Morena todavía no llega a las elecciones de 2027 y ya comenzó su primera guerra: la de Morena contra Morena. Durante años, López Obrador logró mantener bajo el mismo techo a grupos, caciques, expriistas, experredistas, petistas, verdes, empresarios, radicales y hasta panistas, todos oportunistas unidos por una razón bastante sencilla: había poder suficiente para repartir. Pero el poder tiene un inconveniente. Cuando empiezan a faltar candidaturas, se acaba la fraternidad. Las primeras “corcholatas” rumbo a 2027 están dejando una colección de damnificados que no encaja con la fotografía de unidad que intenta vender la dirigencia. Michoacán es un buen primer ejemplo. Carlos Torres Piña fue elegido coordinador y dejó fuera a Raúl Morón, durante meses uno de los aspirantes más fuertes. El resultado fortaleció al grupo del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y golpeó directamente al PT, que respaldaba a Morón. La encuesta decidió, dicen, pero curiosamente las encuestas de Morena tienen una característica fascinante: casi siempre terminan confirmando lo que el dueño de la franquicia necesita. En Guerrero ocurrió lo mismo. Beatriz Mojica fue designada por AMLO coordinadora rumbo a la gubernatura y Félix Salgado Macedonio tardó poco en ponerle hielo a la celebración. “Puede ser candidata, pero quizás no”, dijo.
Hermosa definición de unidad. El padre de la actual gobernadora Evelyn Salgado no fue incluido en el proceso por la regla contra el nepotismo y ahora recuerda oportunamente que ser coordinador no significa necesariamente ser candidato. La impresentable alcaldesa de Acapulco, Abelina López, enfureció, dijo que sólo ella llevó 200 mil acarreados a aplaudirle a la presidenta Sheinbaum, que su propia encuesta la da como favorita y que apostar por Mojica es apostar por la crónica de una muerte anunciada. En Baja California el golpe fue para Marina del Pilar. En Palenque se eligió a Julieta Ramírez, dejando atrás a Ismael Burgueño, alcalde de Tijuana y perfil identificado con el grupo político de la gobernadora.
Otra familia política que descubre que la sucesión no siempre se hereda. Y después está Cuauhtémoc. Al ver que no fue considerado para Aguascalientes, Arturo Ávila cambió de objetivo y le puso empeño al golpeteo contra Alejandra Rojo de la Vega, pasó meses recorriendo, promocionándose y asegurando que recuperaría la alcaldía para Morena. Resultado electoral: cero votos. Ni siquiera llegó a candidato. Terminó haciéndose a un lado para impulsar a Citlalli Hernández, una figura nacional a la que de pronto descubrieron una extraordinaria vocación por gobernar Cuauhtémoc. En su corazoncito, Ávila aún guarda la esperanza de ser considerado a una diputación como pago a su trabajo, nada fácil, de dar la cara en medios tratando de negar los abusos, los yerros y la corrupción de sus jefes y sus colegas morenos. Primero hicieron campaña, después llegaron las encuestas quita-risas y finalmente llegaron las decisiones. Ahora toca la parte más divertida: fingir que todos están felices, la operación cicatriz que le llaman. Pero las grietas y las rabietas ya están ahí. Incluso el PT, aliado histórico del obradorismo, acusa a Morena de haberlo “pisoteado” en la distribución de candidaturas y analiza competir por separado en algunos estados. Ya pusieron su letrero de “se recibe cascajo” y sin pudor dicen que están dispuestos a respaldar rechazados como Morones en Michoacán, Rafael Marín Mollinedo en Quintana Roo, Ulises Mejía en Zacatecas y hasta Andrea Chávez en Chihuahua, para hacerlos sus candidatos, lo que implica también una ruptura con el eje Palenque-Palacio Nacional-Morena. La maquinaria que parecía invencible empieza a descubrir el problema de todos los partidos dominantes: cuando todos creen que van a ganar, todos quieren candidatura y solamente hay una. Morena podrá seguir hablando de encuestas, consenso y unidad, pero detrás de cada fotografía sonriente quedan suspirantes furiosos por su sacrificio, gobernadores que no pudieron imponer sucesor, aliados ignorados y grupos políticos que perdieron posiciones. El mandamás de Macuspana podía disciplinarlos porque él era el árbitro absoluto. Claudia Sheinbaum tendrá que demostrar si también puede hacerlo. 2027 no será únicamente una elección contra la oposición. En los albores de la madre de todas las elecciones, Morena y sus pandillas tendrán que sobrevivir a su propia ambición y esa terminará siendo la oposición más peligrosa que encuentre: la que lleva puesta la misma camiseta guinda.
Platos extra:
Fieles a su naturaleza político-oportunista, para las elecciones gubernamentales del próximo año los del Partido Verde lograron colocar al senador Eugenio “Gino” Segura, como virtual candidato de su alianza con Morena al gobierno de Quintana Roo y seguramente con el apoyo de su mentora política, la gobernadora Mara Lezama, logrará mantener la entidad de gobierna el oficialismo desde 2022. Los del tucán también supieron acomodarse en San Luis Potosí para que desde Palenque, AMLO y Andy palomearan la candidatura de la senadora verde Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, lo que le da un profundo respiro al mandatario local, por lo que pudiera ofrecerse. Los del verde seguirán cosechando los frutos de su relación con Morena y ello se verá en la tómbola de posiciones a repartir entre los más de 3 mil 400 cargos en disputa en la madre de todas las elecciones que está a la vuelta de la esquina. Ni hablar, que con 40 años de vida, el verde ha sabido vender caro su amor al poder en turno.
Nada bien han caído las palabras de Donald Trump en la máxima tribuna de la ONU, donde volvió a arremeter contra la 4t al reiterar que México es el epicentro de la violencia, que está controlado por cárteles enemigos y que (el gobierno) debe recuperar el control de su territorio. Como respuesta, en la misma sede el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, no habló de las incesantes adicciones de los estadounidenses ni de la venta y tráfico de armas a México. El jefe de la diplomacia mexicana decidió pronunciar un discurso en defensa de los derechos de la comunidad LGBT+, lo que le ha acarreado una ola de críticas. A ver qué dicen en Palacio.
