Ahora, en que aún existe la libertad de expresión y de prensa, me atrevo a escribir y publicar estas notas. Como pintan los negocios públicos, todo indica que no lo podré hacer próximamente: a partir de que sea promulgada la Ley de telecomunicaciones y Radiodifusión, mejor conocida como Ley de censura, pues eso es lo que propuso la señora Sheinbaum, formalmente presidenta de la República y que próximamente entrará en vigor.

Volveremos a los tiempos de su alteza y serenísima Antonio López de Santa Anna, del dictador Porfirio Díaz o, lo que es peor: a los tiempos en que era necesario obtener el nihil obstat y el imprimatur de los clérigos católicos. Andamos mal y es previsible que andemos peor.

Todo es por culpa de los izquierdosos mexicanos. Pobres; son de dar lástima. Ellos, aparte de totalitarios, nos salieron con la novedad de que son de epidermis muy delicada; no lo sabía. Veo que no se les podrá tocar ni con el pétalo de una rosa.

Ellos que, en su momento, denostaban e insultaban a los gobiernos panistas y priistas, ahora nos salen con que a ellos no se les podrá criticar. Ellos que le decían a Fox: Ya cállate chachalaca; que no bajaba a Felipe Calderón de inepto, corrupto y que lo hacía cómplice de Genaro García Luna. Que censuraron a los gobiernos priistas a más no poder. Que hablan pestes de Alito Moreno, Ernesto Ruffo, Maru Campos, gobernadora de Chihuahua y que insultaban a otros, ahora esos impolutos morenistas no podrán ser censurados ni criticados. Será delito hacerlo.

Una vez aprobada la Ley de censura ya no podremos decirle a Rubén Rocha Moya, un distinguido morenista, que existen indicios de que lo señalan de haber tenido tratos con la delincuencia organizada. Tampoco afirmar que Enrique Inzunza Cásares, senador de Morena, es acusado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, de presuntos vínculos con el narcotráfico y asociación delictuosa con el Cártel de Sinaloa; ni afirmar del tal Andy que existe la sospecha de que anda en negocios poco claros; tampoco de haberse enriquecido a la sombra de su padre: el presidente de la República. Tampoco la senadora Lilly Téllez podrá volver a decirle al impresentable Fernández Noroña que es un Chango león, a pesar de serlo.

Únicamente nos faltan ver que esos izquierdosos, a imitación de Daniel Ortega de Nicaragua, supriman las elecciones: federales y locales, por razón de que durante la campaña política se acusa a los morenos de todo y hasta de lo que se van a morir. Les doy una idea: háganlo de aquí a mayo de 2027. Como pintan las cosas para ellos, a partir de las elecciones del año que entra, aun contando con la complicidad del INE y del Tribunal Federal Electoral, todo indica que no tendrán el control, absoluto, por cierto, que ahora tienen del Congreso de la Unión. No se arriesguen. Háganlo ahora. Total: afirmar que suprimiéndolas se ahorraría una buena lanota, todos lo entenderíamos y estaríamos de acuerdo con que lo hagan. También daríamos nuestra anuencia paras que ese dinero se entregue como beca a los legisladores, tanto federales como locales, a fin de que aprendan a leer, escribir y a hacer cuentas.

En una de esas, con una beca, hasta el Chango león aprende a leer y a escribir. No digamos que aprendería buenos modales; esos se maman en la casa. Esas becas pudieran llevar el nombre de nuestro gran patricio: Beca Fernández Noroña.

En Grecia, en los tiempos de Aristófanes, durante la guerra conocida como del Peloponeso, no se podrá criticar y, muchos menos censurar, al tirano en turno: Cleón. En 424 antes de nuestra era, ese gran comediante escribió una obra: Los caballeros, en la que censuraba a ese déspota. Cuando intentó representar su comedia, por miedo al tirano, no hubo quien se estuviera dispuesto a representar el papel del tirano, a quien el comediante apodaba, por su manera de hablar, como el Paflagonio, ni quién hiciera la máscara que lo representaba: “… No temas, porque no está caracterizado, pues por miedo ningún fabricante de máscaras quiso hacer una que se le pareciera” (Los Caballeros, Comedias, Gredos, 2007, 230 a 232, pág. 260), el propio Aristófanes lo caracterizó, sin máscara, que era lo habitual, limitándose a embarrarse con alguna substancia su cara para así aparentar la máscara.

En honor a la verdad, debemos reconocer que Aristófanes sobrevivió a su audaz empresa y que su obra Los caballeros, fue premiada con el primer lugar, y ello a pesar de la censura del tirano Cleón.

Esperemos que, de llegar a la presidencia Ricardo Salinas Pliego o, en su defecto, Omar García Harfuch, los morenistas no tengan inconveniente en que, de ser necesario, les apliquen esa ley mordaza. Que llegado el caso, cuando los censuren, espero que esos izquierdosos no nos vayan a salir con la cantaleta de que gobiernos totalitarios, de derecha y feos están atentando contra la libertad de prensa y que eso es contrario a un sistema de libertades y derechos. Ni modo, en su momento tendrán que apechugar.

Como se decía antes: por si las moscas, a mi edad tengo que aprender a hablar a la manera de las sibilas romanas: mediante enigmas y afirmaciones poco claras: por ejemplo, decir: cuando era niño me gustaba corretear lagartijas; ahora que soy viejo me he vuelto ecológico, he dejado de hacerlo; cuando estaba en la secundaria tenía un compañero al que le decíamos El Cacotas, que era ladrón y mentiroso.

Una vez que se apruebe la ley de censura, con el fin de no ser enjuiciado y castigado, me dedicaré a escribir de cuestiones jurídicas abstractas y, en la medida de lo aconsejable, de literatura y de lo que está pasando en el mundo.

Nunca pensé que los izquierdistas, a los que en su momento apoyé, acabarían con las libertades en México, mi país y de que terminaría arrepintiéndome de la asesoría que les brindé. Tendré que hacer actos de contrición que sean dignos de arrepentimiento.

El autor es Catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.