Muchos quieren ver una ruptura entre López Obrador y Sheinbaum. No se hagan ilusiones. Lo que puede haber son berrinches y pataleos. La Presidenta está “atada y más que atada” a su padre político. No tiene la capacidad para independizarse de su progenitor.

El hecho de que ella no haya lanzado —en el Segundo Informe— los elogios desmedidos y acostumbrados a su antecesor, que Adán Augusto López no haya asistido o que el impresentable de Andy  López Beltrán no fuera invitado, son hechos que forman parte del anecdotario, pero no de lo estructural.

Sheinbaum no puede romper con López Obrador por varios e importantes motivos. Ella es la principal beneficiaria del dinero oscuro e ilegal que se usó para llevarla a la silla presidencial.

Es cómplice del “dedazo” para convertirla en la “corcholata” favorita, de la sobrerrepresentación inconstitucional para entregarle el Congreso y de los compromisos adquiridos con el narcotráfico para que operara electoralmente a favor de Morena en el 2024.

El tipo de compromisos entre Sheinbaum y el tabasqueño rebasan el ámbito político. Pertenecen al mundo de la mafia. Ella no puede  romper con él porque eso equivaldría a una traición que tendría que pagar en vida o con la vida misma.

López Obrador se ha dedicado a traicionar toda su vida. Nunca le ha costado trabajo desconocer a quien le ha hecho favores. Lo que no está dispuesto aceptar es que le “muerdan la mano”, menos quien eligió no solo para sucederlo sino para que garantizara la continuidad de su “negocio político” y la permanencia vitalicia de Morena en el poder.

La verdadera ruptura entre Sheinbaum y AMLO se daría cuando la Presidenta se decida a revertir la Reforma Judicial y todas aquellas modificaciones a la Constitución que han favorecido la concentración de poder y debilitado la democracia.

Cuando se decida a extraditar a Rubén Rocha Moya, el “embajador” de Morena ante el narcotráfico; cuando lleve a juicio a Andy López Beltran el mayor traficante de combustibles en la historia de México; cuando ordene se investigue a todos y cada uno de los gobernadores de Morena que ganaron elecciones de la mano del crimen organizado.

¿Lo va a hacer? No, no lo hará porque ella forma parte de todo ese mismo entramado.

A menos que —siempre hay una excepción—, se decida a convertirse en la Delcy Rodríguez de Estados Unidos y esos marines de los que tanto reniega en aras de la defensa de la soberanía lleguen a apuntalarla.

 

@PagesBeatriz

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