Grecia, la clásica, nunca pasa de moda. Es inmortal, universal y Maestra. Siempre es motivo de comentarios y, al parecer, lo seguirá siendo.
No he visto la nueva película sobre el tema de la Odisea, pero como aficionado a la Grecia de la antigüedad, en esta colaboración aludo a algunos temas geográficos relacionados con la trama referida en esa obra atribuida a Homero.
La bibliografía relativa a la autoría de la Odisea, al igual que la que tiene que ver con la Ilíada, es abundante y docta. La relacionada con ese ejercicio bélico conocido como la guerra de Troya, a partir de los descubrimientos de Henry Schliemann, ha dejado de ser elucubraciones meramente literarias o de fantasía, para pasar al terreno de la historia y la arqueología. Del desciframiento de las tablillas de arcilla hititas se ha llegado a la conclusión, feliz, por cierto, de que el tal Alejandro o París, que raptó a Helena y la convirtió en su amante, sí existió y que era conocido como Alaksandus, que era rey de Wilusa, la Ilión o Ilios de la IIíada (Michel Wood, En busca de la guerra de Troya, Editorial Planeta, Barcelona, 2013).
En estas notas aludo a algunos temas relacionados con la Odisea; tienen que ver más con el aspecto geográfico, que con el mito en sí.
Isla de Ítaca
En el mar Jónico, entre Acarnania, que es tierra firme y la isla de Samos, hoy Cefalonia, se halla la isla de Ítaca. Es pequeña y de población escasa. En ella hay una bahía doble, que hace que las aguas del mar, por su tranquilidad, parezcan las de una gran alberca; ahí está la población de Vathy, que es la cabecera de la isla. Homero lo describe: “Hay en Ítaca un puerto, el Forcis, el viejo marino, que se abre entre dos promontorios rocosos y abruptos, mas de blanda pendiente del lado de aquél; por de fuera le resguardan del fuerte oleaje que mueven los vientos enemigos y dentro las naves de buena cubierta sin amarras están cuando vienen allá de arribada.” (Odisea, XIII, 96 a 101).
A las afueras, en las alturas, se muestra lo que se cree fueron las ruinas el palacio de Odiseo, lugar en el que, según la Odisea, fueron muertos los pretendientes que agotaban la hacienda y los bienes del rey ausente. Las ruinas fueron descubiertas por H. Schliemann.
En un sitio cercano a la costa se halla la gruta en la que, a decir de la Odisea, Ulises escondió los regalos que los feacios le habían hecho como dones de hospitalidad. Ella, a decir de Homero, es: “… una cueva sombrosa y amena, recinto de las ninfas del agua que llaman náyades, gruta espaciosa y cubierta en que tú tantas veces hiciste hecatombe perfecta a las diosas; …” (Odisea, XIII, 346 a 350). En ella hay estalactitas; éstas, para los griegos de la antigüedad, eran las ninfas petrificadas.
La gruta tiene dos entradas, una para los humanos: estrecha y accidentada: la otra, por la que salían y entraban las ninfas, está en la bóveda de la gruta. Por ella, aún en la actualidad, salen emanaciones de vapor. Seguramente ellas dieron origen a la creencia de que se trataba de las ninfas. Para evitar accidentes, se halla cubierta con una maya de acero. Fue cabe a esa gruta donde la Diosa Atenea y Odiseo tramaron la muerte de los pretendientes (Odisea, XIII, 375).
Esqueria (Isla de Córcira o Corfú)
En la Isla de Corfú, que en la antigüedad se conocía como el país de los feacios, aparece una gran roca en forma de barco. Su presencia pudo haber dado lugar a la creencia de que quienes se atrevieron a llevar a Ulises u Odiseo de regreso a su natal Ítaca, en contra de la voluntad de Posidón, fueron petrificados y convertidos, junto con su nave, en la gran roca que aún está a la vista. (Odisea, XIII, 162 y 164).
Esqueria es una isla paradisíaca. El odio, profundo y mortal, que Poseidón le tenía a Odiseo no era gratuito: se había negado, sin razón, a ser devorado por su hijo el gigante Polifemo y, además, lo había privado del único ojo que tenía. Dónde un mortal común y corriente, como lo era Ulises, se atrevió a oponerse a los caprichos del hijo de un Dios (Odisea IX).

Cefalonia la tumba de Ulises
Cefalonia es una isla que se halla al suroeste de Ítaca; aquella, en extensión geográfica y en recursos es superior a ésta. En la enumeración que se hace de los contingentes que partieron de Grecia para hacer la guerra a los troyanos, se desprende que:
“… Ulises conducía a los magnánimos cefalonios, que poseían Ítaca y Nérito, de sacudido follaje, y administraban Crocilea y la áspera Egilipe, y los que poseían Zacinto y administraban los contornos de Samo y a los que poseían el continente y regían la costa de enfrente. De estos era jefe Ulises, émulo de Zeus en ingenio.” (Ilíada, II, 631 a 636 y IV, 330). Lo anterior es confirmado con lo que se sostiene en la Odisea: que Ulises ejercía cierto imperio sobre ella, pues uno de sus eslavos pastoreaba sus vacas en ella (XX, 210). También pudo haberse tratado de una confederación de ciudades estado que lucharon en Troya bajo las órdenes de Ulises. Algunos de los pretendientes que fueron muertos por él y su hijo Telémaco, eran originarios de esa Cefalonia (Odisea, XXIX, 355).
Esa circunstancia ha llevado a considerar que una tumba en forma de colmena hallada en las proximidades de Tzannata, en la isla de Cefalonia, sea considerada como la tumba de Ulises. He estado y entrado en ella. Me recordó la tumba de Atreo, en Micenas, de menor tamaño y sin techo. (Ver Helen Cosmetatos, Roads of Cefalonia, Gorgialenios Museum, Argostoli, 1995, p. 42).
En la enumeración de las regiones sobre las que ejercía su imperio o autoridad Ulises, aparece lo que en tiempos clásicos se conocía como Acarnia o actualmente Épiro; eso explica que los pretendientes, ignorando que se trataba de Ulises, lo amenazan con mandarlo a tierra firme en un negro navío: “… como un don para Équeto, el rey que aniquila a los hombres: que te corte con bronce cruel la nariz, las orejas, que te arranque tus partes crudas y las eche a los perros.” (Odisea, XVIII, 84 a 87).
En otra parte he sostenido que Équeto pudiera no ser el nombre de una persona: “Equeto, también éketo, eqe-ta o hequetas, en una acepción de compañero o secuaz: un compañero del soberano. …” (Tragedia y poder, crónica de Edipo, Editorial Proceso, México, 2117, p. 251). Pudiera tratarse del título de una autoridad delegada, un virrey, que ejercía actos de autoridad en un territorio a nombre de un monarca, en el caso parece que el superior era Ulises.
