El escenario político de cara a las elecciones de 2027 dibuja a una oposición que no logra salir del laberinto estratégico en el que está atrapada. Un par de encuestas recientes —de Buendía & Márquez y Consulta Mitofsky— indican que Morena experimenta una pérdida gradual en las preferencias electorales; sin embargo, aunque el PRI y el PAN muestran ligeros repuntes en dichos sondeos, el dato verdaderamente relevante es que el electorado descontento no traslada sus simpatías hacia esos partidos de oposición.
En cuanto a las alianzas, Movimiento Ciudadano (MC) cerró tajantemente la puerta a una coalición que incluya al PRI, aunque la mantuvo abierta para el PAN bajo ciertas condiciones. En Acción Nacional, el tema se mantiene en revisión tras anunciar el fin de la alianza que establecieron con el tricolor para los comicios de 2024. Las razones sobran: el desempeño en la elección estatal de Coahuila de 2023 demostró los serios problemas del blanquiazul para retener votos, perdiendo el registro local al no alcanzar el 3 % de la votación requerida.
El PRI se ha transformado en la manzana de la discordia. Aunque en determinados escenarios estatales aún aporta una estructura funcional para alcanzar el triunfo, es el partido que acumula el mayor rechazo entre los votantes, de acuerdo con varias encuestas publicadas recientemente. Su imagen institucional continúa estrechamente vinculada a episodios de corrupción, mientras que su dirigente nacional, Alejandro Moreno, enfrenta duras acusaciones internas —las cuales han detonado numerosas renuncias— y presiones externas que lo mantienen al borde de un juicio político en el Congreso de la Unión.
Por otra parte, la irrupción de nuevas fuerzas partidistas, como Somos, agrega una dosis adicional de pesimismo para el bloque opositor. El voto no oficialista se encuentra sumamente fragmentado para encarar al partido del Gobierno. Morena confía plenamente en que la base de beneficiarios de los programas sociales incline la balanza a su favor en el competido escenario de 2027.
Sin embargo, Morena no está exenta de vulnerabilidades y ha perdido terreno de cara al proceso electoral. Los continuos escándalos de algunos de sus militantes le han pasado factura, ubicándolo ya en el segundo lugar respecto a animadversión ciudadana. La percepción pública de su marca empieza a ser vinculada con grupos delictivos, al tiempo que sus gobernadores minimizan la grave crisis de inseguridad que golpea a diversas entidades donde encabezan los ejecutivos locales.
Polémicas que involucran a personajes como Rubén Rocha Moya, la revocación de visas en casos como el de Andrés Manuel López Beltrán, así como las investigaciones y filtraciones sobre negociaciones con autoridades estadounidenses de Marina del Pilar Ávila o Julieta Ramírez, constituyen pasajes complejos que se reflejan con fuerza en medios de comunicación y redes sociales. Esta coyuntura articula la hipótesis de un eventual voto de castigo hacia 2027.
A pesar de estos tropiezos, las tendencias dominantes sitúan a Morena a la cabeza de la intención de voto para renovar la Cámara de Diputados y las gubernaturas en juego. La ausencia de una oposición estructurada, la falta de liderazgos con peso real en la opinión pública y la carencia de una oferta persuasiva para los desencantados, los abstencionistas y los jóvenes que votarán por primera vez, explican por qué el oficialismo conserva su ventaja.
La división en las alianzas es el reflejo de la incapacidad opositora para recuperar terreno. En lugar de articular frentes comunes, los partidos de este bloque mantienen disputas internas y han sido incapaces de capitalizar los deslices del partido gobernante. Movimiento Ciudadano apuesta por competir de manera individual para acelerar su crecimiento en plazas como Campeche o Sonora, pero sin una estrategia enfocada en disputar el poder de fondo a Morena.
En Acción Nacional la crisis interna persiste. Renán Barrera renunció al Consejo Nacional y Adriana Dávila a la Comisión Permanente, criticando la falta de acuerdos y la ineficacia de la dirigencia para encarar el reto electoral. El mentado relanzamiento del PAN —que prometía el rompimiento definitivo con el PRI y la apertura de candidaturas a la ciudadanía— quedó en una mera nota pasajera. La apertura ciudadana no se concretó en los hechos: del total de inscritos para sus candidaturas, la proporción entre militantes y ciudadanos independientes es de 3 a 1.
Por su parte, el PRI intenta mantenerse a flote apoyado en su presencia territorial. La participación de perfiles priistas en procesos internos del PAN anticipa eventuales acuerdos de facto en entidades como Nuevo León o Sinaloa, aunque la marca tricolor sigue representando un costo político para sus aliados. Ante este panorama fragmentado, la oposición se encamina a 2027 atrapada en su propio laberinto.
- Mis redes: https://linktr.ee/areyesvigueras
