Alejandro Werner, exsubsecretario de Hacienda, advierte que México cumple dos años de gobierno con estabilidad financiera, crecimiento mínimo e instituciones deliberadamente debilitadas. La pregunta es cuánto tiempo puede durar ese equilibrio.
En un análisis publicado el 28 de septiembre por el Instituto Peterson de Economía Internacional, Werner describe un panorama de continuidad. La presidenta Claudia Sheinbaum está por completar dos años de mandato, acaba de enviar su tercer presupuesto al Congreso y enfrenta elecciones intermedias en un año. Su diagnóstico es incómodo: la economía conserva la estabilidad macroeconómica, crece muy poco, mejora la participación de los salarios en el ingreso y pierde solidez institucional. Su escenario base hasta 2030 es “más de lo mismo”: bajo crecimiento, redistribución, estabilidad financiera y ninguna reforma estructural.
La consolidación que no llegó
La meta original era un déficit de 2.9% del PIB en 2027. Según Werner, la consolidación se estancó en torno a 4%, nivel que implica un balance primario cercano a cero. El presupuesto de 2027 mantiene esa cifra y propone llegar a 3% hasta 2032. Con base en la brecha entre lo prometido y lo ejecutado, él considera más verosímil un déficit de entre 4% y 5% durante todo el sexenio.
Para estabilizar la deuda haría falta mejorar el balance primario al menos dos puntos del PIB, algo que, sostiene, solo ocurriría con una reforma tributaria. Mientras tanto, una parte creciente de la infraestructura se financia mediante vehículos cuasifiscales, cuyas obligaciones son difíciles de rastrear. Las agencias calificadoras ya recortaron la nota soberana entre uno y dos escalones en seis años, y Pemex sigue empujando esa calificación hacia grado especulativo.
Lo que sí funciona
El análisis no es un alegato de catástrofe, y ahí radica su interés. La inflación de agosto fue de 3.26%, el Banco de México opera sin interferencias y su autonomía sigue intacta. Los bancos están bien capitalizados, las reservas aumentan y el déficit se financia con ahorro interno, en particular el de un sistema de pensiones en expansión. Incluso si México perdiera el grado de inversión, Werner cree que conservaría acceso a los mercados.
En comercio, reconoce una negociación con Estados Unidos “hábilmente” conducida, que preservó una ventaja arancelaria frente a terceros países. Las exportaciones a ese mercado crecieron 42% en dos años. Pero ese éxito tiene un talón de Aquiles: se explica por completo por los equipos electrónicos ligados al auge de la inteligencia artificial, y el superávit bilateral es justo lo que Washington quiere reducir.
El crecimiento y el costo institucional
México tiene el crecimiento más débil de América Latina en lo que va del siglo, con excepción de Venezuela. Werner señala tres causas próximas de la desaceleración reciente: la erosión institucional y del Estado de derecho, la incertidumbre sobre el acceso preferencial al mercado estadounidense y el aumento de los costos laborales unitarios. Reconoce que falta un trabajo empírico que mida el peso de cada una.
Aquí aparece la fricción central. El autor afirma que el proyecto de la coalición gobernante, la consolidación de algo cercano al dominio de un solo partido, tiene prioridad sobre la política económica. Menciona la toma del sistema judicial y los cambios en las reglas electorales y de medios. Sin una oposición respetada y popular, el electorado puede seguir ignorando el deterioro institucional.
Las contradicciones
Las tensiones son evidentes:
- Aprobación frente a rendimiento. Con cerca de 69% de aprobación, el gobierno tiene argumentos políticos sólidos para no cambiar de rumbo. Sin embargo, esa popularidad se sostiene sobre un modelo cuyo costo se pospone hacia el siguiente sexenio.
- Redistribución frente a competitividad. Los aumentos al salario mínimo y las transferencias mejoran el ingreso, pero presionan las finanzas públicas y los costos laborales, uno de los frenos al crecimiento.
- Apertura frente a cierre. México se apoya en el acceso al mercado estadounidense mientras impulsa un mecanismo de revisión de inversión extranjera para limitar el capital chino, una concesión que Washington puede usar para exigir más.
- Estabilidad frente a fragilidad. El país luce sólido sin señales de alarma, pero depende de factores externos que no controla.
Un equilibrio con fecha de caducidad
Werner concluye que este equilibrio es probablemente sostenible durante el sexenio, pero solo retrasa los desafíos. Podría romperse por un choque de política comercial estadounidense, una caída súbita de la producción petrolera o divisiones internas en Morena, sea por la presión de Washington contra miembros del partido con vínculos con el crimen organizado, sea por la sucesión de 2030. Si el acceso al mercado se restringiera, el país podría optar por una reforma fiscal ambiciosa o por la heterodoxia, con represión financiera, controles de capital y mayor inflación.
Queda una pregunta de fondo para el debate público. Si la estrategia funciona electoralmente, ¿quién tendrá incentivos para corregirla antes de que llegue la factura?
