El oficialismo obradorista, falsamente autodenominado de “la cuarta transformación”, con sello de supuesta “izquierda”, afirma que la parte mayoritaria de la sociedad que no está de acuerdo con la señora Sheinbaum es “de derecha”; son –sostienen- “los conservadores que buscan regresar al régimen de privilegios que tenían durante los gobiernos neoliberales”.
Con ese discurso pretenden eliminar lo inocultable: que en México tenemos un narcoestado, un narcogobierno con Claudia Sheinbaum al frente, y un narcopartido gobernante que, obedeciendo a López Obrador como jefe real de la mafia en el poder, ha degradado todas las instituciones fundamentales de la república.
La calificación internacional de México como narcoestado y de López Obrador como narcopolítico es algo asumido como verdad, cuestión que en los últimos días se subraya con la defensa fáctica que ha hecho la señora Sheinbaum de Ismael “El Mayo” Zambada al criticar que EU lo haya detenido. Esta ignominia gubernamental es una vergüenza nacional que nos lastima como mexicanos.
La negativa del narcoobradorismo de extraditar a Rocha Moya a los Estados Unidos para seguirlo protegiendo, ya nos costó que Estados Unidos no quisiera renegociar el T-MEC. Sus consecuencias negativas las veremos muy pronto en la economía nacional.
El T-MEC exige, entre otras reglas absolutamente necesarias en las relaciones entre países, certeza jurídica y seguridad para las empresas. Sin embargo, con la reforma judicial obradorista que terminó con la independencia y autonomía del poder judicial, también se eliminó la certeza jurídica para la inversión de empresarios nacionales y extranjeros. Por eso, por más anuncios que se siguen haciendo cada semana sobre macroinversiones, la economía está estancada, “en punto muerto”, como lo declaró recientemente el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).
Asimismo, tampoco hay confianza en las cifras oficiales sobre el abatimiento de los índices delictivos. Además de los escandalosos hechos de violencia que se siguen presentando en diversos estados de la república, cada día se va revelando que estamos ante una inmoral manipulación de las cifras oficiales que presumen hasta un 40% de disminución de muertes violentas.
La organización “Causa en Común”, dirigida por María Elena Morera, así como otros estudiosos de la Universidad Iberoamericana y prestigiados articulistas y analistas, han ido demostrando que Morena gobierna en 8 de los 10 estados más violentos del país y que en los 24 estados bajo su responsabilidad van ya mil 743 de los 9 mil 53 homicidios registrados en 2026. En el Sinaloa de Rocha Moya tenemos en ese mismo lapso 652, casi 3.5 asesinatos diariamente. “Claudia ya carga 42 mil 801 homicidios en 22 meses”, dice Gildo Lara cuando afirma que “pueden maquillar cifras, pero no pueden borrar muertos”.
Tampoco pueden borrar, mucho menos ocultar, el drama de las madres y familiares de los 133 mil desaparecidos, cuya valiente y loable protesta se hizo presente durante la Copa Mundial de fútbol en México.
Este evento deportivo internacional, por otro lado, y en contrapartida a esa parte oscura, ominosa y repugnante de la realidad aquí reseñada sucintamente, nos ha dejado grandes enseñanzas positivas para el país.
México, por encima de nuestras muy enormes y amplias diferencias, vibró entusiastamente, esperanzadamente, con los triunfos de la selección nacional, queriendo ver el milagro de ganar ante una poderosa Inglaterra. No sucedió. Pero todos volvimos a creer en algo mejor.
La gran enseñanza fue que cuando México se une, deja de lado la polarización y manda al fondo de un baúl los odios políticos fomentados por y desde el gobierno, recuperamos la confianza de un mañana mejor. Todos lo vimos y lo vivimos.
Porque México es así. Diverso. Amplio. Plural. Y somos uno solo. Y como uno solo y con respeto a nuestra diversidad social y plural en lo político, debemos conjuntar esfuerzos para que en el 2027 se sumen TODAS las vertientes democráticas (ojalá que algunos segmentos oficialistas se reivindiquen ante la nación y abandonen ese bloque antipatriótico) y generemos las condiciones para que en el 2030 recuperemos el México democrático y de concordia nacional que nos enseñó el Mundial.
