El derecho de libertad religiosa en México está garantizado en nuestra Constitución esencialmente en el artículo 24 el cual reconoce que toda persona es libre de tener o adoptar las convicciones éticas, de conciencia o de religión de su agrado. La libertad de creencia y culto, permite participar de manera individual o colectiva, tanto en público como en privado, en ceremonias y actos de culto religioso, siempre que no representen un delito o falta sancionada por la ley. La práctica del culto religioso es una actividad de carácter esencialmente social. No solamente es el ejercicio  de un derecho  individual, sino que es el ejercicio de un derecho de la sociedad. Es decir, el culto requiere el espacio público y la participación social para lograr su realización.

La imposición de una religión oficial del México Independiente, fue superada desde la Constitución de 1857, y posteriormente la Constitución de 1917 reconoció este derecho con absoluta claridad. Por lo cual cualquier persona puede creer y profesar la doctrina  religiosa que haya adoptado, este derecho incluye también la libertad de no profesar ninguna religión, no practicar ritos y no pertenecer a asociaciones religiosas. En México por mandato constitucional todos los ciudadanos debemos respetar las creencias religiosas de cada persona, ya sea que crea y practique las enseñanzas de Moisés o judíos, de Jesucristo o cristianos, de Buda o budistas, Mahoma o musulmanes o  de Quetzalcóatl.

Al ser México una Nación plurietnica y pluricultural, su población está integrada por una gran cantidad de personas que descienden de los pueblos originarios, mestizos y  migrantes, y que desde la conquista española han llegado en distintas épocas  a radicar en nuestro país. Sus descendientes nacidos en territorio nacional son mexicanos por derecho de nacimiento, tal es el caso de las personas que integran la comunidad judía en México que en su gran mayoría han nacido y vivido en México por varias generaciones, y con independencia de la religión que practican son mexicanos por nacimiento o por naturalización.

El pasado viernes 11 de septiembre se llevó a cabo en la avenida Presidente Masaryk en la colonia Polanco de la Ciudad de México, una manifestación pro-Palestina  portando banderas palestinas,  derivó en consignas antisemitas y al pasar frente a la Sinagoga ubicada en esa avenida gritaron expresiones de odio y discriminación como “fuera judíos de México”, siendo que ellos son mexicanos que practican la religión judía.

Ese ataque es totalmente condenable porque no iba contra acciones de un gobierno extranjero, sino en contra ciudadanos mexicanos por la religión que practican. Fue un acto de intolerancia y discriminación.  La protesta  inició como una manifestación pro-Palestina con banderas y consignas sobre el conflicto en Medio Oriente y la hicieron coincidir con el inicio de las festividades del año nuevo judío o “Rosh Hashaná”.

Ese mismo día diversas autoridades se pronunciaron en contra de la manifestación por sus expresiones antisemitas de odio. Organismos como el Comité Central de la Comunidad Judía y Tribuna Israelita condenaron los actos de hostigamiento e intolerancia. El alcalde de la Delegación Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, rechazó las expresiones de odio y afirmó que no se tolerará la discriminación en la demarcación. También se pronunció la alcaldesa de la Delegación Cuauhtémoc Alessandra Rojo de la Vega; de igual manera se sumaron a la condena el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México  y la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Las autoridades oficialmente aún no han identificado a una persona, organización o colectivo específico que haya convocado o estado detrás de la marcha realizada el 11 de septiembre de 2026 en la avenida Presidente Masaryk de Polanco, solo se sabe que los manifestantes fueron trasladados en autobuses rentados exprofeso. Diversas personalidades, escritores y periodistas han exigido a las autoridades investigar y dar a conocer quién financió, organizó y trasladó a los participantes de la movilización, ya que los organizadores formales y los responsables directos de las consignas no han sido identificados públicamente. Debemos rechazar de manera enérgica cualquier expresión de odio o discriminación en contra de cualquier comunidad que radica en nuestro país de manera pacífica. No olvidemos la historia, los crímenes de odio empiezan por señalamientos y consignas de intolerancia y odio en contra de personas o grupos de personas.

Resulta reprobable que la Señora Presidente no se haya pronunciado públicamente reprobando las acciones de incitación al odio en contra de quienes practican la religión de sus ancestros, aunque ella se haya declarado no practicante de la religión  de la comunidad judía.