Cuando el cónclave del Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica Apostólica Romana eligió el 8 de mayo de 2025 al sucesor del Papa Francisco —el primer sacerdote hispanoamericano en la historia del catolicismo en llegar a la silla de Pedro en la Ciudad del Vaticano, de apenas 44 hectáreas de extensión—, el cardenal Robert Francis Prevost Martínez se convirtió en el primer cura estadounidense y el primer anglófobo desde Adriano IV (1154-1159), en dirigir a la grey católica del mundo. El nuevo pontífice eligió llamarse León XIV, porque, según sus propias palabras, éste, con su revolucionaria encíclica, la trigésima octava que había escrito, Rerum Novarum (De las cosas nuevas), abordó la cuestión social en el contexto de la primera revolución industrial. Hoy, la Iglesia debe responder a otra revolución industrial: la de la controvertida inteligencia artificial (IA).

En aquella ocasión los católicos del mundo (calculados en poco más de 1,400 millones de fieles según el Annuarium Statisticum Ecclesiae 2023), se preguntaron ¿cómo sería este Papa? Pronto, muy pronto, lo ha aclarado en sus primeros cinco viajes fuera de la minúscula sede en la vieja capital italiana. Respetuoso de lo protocolario, marcando sus diferencias con los mandatarios de los países que lo reciben, el Papa tiene una relación con la feligresía diferente a sus antecesores, aunque no repele la tradición de los hábitos sacerdotales, como lo hizo el argentino Francisco, gusta el contacto directo con los fieles: de niños a ancianos, de personas en plenitud a enfermos graves, mantiene la tradicional defensa de la vida del ser humano desde la concepción hasta la muerte por enfermedad o edad. No al aborto, no a la eutanasia. En contra de los abusos sexuales de los ministros de la iglesia a niños, jóvenes, adultos, mujeres o varones. En más de una ocasión ha pedido perdón a las víctimas, que sufrieron el abuso siendo niños, ahora adultos que siguen denunciado. En reciente gira por España lo hizo.

León XIV, advirtió el viernes 25 de septiembre, al iniciar su gira de cuatro días (París, Lourdes, Metz) por Francia, la “hija mayor de la Iglesia” (título que recibió por el bautismo católico niceno en el año 496 del germánico rey Clodoveo I), sobre el riesgo de perder la humanidad en un “paraíso de máquinas” impulsado por la IA. En esta visita pastoral el obispo de Chiclayo, Perú (donde ha vivido durante dos décadas su magisterio sacerdotal), el pontífice ha roto los índices de audiencia como no esperaban muchos analistas del catolicismo en la Francia laica, quizás el país más laico de todo Europa. Desde la visita de Benedicto XVI en 2008, ningún pontífice había visitado la patria de Charles de Gaulle.

Durante su visita a Francia, al ser recibido por el presidente Emmanuel Macron —que fuera de protocolo únicamente lo acompañó en la misa de despedida en la catedral de San Etienne en la histórica ciudad de Metz, junto a su esposa Brigitte—, en el Palacio del Elíseo León XIV planteó preguntas fundamentales sobre el significado del ser humano en la era de la IA, la carrera armamentista nuclear y otras amenazas a la vida misma, así como sobre el progreso científico, la vida y los derechos humanos.

Tal y como acostumbra, el hijo de Mildred Agnes Martínez, descendiente de católicos españoles y caribeños, y de Louis Marius Prevost, ferviente católico con ascendientes italianos, sicilianos, franceses (todo un melting pot, como corresponde a un nativo de Estados Unidos de América), en el vuelo de Roma a París, en su conferencia de prensa con los reporteros que le acompañan, defendió la importancia de la libertad de prensa en respuesta a la prohibición dictada por el presidente Donald Trump a varios medios informativos nacionales que cubren habitualmente las actividades de la Casa Blanca. Aunque el tópico trasciende, la relación entre el magnate y el pontífice, no es la que podría esperarse entre dos paisanos tan importantes. Trump persigue la migración, el Papa la protege. Dos concepciones de la vida diferentes.

Respecto a las guerras en Europa y Medio Oriente, incluyendo el conflicto bélico de EUA-Israel contra Irán, el Papa reafirmó la oposición del Vaticano a las armas atómicas y señaló que la doctrina de la disuasión nuclear es “equivocada”, pues solo alimenta una nueva carrera armamentista.

Es sabido que el viaje de León XIV a Francia tuvo sus tropiezos por varias disposiciones oficiales galas, por eso no hubo desayuno ni comida en el Palacio del Elíseo, tampoco la entrega de condecoraciones del más alto nivel. Sobre todo, no hubo ceremonia conjunta en la reconstruida catedral de Notre Dame. Por lo mismo, el Papa Francisco no asistió a la reinauguración del legendario templo tan famoso en la literatura, en filmes y la televisión, aparte del turismo que lo visita por millones tanto o más que a la no menos famosa Torre Eiffel.

El anterior obispo de Chiclayo —que visitará Perú entre el 11 y el 16 de noviembre próximo, donde se le levanta un monumento de 14 metros de altura en reconocimiento a la labor pastoral que desempeñó durante dos décadas, desde 1985–, condenó en París “las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, la compra de órganos humanos y la oferta de una muerte programada”; calificó estas acciones de “derivas” de la ciencia y la tecnología que no están guiadas por la conciencia, en una crítica al gobierno encabezado por Macron.

Francia fue el primer país en inscribir la “libertad garantizada” a abortar en su Constitución en 2023 y apenas en julio último aprobó el derecho a la eutanasia y al suicidio asistido en determinados casos. “La tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano”, expuso ante el presidente francés.

Parte importante de la gira papal fue su presencia en la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) —curiosamente el magnate estadounidense ha retirado en dos ocasiones el organismo especializado de la ONU aunque el retiro se hará formalmente hasta diciembre de 2026–, donde León XIV afirmó que el organismo y otros grupos multilaterales “atraviesan una crisis de eficacia”, y advirtió que el diálogo internacional corre el riesgo de convertirse en una “farsa”: “El diálogo se percibe como un obstáculo para la acción en lugar de un recurso para la paz, una farsa en vez de una oportunidad para buscar juntos el bien común”, dijo. Explicó que, en lugar de respetar la ley, “quienes están en el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les perjudica, tratando incluso a la justicia misma como si fuera una mercancía que se compra y se vende”.

En su advertencia en el Palacio del Elíseo, pone la ética de la IA en el centro de su discurso: “Si queremos evitar perder nuestra humanidad en medio de un ‘paraíso de máquinas’ que invaden y condicionan nuestra vida diaria, hay una necesidad urgente de educación en el discernimiento ético y la capacidad de reconocer el bien moral. A algunos sistemas artificiales se les ha atribuido incluso el nombre de nuestra facultad humana de pensar: inteligencia. Al mismo tiempo, sin embargo, nuestras ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse por un proceso de Deshumanización.

“Mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas informáticos, nos cuesta trabajo reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se evalúan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya non productivas, se rechazan y se descartan”, destacó.

Sin duda, para propios y extraños lo que más llama la atención en esta visita a Francia, es la presencia de jóvenes tanto en las misas como a lo largo de los recorridos en más calles parisienses, en la vigilia de oración en el Estadio de Francia en las goteras de la capital —donde se calcularon más de 80,000 adolescentes, a los que animó a “elegir a Jesús” ante la incertidumbres y la soledad de su generación: “Son sentimientos muy difundidos, debido a la precariedad de los planes para el futuro, la naturaleza provisional de los vínculos afectivos y la fragilidad de las relaciones”.

Lo que superó las expectativas fue la misa multitudinaria en la Place de la Concorde —sitio emblemático de París si hay alguno desde los tiempos más difíciles de la Revolución Francesa, donde se decapitó al rey Luis XVI y su esposa María Antonieta y muchos otros personajes de la época—, ante más de 800 mil personas congregadas a lo largo de la avenida de Champs Elysées. Desde el Arco del Triunfo, hasta la histórica plaza, la vista siempre es imponente. Ahí se advirtió algo muy pocas veces advertido en las visitas del Pontífice actual y los anteriores. A cielo abierto, sacerdotes jóvenes sentados confesaban, a cielo abierto, a decenas y decenas de católicos. Mujeres y varones, viejos y jóvenes. Un confesionario callejero. Eso los parisienses y los turistas no lo habían visto nunca. Y todo mundo ondeando las banderas del estado de la Ciudad del Vaticano que lleva inscrito el lema episcopal y papal del Papa: In illo uno unum (En aquel que es Uno (Cristo) somos uno), frase de un sermón de San Agustín de Hipona que explica que los cristianos y Cristo forman un solo cuerpo. León XIV enfatiza la comunión, la paz y la unidad de los cristianos dentro de la iglesia.

Ya en Lourdes, donde la virgen hizo su aparición a Bernadette Soubirous en el año 1858, tuvo lugar el encuentro más difícil de la gira papal. La Iglesia francesa se ve sacudida desde hace años por las revelaciones de violencia sexual en su seno. En 2021, un informe encargado por obispos y monjas estimó en 330 mil el número de víctimas menores desde 1950 hasta 2020. Menos de dos mil víctimas han recibido indemnización. Para abordar esta aberrante situación, el Papa se reunió a puerta cerrada con siete de ellas, pero no con los colectivos que las reagrupan, lo que generó malestar en muchas familias.

En una carta publicada por el diario Liberation, un grupo de víctimas denunció la reunión como “una farsa sin consulta”, ya que los interlocutores con Robert Francis Prevost fueron elegidos por la Iglesia y no por las agrupaciones de los afectados. “La Iglesia debe renunciar a su posición de ser a la vez juez y parte en el procedimiento”, expusieron. Por lo mismo, el Papa pidió a los obispos continuar el camino emprendido y reconocer los errores y “curar las heridas”, así como perseverar para atajar y reparar las agresiones sexuales a infantes y mantener la máxima vigilancia de no que no se repitan. Y a los afectados, dijo: “En los últimos años, ustedes han afrontado con firmeza la dolorosa lacra del abuso de menores cometido por miembros del clero o dentro de la Iglesia. Han tomado medidas valientes para abordarlo, mediante la escucha activa, la búsqueda de la verdad, la justicia, el perdón, la reparación y un firme compromiso con una cultura de prevención y protección”.

Cinco de las víctimas reunidas con el Papa hicieron pública su identidad: Jean-Marie Delbos, Véronique Garnier, Jérome Guillement, Olivier Mardi y Bertrand Virieux. Los otros dos optaron por permanecer en el anonimato, entre ellos una víctima del fallecido sacerdote Abbé Pierre, figura emblemática de la lucha contra la pobreza y fundador de la muy conocida asociación Emaús.

Jean-Marie Delbos, ahora de 80 años de edad, denunció abusos sufridos cuando era niño en el colegio católico Notre-Dame de Bétharram, en el suroeste de Francia, en los años 1950, un escándalo que generó cientos de testimonios sobre violencias física y sexual. Bertrand Virieux fue víctima del sacerdote Bernard Preynat cuando era menor y cofundó La Parole Libérée (La Palabra Liberada), colectivo que agrupó a víctimas del sacerdote que fue condenado en 2020 a cinco años de prisión por agresiones sexuales contra menores. Olivier Mardi, cofundador de Voix Libérées de Touraine (Voces Liberadas de Touraine), fue víctima del sacerdote Bernard Tartu cuando formaba parte de los Petits Chanteurs (Pequeños Cantores) de Touraine. El religioso fue declarado culpable en 2024 por un tribunal penal canónico de violaciones y agresiones sexuales contra al menos 21 menores. Véronique Garnier sufrió abusos durante su adolescencia y posteriormente se incorporó al colectivo Fe y Resilencia que trabaja en prevención y protección de menores dentro de la Iglesia. Jérome Guillement, víctima de un sacerdote de Vendée, ha relatado su experiencia en libros y ante la comisión independiente que investigó los abusos sexuales en la iglesia francesa. Sin embargo, la selección de interlocutores con el Papa dio pie a críticas de los otros colectivos de víctimas que no fueron invitados.

Como punto final de su vista a Francia, en el centro de convenciones Robert Schuman —uno de los fundadores de la Unión Europea—, en la histórica ciudad de Metz, llamó a Europa a “integrar como en la propia familia” a migrantes y refugiados. Reafirmó su postura a favor de “vías legales y seguirán” para la migración y la cooperación internacional para combatir la trata de personas y criticó las políticas anti migratorias de Donald Trump en EUA, ala instar al Viejo Continente a mantener el estado de derecho y acoger el multiculturalismo.

El periodista español Fernando de Haro Izquierdo, de la Agencia COPE, cubrió la gira papel como reportero de campo. Al finalizar el viaje declaró a unos compañeros: “He hablado con estudiantes, ateos, agnósticos, que me decían: “El Papa me interesa, porque tiene autoridad, porque ya es un referente”. Sin duda, es una “voz que clama en el desierto”, se dice en el Evangelio: Juan 1:23. VALE.