La aviación militar moderna está a punto de dar un salto histórico y transformar por completo las reglas del juego en el aire.
El caza de sexta generación J-36 de China se perfila para incorporar un sistema de energía dirigida que dejará atrás la época en que los láseres servían únicamente para cegar o desorientar sensores enemigos. Estamos hablando de un equipo con una potencia colosal superior a los 100 kilovatios que mantiene un diseño compacto y ligero, pesando menos de 380 kilogramos.
Lo asombroso de este avance es su capacidad para infligir daño físico directo a proyectiles hiperveloces y aeronaves. Aunque en una primera fase este escudo futurista tiene un enfoque totalmente defensivo —pensado para pulverizar misiles aire-aire, interceptar proyectiles tierra-aire e inutilizar enjambres de drones en cuestión de milisegundos—, sienta las bases de una nueva era en la guerra aérea.
A diferencia de los cazas tradicionales, que dependen de un número limitado de misiles bajo sus alas, un avión equipado con un cañón láser alimentado por la propia turbina del jet tiene, en teoría, munición inagotable mientras mantenga energía y disipación de calor. Este fenómeno marca el primer paso tangible hacia una generación de aeronaves de combate capaces de neutralizar cualquier amenaza enemiga a la velocidad de la luz, sin gastar un solo misil. La realidad acaba de alcanzar a la ficción.

