Lo que han hecho los gobiernos de la 4T con el servicio exterior mexicano (SEM) es una vileza. Estos destructores de México han acabado con 200 años de profesionalismo diplomático tras la designación de cónsules y embajadores al vapor, carentes de tacto, de discreción y en algunos casos hasta de presencia decorosa acorde con las funciones que desempeñan.
El SEM llegó a ser ejemplo de talento aplicado a la defensa de los intereses de México con portentos como Lucas Alamán y Manuel Eduardo de Gorostiza en el siglo XIX, e Ignacio Mariscal, Genaro Estrada, Luis Padilla Nervo, Alfonso García Robles, Jorge Castañeda (padre) y Bernardo Sepúlveda en el siglo XX. Las mujeres en el SEM han ganado espacios por su propio derecho desde que Rosario Green asumió la conducción de la Secretaría de Relaciones Exteriores en 1998; aunque hay antecedentes ilustres, como los que enumera Leticia Bonifaz en su libro Mujeres en la diplomacia. Pioneras en México y el mundo (2024).
El presidente López Obrador, escudado tras la postura medrosa de que la mejor política exterior es la política interior, desdeñó por completo el quehacer diplomático con la designación de personajes cuestionables como Pedro Salmerón, acusado de acoso sexual por alumnas de dos instituciones de educación superior, y la actriz Jesusa Rodríguez, de quien un avezado diplomático panameño expresó que representaba más bien una señal de desprecio hacia su país.
López Obrador utilizó al SEM como retribución a los ex gobernadores de oposición que se plegaron ante él, como Quirino Ordaz, Omar Fayad y Claudia Pavlovich, ex gobernadores de Sinaloa, Hidalgo y Sonora respectivamente. Le otorgó la embajada de México en Gran Bretaña a Josefa González-Blanco, donde se desempeñó como una auténtica sátrapa, según versiones de sus subordinados, y al ex gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, lo designó al frente del Consulado General en Miami.
Rutilio Escandón vive como Bon vivant. Pasa el tiempo probando las exquisiteces del paraíso en el que adscrito y realizando actividades que despiertan sospechas en el Departamento de Estado. Escandón hace todo menos trabajar como representante de México, y no lo dice quien esto escribe, lo ha dicho un funcionario del SEM que tuvo el infortunio de haber estado bajo su mando.
José Manuel Murillo Valencia, cónsul encargado de protección a los mexicanos en Miami, prefirió renunciar a su cargo en febrero pasado que seguir operando bajo las órdenes de Rutilio Escandón: “No ha procurado una sola reunión con autoridades o aliados”, advirtió Murillo Valencia, y prácticamente no tiene interés en conocer el funcionamiento interno del consulado a su cargo.
La carta de despedida del joven diplomático exhibe no sólo las condiciones que se viven en su lugar de trabajo, sino las deplorables condiciones de los consulados mexicanos en todo Estados Unidos. Dice al respecto: “No tengo más que admiración para todos los que están a cargo de este departamento, pues difícilmente existe un puesto entre consulados y embajadas que tenga tanta presión, supervisión y para quienes las exigencias solamente aumentan con el paso del tiempo, mientras que el reconocimiento va de poco a nulo, con sueldos congelados durante décadas”.
Agrega: “Que desmotivador es sentir vergüenza por el desempeño de muchos de mis superiores, que en un sinfín de reuniones no hicieron más que demostrar ignorancia, incompetencia, falta de interés y de preparación en temas que deberían de, al menos, conocer mínimamente. Desafortunadamente, mi caso no es el único, pues sé que son decenas de consulados cuyas cabezas carecen de la preparación, experiencia e interés en desempeñar el trabajo que se les han encomendado desde el más alto nivel”.
Efectivamente, hay misiones consulares en Estados Unidos que no se dedican a trabajar a favor de los intereses del país, sino de los intereses del partido Morena. Son por lo menos 20 los consulados mexicanos que permanecen bajo escrutinio del Departamento de Estado, pues al parecer hay diplomáticos que operan incluso para las redes criminales que han sido tipificadas como “narcoterroristas”.
Adivine usted quién encabeza la lista.
Nada menos que el cónsul Rutilio Escandón, quien durante su gestión como gobernador de Chiapas permitió que aumentara el número de sicarios chiapanecos al servicio de los cárteles de Jalisco y Sinaloa, y asimismo permitió que ingresaran las caravanas de inmigrantes centroamericanos que buscaban llegar a los Estados Unidos.
Rutilio estuvo casado con una hermana de Adán Augusto López Hernández, quien como gobernador de Tabasco prohijó la creación del cártel de La Barredora, a cuyo frente se colocó su secretario de seguridad estatal, Hernán Bermúdez Requena. Los cuñados fueron cercanos colaboradores bajo el mando Il Padrino macuspano; lo fueron, hasta que en 2024 falleció la esposa del chiapaneco, Rosalinda López Hernández, y comenzó entre ellos una disputa de carácter financiero.
Era necesaria esa digresión para entender por qué Adán Augusto está siendo investigado por las autoridades de justicia de los Estados Unidos, las cuales, según trasciende, ya le cancelaron la visa. De acuerdo con el periodista Raymundo Riva Palacio, ha sido Rutilio Escandón quien acogido por la figura de “testigo colaborativo” ha soltado toda la sopa acerca de los negocios sucios de su ex cuñado; mientras tanto, éste busca afanoso convertirse así mismo en informante.
En otras palabras, el cónsul general de México en Miami, de estirpe morenista, es también un colaborador secreto del gobierno norteamericano, ¿lo puede usted creer? ¿Acaso semejante condición no es la misma que la de la gobernadora de Baja California? ¿Acaso Rutilio Escandón, Marina del Pilar Ávila y Adán Augusto López Hernández no tipifican como vendepatrias?
Ah, pero el gobierno de Claudia Sheinbaum los encubre, y mejor ha procedido contra un ex gobernador de Baja California que ni la debía ni la temía: Ernesto Ruffo Appel. La acción judicial contra Ruffo es del orden político, de eso no cabe duda.
