El mejor plan de acción y la mejor legislación parten necesariamente de un diagnóstico confiable. Y un buen diagnóstico requiere datos duros, verificables y reales sobre la situación nacional. En ese sentido, un instrumento extraordinariamente valioso para la toma de decisiones es la Encuesta Intercensal 2025, elaborada por el INEGI y cuyos resultados fueron presentados esta semana. Se trata de una fotografía actualizada del país entre los censos de 2020 y 2030, levantada en más de 7.3 millones de viviendas. México tiene alrededor de 130.9 millones de habitantes, pero detrás de esa cifra existen transformaciones sociales y demográficas que deben analizarse con detenimiento.

Obviamente, faltaba más, gobierno y oposición interpretaron los resultados de acuerdo con sus respectivos intereses políticos. Desde el oficialismo se destacaron aquellos datos que pueden relacionarse con las políticas públicas desarrolladas durante los últimos ocho años, particularmente la ampliación de derechos sociales, mientras que la oposición puso énfasis en las carencias que todavía persisten. Así ocurre siempre con las estadísticas: cada quien busca el dato que fortalece su narrativa. Sin embargo, ése no debería ser el propósito de una encuesta de esta magnitud. Los números sirven para medir avances, pero también para reconocer problemas, corregir políticas públicas y establecer nuevas prioridades nacionales.

La Encuesta Intercensal no tiene desperdicio. Aquí sólo mencionaré algunos datos como para abrir boca, porque su revisión debería ser lectura obligada para servidores públicos, académicos, legisladores, estudiantes y, yo diría, para el público en general. Un primer dato que me parece fundamental es el envejecimiento de la población. En 2020 la edad mediana de los mexicanos era de 29 años; cinco años después llegó a 32. El llamado bono demográfico comienza a agotarse aceleradamente. Esto significa que dentro de algunos años una población económicamente activa proporcionalmente menor deberá sostener las pensiones y servicios de salud de un número creciente de adultos mayores. Vaya paquete que les espera.

Otro dato que debe ocuparnos es la educación. El grado promedio de escolaridad nacional se mantiene alrededor de los diez años, lo que significa que seguimos siendo, en términos generales, un país cuya población adulta apenas rebasa la secundaria. Al mismo tiempo, México experimenta una profunda transformación tecnológica. Somos un país cada vez más conectado y dependiente de dispositivos móviles e internet. Esa combinación resulta paradójica: tenemos mayores herramientas tecnológicas, pero seguimos arrastrando rezagos educativos que limitan nuestra capacidad para aprovecharlas plenamente. El reto ya no consiste solamente en garantizar conectividad, sino en convertirla en conocimiento, productividad, educación y mejores oportunidades.

Hay muchos otros datos que merecerían artículos completos. Por ahora quiero subrayar algo elemental: México necesita estadísticas confiables, instituciones profesionales y encuestas técnicamente sólidas. Esta información es oro molido para el análisis, la planeación, la elaboración de presupuestos, la actualización de las leyes y, sobre todo, la evaluación de las políticas públicas. Los datos no deben utilizarse únicamente cuando confirman nuestras opiniones y desecharse cuando las contradicen. Dejemos atrás esa vieja costumbre de algunos políticos de pensar que el mejor dato es el que se inventa. Eso puede servir para salir del paso en una declaración o ganar algunos aplausos, pero definitivamente no sirve para gobernar.

Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.

@onelortiz

https://youtu.be/O7X7AcnAE1g?si=15lEcoyTsiLVGF6e