La Universidad de Chicago, una de las instituciones más prestigiosas del mundo, acaba de tomar una decisión que suena casi a viaje en el tiempo: prohibir la inteligencia artificial y la tecnología dentro de sus aulas de ciencias sociales. Sí, leíste bien. En pleno 2026, mientras el resto del planeta corre a integrar IA en todo, esta universidad decidió apretar el freno.
A partir del próximo ciclo escolar, todas las clases troncales de ciencias sociales pasarán a un formato “analógico”. Nada de laptops, nada de celulares, y mucho menos escritura o calificación asistida por IA, ni para estudiantes ni para profesores. Todo se hará con papel, pluma y conversación cara a cara, como en los viejos tiempos.
¿Y por qué hacer esto justo ahora? La propia universidad lo explica en un memorándum interno: quieren devolverles a los estudiantes la libertad de pensar por sí mismos, de escucharse unos a otros sin la interferencia de voces “incorpóreas y no humanas”, y sobre todo, de equivocarse. Porque equivocarse, cambiar de opinión y debatir en persona es, según ellos, parte esencial del aprendizaje real.
Esta medida no está sola: meses antes, la Facultad de Derecho de la misma universidad ya había prohibido dispositivos electrónicos en sus clases de primer año. Y lo curioso es que todo esto ocurre justo cuando UChicago también anunció una alianza con Anthropic, la empresa detrás de Claude. O sea, no es que le tengan miedo a la IA: es que quieren que sus estudiantes aprendan a pensar antes de aprender a depender de ella.
¿Será esta la primera señal de una tendencia educativa que se extienda a otras universidades? ¿O es solo un experimento aislado en un mundo cada vez más digital? La conversación apenas empieza, y vale la pena seguirla de cerca.
