En algo hay que darle la razón a Donald Trump, su segundo periodo presidencial está a 52 días de finalizar, aunque la fecha oficial sea el 20 de enero de 2029. El magnate sabe que el próximo martes 3 de noviembre Estados Unidos de América (EUA) se desarrollarán las elecciones intermedias en las que, según la mayoría de las encuestas, perderá la mayoría que lo apoya en el Congreso. Si eso sucede, el octogenario sucesor de Joe Biden (que frisaba los 82 años de edad al salir de la Casa Blanca), se convertirá automáticamente en un lame duck (pato cojo), o sea un presidente que no tendrá el apoyo parlamentario suficiente para continuar al timón de la gran potencia militar que todavía es la Unión Americana. ¿Y esto qué? Preguntará más de un lector de Siempre.

Aunque ya corre la conseja de que el 47 presidente de EUA está “medio loco”, lo cierto es que Trump se “hace el loco”, sobre todo en los últimos días cuando le ha dado por rebautizar lugares históricos como el canadiense Lago Ontario por Lago América, el Golfo de México por Gulf of America, así como cambiar el nombre al estrecho de Ormuz por el de Estrecho Trump, por considerar que “el nombre sería sexy”, además de publicar en su red social una imagen del mapa del estado de New Mexico por el de New America. Al respecto, la gobernadora demócrata de dicha entidad Michelle Lujan Grisham, afirmó en la red X: “el nombre de New Mexico no está en debate, pues ha sido nuestro desde antes de que existiera Estados Unidos”. Nuevo México, junto con California, Nevada, Utah, Arizona y Colorado, fueron “apropiados” a México por EUA el 2 de febrero de 1848 al firmarse el ignominioso Tratado de Guadalupe Hidalgo, después de la ocupación militar de la Ciudad de México un año antes.

Ya entrado en gastos, el mandatario estadounidense dijo al pretender cambiar el nombre oficial de Nuevo México, qué si ya “contamos con un lago, refiriéndose al Lago Ontario, bien podemos contar con dos océanos: el Pacífico y el Atlántico”. Aparte de haber hecho mucho ruido con su propósito de hacerse de la isla más grande del mundo, la gélida Groenlandia, por “motivos de seguridad nacional”. Y volver a controlar el Canal de Panamá, amén de que Canadá se convirtiera en el estado número 51 de la Unión Americana, lo que dio pie para que el primer ministro canadiense y la mayoría de habitantes del país del maple, se burlara de las pretensiones anexionistas del magnate.

En esta carrera absurda de nombrar América a todo lo que le llama la atención, Trump presentó en su ultrajada red Truth Social, un mapa coloreado con los tonos de la bandera de EUA que incluye México, Canadá, Groenlandia, las islas del Caribe, incluida Cuba, Haití y República Dominicana, e Islandia. Todos aparecen cubiertos con las estrellas y las franjas de la bandera del Tío Sam. El mapa incluye 67 estrellas. 17 más de las que incluye el Lázaro estadounidense. Al centro de la imagen UNITED STATES OF AMERICA, y el Golfo de México, Gulf of America. Hay que decir que respeta el nombre de los océanos: Pacíficos Ocean y Atlantic Ocean. Ni falta hace que la Casa Blanca aclare si la imagen es una propuesta política o un mensaje simbólico. Todo mundo sabe de que se trata. Avivar el “nacionalismo” de todos sus seguidores y mantener sus votos el martes 3 de noviembre próximo. De ahí su urgencia por “americanizar el mundo”. No sorprendería ver en su red particular un globo terráqueo con un lazo que diga: “Private property”. Firmado, Donald Trump.

Todas las bravatas de Donald Trump, dentro y fuera del territorio estadounidense, tienen un propósito: mantenerse fuerte hasta el fin de su mandato. Para nadie es un secreto que EUA ha sido “derrotado”, junto con Israel, en la guerra de Irán. Sin embargo, todo indica que la guerra contra los ayatolás, terminará casi igual que la de Afganistán, en la que lo más difícil para EUA fue desistir de ella más que ganarla.  Nadie olvida que la guerra más larga que la Unión Americana haya sostenido en su historia, la de Afganistán, terminó en caos y derrota hace cinco años.

Actualmente, EUA no sabe cómo desembarazarse de Irán. Una vez más, las perspectivas de una victoria militar, como le gustaba al general Georges S. Patton, Douglas MacArthur, Dwight D. Eisenhower, Chester W. Nimitz y Omar Bradley, parecen sombrías. El propio Trump, que nunca estuvo en un frente de guerra, ha insinuado que le gustaría renunciar a la guerra, sólo para dar marcha atrás y argumentar a favor de mantenerse en ella.

“No tenemos que estar allí”, dijo en un discurso de la Oficina Oval la pasada primavera: “No necesitamos su petróleo. No necesitamos nada de lo que tienen. Pero estamos allí para ayudar a nuestros aliados (?). La verdad sea dicha, aunque tratándose de Trump esto sea algo poco probable, no es esta la primera ocasión en la que EUA ha enfrentado interrogantes en torno a la idea de retirarse prácticamente en todas las guerras que ha librado desde que surgió como potencia mundial tras la Segunda Guerra Mundial, en la que, por cierto, si Japón no hubiera cometido el traidor ataque contra las instalaciones militares estadounidense en Pearl Harbor, la historia hubiera sido diferente.

Al respecto, Peter (Pete) Brian Hegseth, secretario de Guerra (anteriormente de Defensa, cambio ordenado por Trump), prometió hace siete meses que la guerra en Irán no se parecería en nada a los largos conflictos con Afganistán e Irak. Hegseth fue destacamentado en los dos conflictos bélicos como joven oficial de la Guardia Nacional del Ejército. “Escúchenlo de mí, uno de los cientos de miles que pelearon en Irak y Afganistán, que vieron cómo políticos ni sensatos anteriores, como George Bush, Barack Obama y Joe Biden, despilfarraban a la RAE”, declaró en marzo último.

Aquellas guerras fueron atolladeros de los que no se podía salir, afirmó el secretario de Guerra. El conflicto de Irán, prometió, sería diferente, “librado con precisión láser, letal, rápida y decisiva”. “Esto no es Irak —insistió—, esto no es interminable”.

Hegseth, el antiguo presentador de televisión y escritor, se equivocó, Irán respondió a los severos bombardeos ordenados por Trump, cerrando el estrecho de Ormuz. Y en esas siguen.

Actualmente, la guerra iniciada el 28 de febrero pasado contra Irán, lleva ya siete meses, y la administración Trump apuesta a que un bloqueo de la Marina a las exportaciones iraníes vía el Estrecho de Ormuz, aunado a las sanciones económicas, logrará lo que los ataques aéreos no consiguieron. A pesar de modestos avances, los líderes militares estadounidenses ya no se refieren a una victoria rápida. En lugar de ello, describen una campaña destinada a presionar a Irán durante meses o más tiempo. Y, con la característica jaquetonería de la administración Trump, cuando se les interroga por cuánto tiempo podría mantener el bloqueo la Marina, responden: “Podemos mantenerlo el tiempo que sea necesario, indefinidamente”.

El reto para las fuerzas armadas del Tío Sam se asemeja al que afrontaron en Afganistán. Los insurgentes talibanes luchaban por su supervivencia, lo mismo hacen los ayatolas. Para EUA, lo que está en juego es mucho menor, al igual que el costo de retirarse.

Aunque en X y en las declaraciones a la prensa al pie de los aviones presidenciales Trump Force One, y el nuevo Air Force One provisional, el magnate aparece como un héroe de guerra, lo cierto es que el mandatario estadounidense ha encontrado quien le haga frente a nivel internacional, a su semejanza. Por ejemplo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Gertrud von der Leyen, la política y médica alemana del Partido Popular Europeo, anunció el lunes 7 de septiembre, desde Nuuk, la capital de Groenlandia, una inversión de 200 millones de euros para el resto del año y del siguiente, 2027, como gasto de respaldo frente a las aspiraciones anexionistas del mandatario de EUA.

Los recursos se destinarán a energía, materias primas y conectividad, incluyendo la descarbonización de asentamientos remotos y dos proyectos de grafito y molibdeno. A su vez, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen agradeció el apoyo “en tiempos difíciles”, y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, pidió reforzar la cooperación europea. La comisión europea propone elevar la ayuda a 539 millones de euros para 2028-2034. El hecho es que tanto México, Canadá y Dinamarca, país al que pertenece Groenlandia, han rechazado las pretensiones territoriales planteadas por el magnate.

“México no ofrece nada, más que tamales picantes”, recién dijo, como acostumbra, Donald Trump, desde su primera presidencia, cuando acusó a los mexicanos de delincuentes y de narcotraficantes. Ahora, con motivo del “mapa” en el que EUA “abarca” desde el Polo Norte hasta Centroamérica y el Caribe, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reivindicó la soberanía nacional, la independencia y resaltó la importancia de proteger la biodiversidad así como las medidas de protección del lobo gris mexicano, especie animal que se encuentra en peligro de extinción.

Con la “cabeza fría”, algo que en los últimos días aparentemente está perdiendo la mandataria mexicana, sin referirse directamente a su homólogo estadounidense, Claudia Sheinbaum Pardo escribió: “En el mes de la patria refirmamos que México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero. Orgullosamente somos un país libre, independiente y soberano”. El mensaje apareció pocas horas después de que, durante su “mañanera”, se dedicó a Ignacio Ramírez, el famoso historiador guanajuatense, cuyo nombre original erra Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, llamado El Nigromante, contemporáneo de Benito Juárez, autor del discurso “No hay Dios”, célebre pieza oratoria que pronunció al ingresar en la Academia de Letrán, que lo consagró como un símbolo del pensamiento laico, crítico y anticlericalismo en México, y a la defensa de la soberanía nacional durante el siglo XIX.

Asimismo, Sheinbaum Pardo se pronunció sobre el planteamiento del presidente Trump para retirar la protección al lobo gris mexicano que habita en México y en EUA. “Es una especie que es transfronteriza, no solo está en EUA, también está en México, se llama lobo mexicano. Y tiene protección aquí en nuestro país”. Es una especie que tenemos que conservar, afirmó la presidenta. Sin duda, la soberanía nacional cuenta. Así son las cosas. Y el tiempo apremia, las elecciones intermedias en EUA están a la puerta. Bienvenido lame duck. VALE.