La agenda internacional de esta semana es rica en temas de América Latina. Aparte, por supuesto, de los temas y personajes de costumbre, que producen pereza, indignación o burla. Comenzando por Trump, su vulgaridad, su corrupción, su guerra inacabada -actualmente contra Irán- y ahora su comentario de que no le interesa el T-MEC. Y otro par de perversos, Netanyahu y Putin, haciendo compañía al estadounidense.

Respecto a Latinoamérica, comienzo refiriéndome a una “extrema izquierda” vomitiva: la de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que copresiden Nicaragua, expoliada y vejada por la pareja, y que, por declaración de Daniel, no volverá a celebrar elecciones “para que la derecha no se adueñe del gobierno.”

Daniel, comandante de los sandinistas que derrocaron al dictador Anastasio Somoza en 1979 fue electo presidente de la República. Al concluir su mandato en 1990, contendió, con la intención de ser reelegido y, al no conseguirlo, entregó la presidencia a la triunfadora, Violeta Chamorro. Se comportó como un demócrata.

Sin embargo, desde 2007, que vuelve al poder, está empecinado en mantenerlo y acabar con la oposición, empleando recursos deleznables, desde la confiscación de bienes de opositores hasta privarlos de la nacionalidad -fue el caso de la respetada expresidenta Violeta Chamorro QEPD y de Sergio Ramírez, destacado sandinista, vicepresidente del país, laureado novelista exiliado en España.

La diarquía que gobierna Nicaragua, que además está creando una dinastía familiar, como Corea de Norte, pues nombraría sucesor al, hijo de Ortega, Laureano, actualmente canciller, ha recibido ya la condena de Estados Unidos, la Unión Europea y diversos gobiernos de la región, como Uruguay y Bolivia. Y ya en el pasado, el papa Francisco -latinoamericano- tuvo expresiones muy duras para el gobierno y gobernantes de Nicaragua.

La posición de México es, sin embargo, motivo de críticas, porque, si bien pudo acogerse a la ambigüedad, que es válida en la diplomacia, para no condenar a un gobierno “de izquierda”, terminó escudándose en el “respeto a la libre determinación de gobiernos” para justificar la condenable declaración de Daniel Ortega.

Y más grave aún fue el apoyo “lacayuno” -según comentaristas mexicanos nada derechistas- del embajador de México a la declaración de Ortega. El embajador Guillermo Zamora Villa, nombrado por López Obrador y ratificado por el Senado en abril de 2022, ex corresponsal de guerra en Centroamérica, hizo estudios de derecho en la UNAM ¡y en la Escuela de Cuadros del Partido Comunista de la URSS, de 1974 a 1976!

Estos desfiguros izquierdistas en Latinoamérica, a cargo de la dupla Ortega Murillo en Nicaragua, tienen su contrapartida de extrema derecha a cargo del presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, quien, previo a su toma de posesión, anunció que romperá relaciones diplomáticas y cerrará 15 consulados y 14 embajadas. Extraño el cierre de tantas misiones, pero no solo extraño, sino criticable -por no decir, condenable- decidir la reapertura de la legación colombiana en Jerusalén, capital sacra de tres religiones, las religiones del Libro: judaísmo, cristianismo e islam y no únicamente capital del Estado de Israel. Y grave también suspender la instalación de una embajada en Palestina

Anunció, por otro lado, que Barranquilla y no Bogotá -¡que será gobernada por un gerente!- será la sede permanente de la presidencia y que la toma de posesión tendrá lugar en Cali. Todo ello en una demostración de prepotencia e ignorancia, pasando por encima del Congreso, el otro poder competente para tomar ese tipo de importantes decisiones.

El final de Gustavo Petro, el incompetente presidente, y con él de la izquierda, está significando el arribo de un ignorante, ambicioso, que es una amenaza incluso para Uribe, el pope de la derecha. Con de la Espriella Trump obtiene otro aliado incondicional.

El escenario latinoamericano sufre otras turbulencias: éstas a cargo de un impresentable más, de la derecha: me refiero al presidente argentino Javier Milei, vulgar y al mismo tiempo servil con Trump… y con Netanyahu: el 25 de julio el mandatario argentino participó en San Pablo, Brasil, en un acto del Partido Liberal donde respaldó la candidatura de Flavio Bolsonaro, hijo de Jair, el golpista preso y candidato -Flavio- a presidente de la República en la elección de octubre próximo.

En su discurso, Milei calificó a Lula de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”, además de criticar al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. El 26 de julio, de regreso o en la Argentina, Milei ratificó sus dichos y comparó la situación judicial de Jair Bolsonaro con visitas políticas previas al kirchnerismo. Como respuesta inmediata, el gobierno de Brasil anunció que llamaba a consultas a su embajador en Argentina. De suerte que la insolencia del argentino está provocando una grave crisis diplomática entre Brasilia y Buenos Aires.

Concluyo este artículo que hasta el momento se refiere a desfiguros latinoamericanos, comentando un “prestigio” de la región: Así veo a la competencia por la Secretaría General de la ONU, en la que están embarcadas mujeres latinoamericanas y otros contendientes. Para reemplazar a Antonio Guterres, excelente Secretario General, cuyo período reelecto ya concluye.

Compiten Macky Sall, expresidente de Senegal, el argentino Rafael Grossi, director general de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica), Rebeca Gynspan, costarricense, directora general de la UNCTAD (Organización UN sobre Comercio y Desarrollo), María Fernanda Espinosa, ecuatoriana ex ministra y presidenta de la Asamblea General ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, excanciller de Guyana y Michele Bachelet, expresidenta de Chile y edxdirectora de ONU Mujeres. Un grupo de latinoamericanas de lujo.