La OCDE acaba de publicar su informe intermedio de septiembre, titulado Resistir choques sucesivos, y sus cifras sobre México invitan más a la cautela que al festejo. El organismo proyecta que la economía mexicana crecerá 1.5% en 2026 y 1.8% en 2027. Son 0.7 puntos porcentuales más que en su estimación de junio para este año, la mayor corrección al alza entre las economías del G20 después de las de Corea e India. Frente al 0.7% de 2025, el dato es una mejoría real. Pero conviene mirar de dónde viene.

Un impulso que no nació en casa

El propio documento atribuye la recuperación mexicana a dos factores: la fortaleza de la producción vinculada con tecnología y el efecto rezagado de las menores tasas de interés. El primero depende de la inversión en inteligencia artificial, que sostiene centros de datos, semiconductores y comercio de bienes en buena parte del mundo. El segundo es una decisión monetaria ya tomada, no una reforma en marcha.

La OCDE, además, advierte que la euforia tecnológica tiene su propio riesgo. Las utilidades esperadas de las empresas de inteligencia artificial tendrían que crecer con rapidez para justificar las valoraciones actuales, y las emisiones de deuda de esas firmas ya presionan los rendimientos de los bonos. Si la expectativa se frustra, México perdería parte del motor que hoy lo empuja. Crecer 1.5% en un entorno de auge tecnológico es un resultado modesto: la economía mundial avanzaría 2.9% y la estadounidense, 2.2%.

Precios: la meta sigue lejos

La inflación es el segundo frente. La OCDE prevé que el índice general mexicano llegue a 4.1% en 2026, dos décimas más que en su pronóstico anterior, y que baje a 3.4% en 2027. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, se mantendría en 4.1% este año antes de moderarse a 3.2%. Ambas cifras quedan por encima del objetivo del 3% del banco central.

México no es una excepción: más de la mitad de las economías del G20 están por encima de su meta. Pero la persistencia del componente subyacente revela presiones que no se explican solo por el petróleo. A ello se suma un riesgo que el informe subraya: un fenómeno de El Niño de gran intensidad, con probabilidad estimada de 95% para el último trimestre del año, podría encarecer los alimentos hasta por dos años, lo cual golpea con más fuerza a los hogares de menores ingresos.

Aranceles e incertidumbre comercial

El informe documenta que los nuevos aranceles estadounidenses de la sección 301, vigentes desde finales de julio, aplican 12.5 puntos porcentuales a una amplia gama de productos de 38 países, entre ellos México y Canadá. Es una tasa superior a los 10 puntos que enfrentan otros 17 países, como el Reino Unido. El efecto agregado sobre el arancel efectivo estadounidense es moderado, un punto porcentual en tres meses, pero la OCDE identifica otro problema: la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC es un lastre para el comercio regional. Para un país cuya economía depende de ese tratado, la duda pesa tanto como el gravamen.

Una contradicción que merece respuesta

Hay un punto de fricción en el texto. El párrafo sobre inflación señala que las medidas gubernamentales de apoyo a los precios en India, Indonesia y México contribuyen a mitigar la presión energética. Sin embargo, el registro de medidas de apoyo energético que la OCDE elabora incluye a México entre los países que no han implementado ninguna medida frente al conflicto en Medio Oriente. Es posible que el organismo distinga entre subsidios preexistentes y respuestas específicas a la crisis, pero el informe no lo aclara. Esa ambigüedad importa, porque la OCDE exige que los apoyos estén focalizados, preserven los incentivos para ahorrar energía y tengan fecha de vencimiento. Un subsidio general y permanente al combustible sería justo lo contrario.

La advertencia de fondo

El organismo recuerda que los rendimientos de los bonos soberanos están en niveles no vistos en 15 años o más, y pide ampliar el margen fiscal mediante contención y reasignación del gasto, mayor eficiencia pública y más ingresos. No lo dirige a México en particular, pero el mensaje aplica a una economía con poco crecimiento, presiones de gasto y necesidad de financiamiento.

La lectura crítica es incómoda para todos. Quienes celebran la revisión al alza deberían notar que el impulso es prestado. Quienes desconfían del rumbo económico deberían reconocer que las cifras mejoran. Lo que la OCDE plantea, en el fondo, es si México aprovechará esta ventana externa para construir capacidad propia, o si dependerá de que el ciclo ajeno no se acabe.