Prototipo de lo que fue un dinosaurio político del siglo pasado, el presidente priísta José López Portillo dijo el 7 de junio de 1982, en la conmemoración del Día de la Libertad de Expresión, “no pago para que me peguen”, en alusión al retiro de la publicidad oficial para la revista Proceso, que en sus páginas documentaba los excesos y la corrupción del régimen. Hoy, 44 años después, la presidenta Claudia Sheinbaum regresa al tiempo de las venganzas contra los medios que se atreven a publicar lo que quiere ocultar el oficialismo, y sin tapujos menciona en la mañanera que sí hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación, pero “hay algunos a los que no les damos; TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco, y abiertamente lo digo”, dijo la doctora. Se trata de medios, con cifras comprobables, de los de mayor impacto y circulación digital, pero su pecado es exhibir las pifias y corruptelas del régimen. Por el contrario, para los paleros del gobierno, los chayoteros que comen huevo en plato de unicel en las mañaneras, van los beneficios del presupuesto gubernamental, los recursos de los contribuyentes a disposición de los campeones de la lambisconería y la abyección. México vuelve al siglo pasado.
Hablando de premios y castigos a los medios, aparece el caso Sonora. López Obrador repitió hasta el cansancio que se había terminado el uso del dinero público para comprar conciencias, fabricar aplausos y castigar voces incómodas. La filtración de un supuesto documento interno del Sistema Estatal de Comunicación Social de Sonora, difundido y analizado por la periodista Dolia Estévez, retrata un mecanismo que, aunque la titular de comunicación social del gobierno sonorense niega su autenticidad, representa exactamente aquello que Morena juró erradicar. Es un manual para administrar la línea editorial de medios de comunicación con dinero de los contribuyentes. Los comentarios son tan burdos como reveladores. “Colaborativo y afín al proyecto”, “Ayuda a golpear”, “Compromiso con el medio”, “No ayuda mucho”, “Hablar con él”, “Quitar”, “Bajar”, “Colabora con nosotros”, “Golpea a los de enfrente”. Ni siquiera intentan disimular. No importa quién informa mejor, sino quién sirve mejor. La publicidad oficial deja de ser un instrumento para comunicar acciones de gobierno y se convierte en un sistema de premios y castigos a los medios. Si aplaudes, cobras. Si críticas, te reducen. Y lo más grave es que ahora parece operar con una naturalidad escalofriante. Según la información publicada, el gobierno de Alfonso Durazo habría destinado alrededor de 270 millones de pesos en 2025 para medios de comunicación. Tan solo el proyecto vinculado al político español Juan Carlos Monedero Iglesias, identificado con Canal Red, habría recibido 15.4 millones de pesos en 2025, uno de los contratos más jugosos. También a nivel federal, decenas de medios locales aparecen clasificados según su utilidad política, no según su audiencia, no según su impacto. Según su obediencia. El documento presentado por Estévez, incluso contiene anotaciones que parecen sacadas de un cuarto de guerra electoral y todo empieza a tener sentido. ¿Por qué tanto interés en regular las plataformas digitales? ¿Por qué el discurso permanente contra periodistas críticos?¿Por qué los ataques cotidianos a medios independientes? Porque quien controla la información, controla la narrativa y cree controlar la realidad. La ironía resulta extraordinaria. Los mismos que durante años se quejaron de la “prensa vendida”, “medios corruptos” y “chayoteros”, parecen haber construido su propio sistema de lealtades financiado con recursos públicos. Solo cambiaron los nombres de la nómina. Antes el enemigo era el chayote. Hoy, si estas revelaciones se confirman, el problema es que el chayote ya tiene credencial de Morena. La Cuarta Transformación prometió romper con el viejo régimen, pero el viejo régimen nunca se fue, simplemente cambió de color. El chayote no desapareció, le cambiaron el logotipo y esa es la mentira más grande de toda la transformación.
Platos extra:
“Abrazos, no balazos”, sigue dando frutos: Estados Unidos detuvo la importación de aguacate michoacano por amenazas contra su personal y la embajada suspendió actividades en la entidad debido a la violencia que rebasó al gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla. Por su lado, la DEA se lanza contra el CJNG con recompensas históricas por más de 100 mdd contra ocho líderes del cártel, advirtió que también irá contra quienes protejan o faciliten operaciones de ese grupo y procedió a la revocación de al menos 60 visas.
Un perla de la semana es la declaración de Citlali Hernández, de la Comisión de Elecciones de Morena, quien asegura que los recorridos y eventos de suspirantes a candidatos morenistas como Abelina López en Guerrero, Andrea Chávez en Chihuahua, o Andy López Beltrán en Tabasco, no son campañas adelantadas y por lo mismo ilegales, sino “activismo político”. Y la reina del nepotismo, Guadalupe Taddei, consejera presidenta del INE, haciendo como que la virgen le habla. Amor con amor se paga, dijo el tlatoani de Macuspana, ¿verdat?
En su gustada sección las mentiras del bienestar, presentamos: “son 2 mil 500 pesos que les manda la presidenta como apoyo”, dice en un mensaje el abyecto secretario de Educación Pública, Mario Delgado. Aunque él bien lo sabe, habrá que recordarle y recordar a los beneficiarios de los programas sociales que NO se trata de ninguna dádiva que les envía la presidenta. Es dinero producto del esfuerzo de millones de contribuyentes que pagan puntualmente sus impuestos, utilizado por la administración federal para comprar voluntades, hacer caravana con sombrero ajeno. En los regímenes populistas jamás alcanzará el dinero para regalarlo a las clientelas electorales y generar más mediocres y mantenidos, en lugar de invertirlo en mejores profesores e instituciones educativas de calidad al alcance de todos. Como dato, el saldo de la deuda pública de México al cierre de 2024 llegó a 17 billones, 425 mil 502 millones de pesos, equivalente al 51.4% del PIB nacional, cifra inédita en la historia del país. Y creciendo.
