La oposición en México atraviesa un severo estancamiento. Carece de una propuesta electoral atractiva para la ciudadanía inconforme con el estilo de gobierno de Morena o que busca evitar la continuidad del partido oficial. A esta carencia se suma la falta de liderazgos con la capacidad de influir en la opinión pública y señalar con eficacia los constantes desaciertos del grupo en el poder.

El desconcierto es tal que la política de alianzas dejó de ser un punto prioritario en la agenda opositora. En el Partido Acción Nacional (PAN), tras descartar pactos electorales —en particular con el Partido Revolucionario Institucional (PRI)—, la dirigiencia optó por reconsiderar su posición. Por su parte, Movimiento Ciudadano (MC) sostiene su rechazo a las coaliciones nacionales, aunque contempla acuerdos puntuales con el PAN en ciertas entidades. En tanto, el PRI insiste en conformar un amplio frente opositor para disputar las gubernaturas y la mayoría en la Cámara de Diputados, a pesar de que su dirigencia genera deserciones internas y un abierto rechazo social.

A este escenario se suman los conflictos internos que aquejan a la oposición, similares a los que padece el partido en el gobierno. En el municipio mexiquense de Atizapán de Zaragoza, el alcalde promueve la candidatura de su esposa para sucederlo, una práctica de nepotismo que se replica en otras demarcaciones del Estado de México y de Veracruz.

Paralelamente, diversas figuras opositoras enfrentan severos cuestionamientos judiciales. El gobernador de Nuevo León, Samuel García, acumula denuncias penales en su contra; el dirigente nacional del PRI encara procesos que han motivado solicitudes de desafuero, y el líder del PAN figura en una carpeta de investigación que, aun cuando intenta minimizar, representa un riesgo latente ante el próximo proceso electoral. A ello se suma la detención de un militante panista vinculado al mismo expediente.

Asimismo, hechos de alto impacto ocurridos en entidades gobernadas por el PAN —como la presencia de dos agentes de la CIA en un operativo antidrogas en Chihuahua o el decomiso de combustible de procedencia ilícita en Guanajuato— recibieron amplia difusión en medios afines al oficialismo. Frente a ello, la oposición carece de una infraestructura de comunicación equivalente que le permita fijar postura o capitalizar las contradicciones de Morena, entre las que destacan la exhibición de lujos por parte de sus cuadros o la detención de alcaldes oficialistas vinculados con el crimen organizado.

Las prioridades de la dirigencia opositora se encuentran desalineadas de las demandas ciudadanas. El PAN concentra sus esfuerzos en la integración de comisiones para elaborar su plataforma, encomendada recientemente al exgobernador de Yucatán Mauricio Vila, señalado por presuntas irregularidades en la asignación de candidaturas en dicha entidad. Por su parte, Movimiento Ciudadano promueve una iniciativa legislativa para restituir el sistema de ascenso y descenso en el fútbol profesional. En tanto, el PRI limita su actuación a respuestas coyunturales, como la controversia generada tras la denuncia de la dirigencia de Morena por la presencia de un termo con propaganda priista en una sesión del Instituto Nacional Electoral (INE), hecho que el líder del tricolor celebró en redes sociales.

Tampoco se observa innovación en sus estrategias de proselitismo. Para emular el despliegue del partido oficial, el PRI creó la figura de los «Defensores de México» y el PAN la de los «Coordinadores de Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad», esquemas de precampaña adelantada que imitan las estructuras del oficialismo sin obtener los mismos resultados. De igual modo, el PAN anunció que recurrirá a encuestas para seleccionar candidaturas, en clara copia del método utilizado por el partido en el gobierno.

Mientras Morena exhibe un abanico de aspirantes con vistas a los comicios de 2027, la oposición evidencia serias dificultades para convocar incluso a su propia militancia. El PRI no ha definido a sus perfiles, salvo en los casos en que sus cuadros se inscribieron en los procesos internos del PAN para forjar alianzas locales, como ocurrió en Nuevo León y Sinaloa. Por su parte, la convocatoria del PAN para abrir la selección de candidaturas a la ciudadanía fracasó, dado que el 75 % de los inscritos correspondió a militantes del propio partido. Finalmente, Movimiento Ciudadano no ha hecho públicas sus candidaturas principales, salvo la virtual postulación de Luis Donaldo Colosio al gobierno de Sonora y la de la esposa del actual gobernador de Nuevo León.

En la opinión pública se consolida la percepción de que en México no opera una verdadera oposición, sino un conjunto de fuerzas políticas que simulan serlo. En la práctica parlamentaria, sus legisladores suelen optar por la abstención o la ausencia en votaciones clave sobre iniciativas promovidas por el oficialismo, evitando el debate directo. El freno a diversas reformas con alto costo político no ha sido mérito de la oposición partidista, sino de las controversias y la presión ejercidas por medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil.