Andrea Chávez quería ser gobernadora de Chihuahua a toda costa y no lo ocultó. Durante meses anduvo de campaña a todas luces ilegal bajo la mirada complaciente del morenista INE.

Recorrió el estado, construyó estructura, apareció en espectaculares, encabezó eventos, pidió licencia al Senado y se comportó como lo que era: una aspirante que estaba convencida de que la candidatura terminaría siendo suya. Andrea era presentada como uno de los nuevos rostros de Morena, joven, cercana a la dirigencia y con una relación política ampliamente conocida con Adán Augusto López, el “hermano” del presidente AMLO. Pero llegó la famosa encuesta y perdió.

Cruz Pérez Cuéllar terminó quedándose con la coordinación estatal que, en el extraño idioma de Morena, significa prácticamente futuro candidato sin llamarlo todavía candidato. Andrea quedó fuera.

Cuando llegó el momento de reconocer al ganador, Chávez prefirió hablar de Claudia Sheinbaum, de Chihuahua, del movimiento, del pueblo y de prácticamente cualquier cosa menos de felicitar con entusiasmo al hombre que acababa de derrotarla.

Durante la campaña morenista por Chihuahua y por Ciudad Juárez el ex panista Cruz y Andrea tendrán que ir de la mano y compartir templetes con manos unidas hacia arriba en señal de victoria. ¿La senadora seguirá desdeñando a Cruz? La unidad de Morena apenas la semana pasada atravesaba uno de esos momentos maravillosos en los que todos sonríen para la fotografía mientras por debajo de la mesa se pateaban las espinillas.

Había que hacer algo porque una cosa es perder una encuesta y otra dejar suelta a una senadora con estructura, seguidores, ambición y suficiente para convertirse en un dolor de cabeza. Entonces ocurrió el milagro: una semana después, Morena descubrió que Andrea Chávez era exactamente el perfil que Ciudad Juárez necesitaba.

La Comisión Nacional de Elecciones le dio un premio de consolación y la nombró Coordinadora Municipal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Título kilométrico que en español morenista significa algo bastante más sencillo, prepárate para la alcaldía. Y así, la mujer que quería gobernar Chihuahua terminó perfilada para buscar gobernar Ciudad Juárez. No fue derrota, fue reducción territorial de 67 municipios a uno, pero bastante importante.

Juárez es la ciudad más poblada del estado con más de 1.6 millones de habitantes, una de las fronteras económicas más importantes del país y la ciudad natal de Andrea. Como premio de consolación se conocen cosas peores. Morena, naturalmente, rechaza que exista tal premio.

En Morena los premios de consolación no se llaman premios de consolación, se llaman “encomiendas”. Para elegir al aspirante a gobernador hubo encuestas, porcentajes, mediciones, ponderaciones y explicaciones sobre la voluntad popular, pero para colocar a Andrea en Juárez no hizo falta semejante despliegue democrático. Llegó la designación, el dedazo, punto.

La encuesta es una herramienta extraordinaria: se utiliza cuando hace falta y descansa cuando estorba. Pero hay algo todavía más divertido. Ciudad Juárez es actualmente gobernada precisamente por Cruz Pérez Cuéllar que acaba de ganarle la candidatura estatal. La solución de Morena parece escrita por un terapeuta familiar. Cruz sube, Andrea ocupa el lugar de Cruz, todos conservan silla en la opulenta mesa del banquete. Poder, negocios, presupuesto, posibilidades de seguir en el candelero, fuero y jugosos cargos e impunidad a futuro.

Todos conservan “proyecto”, todos conservan sonrisa. Y la dirigencia puede seguir hablando de unidad. Aquí no hay derrotados, hay reubicados. La operación también evita un problema mayor porque de quedar fuera de la candidatura estatal, Chávez podía convertirse en un activo incómodo. El PT incluso había coqueteado políticamente con la posibilidad de respaldarla, pero Morena entendió el mensaje y decidió mejor tener a la senadora de la jirafita compitiendo por Juárez que verla recorriendo Chihuahua preguntándose públicamente por qué la encuesta no la favoreció. En los partidos dominantes, mantener la unidad cuesta. A veces cuesta una alcaldía y Andrea tendrá que hacer algo diferente a recorrer el estado en busca de una candidatura y convencer a los juarenses de que ellos no son el segundo plato de su proyecto político.

Ese será su principal problema, durante meses les dijo a los “chihuahuitas” que estaba preparada para gobernar el estado y hoy tendrá que explicar que su verdadera vocación siempre estuvo en Ciudad Juárez. La política tiene esa extraordinaria capacidad para descubrir vocaciones geográficas después de perder encuestas. Ayer Chihuahua era lo importante, hoy Juárez es lo único. Ojo, los ciudadanos todavía tienen esa incómoda costumbre democrática de votar. Andrea Chávez perdió la candidatura que quería, Morena le encontró rápidamente otra.

Ella conserva proyecto, el partido conserva disciplina, Cruz conserva Chihuahua y todos podrán tomarse la fotografía de unidad. Una operación casi perfecta. Solo falta preguntarle algo a los habitantes de Ciudad Juárez: ¿ustedes sabían que eran el premio de consolación?

 

Platos extra:

En Guerrero, Félix Salgado Macedonio anda de gira alegando que es mejor opción que la abanderada morenista Beatriz Mojica, pero lo que en verdad quiere es vender cara su derrota y a cambio posiciones para los suyos dentro del gobierno estatal y en municipios que representan jugosos dividendos. Las secretarias de Finanzas y Seguridad Pública del estado, de Acapulco, Zihuatanejo y Taxco, no estarían nada mal, por ejemplo.

Cuauhtémoc Blanco disfruta de la vida en lujosos restaurantes de la Ciudad de México, con un equipo de escoltas resguardando sus camionetas machuchonas, mientras autoridades identifican al menos 15 grupos delictivos que devoran desde sus entrañas a Morelos. Es la herencia de la lamentable gestión del ex futbolista que sin cumplir con la norma logró ser alcalde de Cuernavaca y gobernador de la entidad, protegido por Morena con el fuero de una diputación federal para salvarlo de la acusación de su propia media hermana por abuso sexual. Luego porqué la mala fama de los “políticos”, aunque el Temo ni a eso llega.