La educación es, indiscutiblemente, un gran baluarte sobre el que se finca el desarrollo y se colocan los cimientos del pensamiento crítico, mismo que es de utilidad para un verdadero despertar que permita distinguir entre lo necesario y lo inútil, con ello se evita la manipulación, así como los lastres que dejan ajada a toda una sociedad.

A partir del 10 de agosto del presente año iniciaron las clases en diversas instituciones de educación superior, como será en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Máxima Casa de Estudios de Michoacán. Siempre será una oportunidad de suma importancia para abonar en el análisis de la realidad y forjar una conciencia crítica que será de utilidad para el presente y el futuro, porque ahí están las semillas del progreso.

La educación es fundamental para los seres humanos, es basamento para el crecimiento, hurgar en las ciencias y analizar diversas asignaturas facilitan el entendimiento para diseñar una fortaleza, se trata, en suma, de un renacimiento a través de esta panacea que es el proceso de enseñanza aprendizaje.

En la actualidad es de vital importancia los contenidos pedagógicos, en un país en donde la polarización no cede y en el cual una gran parte de la clase política vive de lanzar exabruptos que anulan la urbanidad y el auténtico debate de ideas, un día sí y otro también.

La educación conecta con la ciencia y la cultura, tales elementos pueden salvar del colapso a la humanidad porque los contenidos motivan a la reflexión, un pensamiento crítico que puede ser la base para una lectura puntual de la realidad, en ocasiones oscurecida por la violencia y las sinrazones que fragmentan a la sociedad y dejan el tufo a impunidad.

La educación es una prioridad, a través de ella se renace, se forja la libertad de pensamiento y se acude a la ciencia, se despierta y se aprende a leer las letras como también la realidad. Es conveniente continuar los procesos pedagógicos tan útiles como necesarios, un crimen imperdonable será dejar a la niñez sin educación porque ello privaría a la sociedad del despertar y la condena sería el oscurantismo tan vinculado a la ignorancia.

Vivimos en medio de tiempos tóxicos, la violencia unida a la impunidad y la constante diatriba entre actores políticos crean un caldo de cultivo para tomar mayor distancia del clima sosegado que genera la auténtica civilidad como elemento para fortalecer un ambiente que fuese pacífico e incidiera para crear condiciones para el bien colectivo.

Inicia el nuevo ciclo escolar, siempre será vigorizado por la esperanza de mayores alcances que sean provechosos para la construcción de ciudadanía, las ciencias y el humanismo son las luces que deben resplandecer para disipar las tinieblas del encono que produce el fanatismo de cualquier índole que se caracteriza por empobrecer el verdadero debate.

Deseamos que este ciclo escolar cumpla con las expectativas de una sociedad demandante de justicia, la educación es la fortaleza para alcanzar diversos objetivos que pueden influir para una vida mejor no carente de conocimiento, una en la que el progreso no sea una aspiración vetada.