado 4 de julio y terminarían el jueves 8 con el entierro de los restos mortales en Mashhad, su ciudad natal. A este funeral acudieron delegaciones de 50 países para las ceremonias que se celebraron en la mezquita del imán Jomeini, Gran Mosalla. El ayatolá Mojtaba Jamenei, herido durante los ataques en contra de su progenitor, no se ha mostrado en público desde ese día y sólo se manifiesta mediante mensajes escritos. Delegaciones de primer nivel cedieron al funeral procedentes de Pakistán, Armenia, Tayikistán y Kurdistán. Así como el expresidente ruso Dmitri Medveded, enviado personal de Vladimir Putin. Y un importante funcionario del Parlamento chino, He Wei.
Las calles de Teherán blindadas por los cuatro puntos cardinales acogieron a los dolientes, que podrían sumar entre 16 y 20 millones, durante la semana de actos religiosos con los que la República Islámica de Irán se presenta como un régimen cohesionado, fuerte, con apoyo popular y conectado con el mundo, es decir con una imagen que la administración Trump trata de que nadie la conozca.
Fuera de la mezquita donde se exhibieron los restos del ayatolá, se escuchaba a cualquier hora del día un grito estentóreo, repetido en la calle una y otra vez por la muchedumbre pertrechada de banderas rojas: con estos letreros: “¡Muerte a América! ¡Muerte a Israel! Algunos iban más lejos, como el poeta Mohammad Rasouli que pedía públicamente la muerte del presidente Trump.
Por su parte, el magnate evitaba alterar el tono conciliador de los últimos días, y aseguraba que “ningún bando disparará al contrario durante los funerales” y anunciaba que las conversaciones con Teherán, que entran en su fase técnica y decisiva, continuarán tras las exequias por el que fuera guía supremo del país de Asia Central durante casi 37 años. En tanto, las autoridades iraníes exigieron que Washington cumpla el preacuerdo alcanzado con los ayatolás para poner fin a las hostilidades en la región; en caso contrario, “la República Islámica se enfrentará a ellos con firmeza”, reiteró Qalibaf, el líder del parlamento, al tiempo que advirtió que buscarán la rendición de cuentas por los crímenes de guerra cometidos contra su país.
Mientras las negociaciones entre las capitales de los contendientes están en suspenso por los funerales, la diplomacia desplegada por el régimen estos días parece ya dar algún fruto concreto, pues el ministerio de Transportes de Qatar levantaba el domingo 5 de julio las restricciones parciales a la navegación que impuso el lunes tras la muerte de uno de sus ciudadanos en el mar por heridas de metralla durante “operaciones militares en la región” en el marco de la guerra con Irán.
De tal suerte, el citado ministerio insta “a todos a cumplir con las regulaciones e instrucciones marítimas vigentes, para garantizar a los más altos niveles de seguridad en todos los viajes”. De esta forma, agrega el comunicado, la decisión revierte el aviso del 29 de junio último, que recomendaba la suspensión temporal de la navegación y la pesca hasta nuevo aviso, aunque el transporte marítimo había quedado exento. En otro signo aparente de vuelta a la normalidad, las autoridades iraníes anunciaron la vuelta de los vuelos comerciales al aeropuerto internacional de Bandas Abbas, en el sur del país, después de cuatro meses sin actividad.
“Las exequias de Alí Jamenei están siendo, sobre todo, una batalla por la imagen. La República Islámica ha pretendido convertir la asistencia masiva en un indicador de cohesión nacional, consciente de que refuerza su relato de legitimidad traslada guerra, asegura el analista político iraníe Ehsan Rahimi. “Pero la escena también reveló ausencias significativas: los presidentes y ex ministros Rouhani, Ahmadineyad, Jatimí y Zaire no han estado visibles en el acto central”.
Importa resaltar el estado de animadversión en el pueblo iraní contra EUA. La movilización popular en la procesión fúnebre de Alí Jamenei —una de las concentraciones más numerosas registradas en la capital iraní en los últimos años—, recorrió gran parte de Teherán. Comenzó desde la avenida Damayad y avanzó por las plazas Imán Hossein y Engelab hasta llegar a la plaza Azadi, en un trayecto de 12 kilómetros. La carroza que transportaba los ataúdes de Jamenei y de cuatro de sus familiares asesinados el primer día del ataque estadounidense-israelí—, se incorporó al cortejo dese la plaza Engelbad.

Miles y miles de personas a lo largo del recorrido portaban banderas iraníes, retratos del difunto ayatolá con llamadas de venganza contra el magnate, y “el judío” Benjamin Netanyahu. También eran visibles los mensajes en persa y en inglés, con frases como “Habrá sangre”. El encargado del funeral, Hasan Hasanzadeh, informó que la gran asistencia obligaría a prolongar el acto entre 10 y 12 horas. “No tenemos ninguna prisa por dar por concluido el acto. Nuestro esfuerzo es que todos los peregrinos que han llegado desde distintos puntos del país para despedirse y acompañar a nuestro imán mártir participen de este ambiente espiritual”.
Mención especial es la referencia al acto simbólico de apedrear al diablo”, tradición del Hajj —que es la peregrinación anual a La Meca (Arabia Saudita), que constituye uno de los los cinco pilares del Islam. Todo musulmán adulto que cuente con los medios económicos y la salud física está obligado a realizarla al menos una vez en su vida. Es un acto de devoción, humildad y unidad islámica—; en la que los peregrinos lanzan piedritas contra representaciones del mal. En esta ocasión, los romeros arrojan piedras contra una imagen de Donald Trump. Además, se difundieron carteles con recompensas para quien vengue la muerte de Alí Jamenei y listas que señalan como objetivos a asesores del magnate.
Trump no podía permanecer callado mientras se desarrollaban las ceremonias fúnebres en Teherán. El magnate volvió a endurecer su postura hacia la República Islámica. Y aseguró que Washington aún busca un acuerdo, aunque reiteró la posibilidad de recurrir nuevamente a la fuerza. “O llegamos a un acuerdo o terminamos el trabajo. Y no será difícil terminar el trabajo. Prefiero llegar a un acuerdo, porque no quiero perjudicar a 91 millones de personas”. Tal y como lo dijo: Irán atacó instalaciones estadounidenses en Koweit y en Qatar, y EUA en 80 objetivos iraníes. El cuento de nunca acabar.
El mandatario Trump agregó que Estados Unidos podría afectar la infraestructura iraní y recordó que el alto al fuego de 60 días busca abrir espacio para la diplomacia tras los ataques estadounidenses e israelíes que iniciaron el conflicto.
En estos momentos y después de los enfrentamientos que ha tenido DJT con varios de los mandatarios de los países que forman la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), y más allá del espectáculo diplomático que una reunión en la cumbre suscita, la vista del mundo está puesta en Ankara, capital de Turquía —la capital cosmopolita y la ciudad más grande de Turquía—, donde se lleva a cabo la 36a. Cumbre de la OTAN y donde el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan ordenó redadas masivas y detuvo a más de 225 personas con el pretexto de una operación antiterrorista. La operación de “limpieza” de las autoridades turcas fue mucho más allá del dispositivo de seguridad por la llegada de tantos personajes al país. La capital se blindó desde el 28 de junio y las medidas de vigilancia durarían hasta el viernes 10 cuando la reunión de la OTAN finalice.
De hecho, dicen los analistas, en Turquía se juega el futuro de la Alianza Atlántica. Un momento crucial para la unidad de los aliados en medio de importantes acontecimientos en el Oriente Medio, la guerra de Rusia contra Ucrania y los llamamientos de Washington para que Europa asuma una mayor responsabilidad en su seguridad.
Por tal motivo la pregunta clave después de Ankara es la siguiente: ¿La OTAN seguirá siendo una alianza casi automática de protección de Washington, o evolucionará hacia una organización en que la seguridad dependa de la contribución de cada miembro? Los analistas prevén que esa reunión será una de las más tensas y decisivas desde el final de la Guerra Fría. Sobre todos después de la negativa de varios aliados europeos a respaldar las operaciones contra Irán, algo que ha irritado profundamente al magnate.
Si Europa no baja la cabeza —que presumo así sucederá—, el residente de la Casa Blanca (por segunda ocasión) se presentará con la cartuchera llena de amenazas, explícitas e implícitas para obtener el resultado que desea. El mundo está a la puerta de conocer un nuevo “(des)orden mundial”. Pronto se verá. VALE.
