En la charla sobre el tema “Raúl Anguiano, Figura Universal de las Artes Plásticas” le comenté a Jorge Deschamps Góngora, Coordinador de “Coyoacán en el Tiempo, Programa Comunitario de Rescate y Divulgación de la Historia de Coyoacán” que en su libro “Juan F. Noyola. Vida, Pensamiento y Obra“, Ramón Martínez Escamilla e Irma Manrique escriben que Juan Francisco Noyola Vázquez asucionó a la Economía Política como Ciencia de la Liberación. ¿Será acaso, por ello, que los economistas seamos los profesionistas que más se atreven a investigar otras ciencias sociales y nos gusta incursionar en el estudio y análisis de las expresiones artísticas? Lo cierto, y me sumo a lo que dijo José Luis Cuevas: “la crítica, particularmente de las artes plásticas, la han ejercido más bien los pintores y han sido ellos los encargados de llegar al público… vieja costumbre de los muralistas, pero siempre ha habido un poeta o un crítico que se ha encargado de descifrar la obra de los pintores”. José Luis Cuevas aseveró que hay comentarios más o menos superficiales, crónicas que impiden hacer algo verdaderamente a fondo. Al respecto, descubrí que Octavio Paz, no se ocupó, para nada, de Raúl Anguiano, al menos en su extensa recopilación “Los privilegios de la vista (Arte de México)”. Sus razones tendría. Habemos economistas, que sí reparamos en el arte de Raúl Anguiano. ¿Sabes por qué? Porque me honró con su amistad, en los últimos años de su larga y fructífera vida.

En la charla (1 de julio de 2006), les comenté a los asistentes (Auditorio del Centro Cultural Elena Garro): La Inteligencia Artificial nos informa que el término artista universal se utiliza para describir a creadores excepcionales cuya obra trasciende fronteras, culturas y épocas. Históricamente, se asocia con figuras que dominaron múltiples disciplinas. Raúl Anguiano fue artista universal y del renacimiento artístico mexicano, sobre todo, del muralismo que exaltó la identidad nacional, reivindicó el pasado indígena y plasmó las luchas sociales.

Recurriendo a la técnica para escribir un guion, les platiqué como conocí al Maestro.

Exterior, día, mañana (fecha indeterminada de 1999). calle Francisco Sosa, Coyoacán, Ciudad de México.

Él venía y yo iba, ¿Cómo decirlo mejor? ¿Él iba y yo venía? Lo cierto es que él había salido a caminar y a pasear a su pequeño Tajín, perro xoloitzcuintle, del nahuatl Xolotl (dios del ocaso y de la muerte) e itzcuintle (perro), perro del dios Xolotl. En la cultura totonaca es el nominativo del dios del rayo, guardián de las almas, guiándolas a través del Mictán, el inframundo), regalo de Diego Ribera y Frida Kahlo, con la sentencia de que “todo pintor mexicano tiene que tener un xoloitzcuintle”. Se dice que el Maestro sintió la presencia de algo sobrenatural y de inmediato percibió la divinidad que habita en ese animal. Me he enterado que el Maestro hacía, diariamente, un bosquejo de Tajín.

El encuentro fue casual. Su perro Tajín me hizo adivinar que era él, sin ninguna duda. Mi memoria viajó al pasado. “Desde que salí de la escuela primaria, dejando perdidos en el olvido mis libros de texto gratuito, siempre había tenido la impresión de que esa frondosa y bella mujer mexicana, alegoría humanizada de la patria, sosteniendo la bandera tricolor, con el escudo del águila devorando una serpiente, imagen inolvidable de la portada que aquellos libros de mi infancia, era una reproducción de una obra de Raúl Anguiano. Hubiera querido, por el resto de mi vida, mantener la errónea impresión en la idealización subjetiva de mi memoria; pero, en honor a la verdad objetiva, “era de Jorge González Camarena”, me comentó el Maestro, en ese encuentro. Él ilustro los libros de texto gratuito con imágenes de Miguel Hidalgo y Costilla, Benito Juárez y Francisco I, Madero, teniendo como fondo la bandera nacional, y con su icónica obra maestra “La espina“. Nuestra charla también versó sobre tauromaquía y las divas. Me preguntó donde trabajaba. En el Canal Once, le contesté, como asistente de producción de la Serie de Programas Toros y Toreros, con Julio Téllez García. Previa identificación, me invitó a su casa. Me mostró su vasta obra tauromáquica, principalmente sobre sus dibujos infantiles, retrato del célebre torero mexicano Rodolfo Gaona y sus 13 monotipos de la serie tauromaquía, presentado en el Museo Nacional de la Estampa, el 4 de diciembre de 1992. También hablamos sobre los dibujos que hizo, cuando niño, de Mary Pickford y las divas Gloria Swanson y Norma Sherer. Fue una amistad que duró los últimos siete años de su vida (1999-2006) y los más que tuve con su viuda Brigita Liepins, lamentable fallecida en diciembre del año pasado. Tanto que remembrar. El relato tiene que culminar en un guion para la televisión si me alcanza la vida.

A su muerte, dejó inconcluso el mural “Evolución del IPN a través de 70 años“, proyecto renacentista del muralismo mexicano, terminado por Alejandro Caballero Valdez, no concretizándose su idea de realizar collages, teniéndome como aprendiz de su debordante imaginación creadora, iniciada como miembro histórico del Taller de Gráfica Popular, fundado, en 1937, por Leopoldo Méndez, Pablo O´Higgins, Luis Arenal, José Chavez Morado, Alfredo Zalce, entre muchos otros artistas memorables.