Es muy preocupante la aprobación tal como está del Paquete Económico 2027, ya que afectaría directamente al pueblo, y particularmente a las clases medias donde se ubica el grupo que más aporta al país en términos de productividad. No se necesita ser un experto para saber que gravar con 3 por ciento las ventas, aunque tengan pérdidas, conducirá a un cierre masivo de negocios pequeños y medianos. Asimismo, que limitar las deducciones fiscales para ampliar la base gravable del ISR sería un elemento más para inhibir las inversiones privadas, aunque continuarán los incentivos a las inversiones enmarcadas en el Plan México.
Lo anterior, en pocas palabras significa que la política económica del obradorato es mucho más perniciosa que la de los gobiernos neoliberales, pues nunca se afectó el nivel de vida de las clases medias ni se impulsó el desempleo como política económica para apuntalar el control del régimen. Se cuidó que la tasa de crecimiento del PIB no se derrumbara como en el sexenio de 1988-1994, que puso las bases del neoliberalismo, sino que se impulsó como factor propiciatorio de inversiones privadas, a fin de impulsar el empleo y la base gravable, de ahí la recuperación económica a niveles superiores a la de la inflación en los dos sexenios siguientes.
De ahí el gravísimo riesgo de aprobar una estrategia económica orientada básicamente al apuntalamiento del poder financiero del régimen merced a una mayor dependencia de la cúpula oligárquica ligada a los grandes bloques globalizadores. Es cierto, “no se está endeudando al país como luego quieren decir… no hay nuevos impuestos ni gasolinazos”, como dijo la presidenta Sheinbaum al aplaudir el “paquetazo” que sella la alianza estrechísima con Black Rock y organizaciones de igual dimensión trasnacional que imaginaran los asesores económicos del nazi-fascismo en la década de los treinta del siglo pasado, previos a la Segunda Guerra Mundial.
Lo señaló muy claro el secretario de Hacienda, Edgar Amador, en la Cámara de Diputados al presentar el plan económico del próximo año: entre sus objetivos está “fortalecer las finanzas públicas y preservar la calificación crediticia de México”. Como buen tecnócrata se concretó a decir la verdad sin tapujos y dejar la demagogia a la mandataria. Aunque será difícil, incluso para ella que tan buena alumna resultó de su mentor, justificar la decisión de quitar a los municipios del país, así como a los gobiernos estatales y las universidades, los remanentes de sus presupuestos federales y entregarlos a la Tesorería de la Federación, donde serán usados discrecionalmente.
Es de tal magnitud el triunfalismo del régimen que no tiene empacho en actuar con tal desenfado, a sabiendas de que cuenta con una base social firme e inamovible, al menos mientras no se desfonde la enorme suma de dos billones de pesos anuales destinada a garantizar el apoyo de la misma. Sin embargo, nada garantiza que la situación cambie de modo imprevisible como consecuencia de factores externos de riesgo. No hay que perder de vista que la economía mundial está prendida de alfileres por la guerra desatada por Irán contra Estados Unidos, a fin de acelerar la caída del imperio del norte; pero que, de prolongarse, existe el riesgo inevitable de una escalada bélica mundial, que sería el preámbulo de la tercera gran conflagración global
Mientras tanto, la descomposición del sistema seguirá su curso ascendente en nuestro país, en una inercia que será imposible frenar a corto y mediano plazos, con las consecuencias de un desgaste imparable como el que sobrevendría. De por sí, en estos momentos, la inquilina de Palacio Nacional “ya no ve lo duro sino lo tupido”, con agujeros por aquí y por allá en el entramado nacional, con las ambiciones incesantes de la cúpula obradorista, cuya visión de las cosas es mucho muy reducido, y cuando hay algún indicio de que las aguas se desborden se recurre al sobado mecanismo de la “lucha por la soberanía nacional”, la cual sólo está en riesgo por la voracidad de los cárteles, tanto los del narcotráfico como los políticos.
Prueba de esto último lo vemos con la organización sindical Catem, cuyo líder, Pedro Haces, quisiera llenar el vacío que dejó Fidel Velázquez; aunque no posea ni uno solo de los atributos del eterno dirigente de la CTM, pero sí todos sus defectos. Alarmada la presidenta, por los flirteos de Haces con algunos dirigentes de la oposición, le advirtió que él le debe su fuerza política a Morena; lo demás que signifique esta advertencia se adivina fácilmente. Como es fácil advertir también que las consecuencias para la economía, de un modo o de otro, fuera del control férreo del sistema, serían fatales.
Otro imponderable está en los resultados de las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Podría decirse que de ellos dependerá en buena medida el futuro de México. El triunfo de los demócratas cambiaría la correlación de fuerzas a nivel mundial, de manera muy desfavorable para nuestro país, que se quedaría a expensas de los cárteles y de las corrientes que propugnan más apoyo al islam sin pensar en las consecuencias de tal desatino. Ni que decir tiene que tal paradoja es inconcebible pero real.
