La presidenta Claudia Sheinbaum arrancó el 9 de octubre, en Hidalgo, un recorrido por los hospitales de los 24 estados incorporados al IMSS-Bienestar. Su propósito declarado es evaluar la situación de los hospitales, reunirse con su personal y revisar el abasto de medicamentos. Casi de inmediato circularon videos que, según quienes los difunden, muestran cómo se prepara un hospital para una visita presidencial: limpieza, mobiliario nuevo, farmacia surtida. Otras imágenes exhiben las carencias de otros centros.

Una gira con calendario no sorprende a nadie

El primer punto de fricción está en el método. La gira no figuraba en la agenda pública y fue anunciada en la mañanera, con el compromiso de recorrer todas las instalaciones entre octubre y noviembre. Al mismo tiempo, la presidenta habla de visitas sorpresa. Ella misma cuestionó que algunos responsables solo hagan mantenimiento o embellecimiento cuando se anuncia una visita presidencial. Incluso reconoció que, antes de su primera visita en Hidalgo, podaron y repavieron. El diagnóstico es correcto, pero un recorrido anunciado por estados y con semanas de anticipación reproduce justo el problema que describe.

Lo que dice el tablero y lo que se ve en la sala

La distancia entre la información oficial y la experiencia de los usuarios no es nueva. En abril, en Tenango de Doria, la presidenta afirmó que cada lunes revisa el abasto hospital por hospital, y decenas de asistentes respondieron a coro que no había medicamentos. Hoy, ella cita un abasto de 98 % en centros de salud del oriente del Estado de México. Pero en esa misma gira hubo protestas cuando algunas personas vieron entrar la comitiva por urgencias. A ello se suman las protestas del personal de salud por la falta de insumos y medicamentos.

La propuesta del lector: más redes, más sorpresas

La idea de sustituir la gira por la revisión de redes y por visitas sin aviso tiene mérito. Las redes funcionan como un termómetro sin filtro institucional, y una visita realmente inesperada elimina el maquillaje. Además, la logística de seguridad y protocolo de una comitiva presidencial altera lo que se quiere observar.

Sin embargo, tiene límites serios. Lo que se vuelve viral no es necesariamente lo representativo: un caso dramático circula más que cien hospitales que funcionan, y las imágenes pueden estar descontextualizadas o manipularse en ambos sentidos. Una sola persona, además, no puede cubrir sorpresivamente 24 sistemas estatales. Y la presencia presidencial tiene valor político propio. La mandataria sostiene que, aunque cada semana evalúa el sector, es necesario reunirse con directores y personal. También se comprometió a volver a finales de enero de 2027 a los mismos centros para dar seguimiento. Esa promesa de regreso es lo único del esquema que se parece a un control posterior.

El problema de fondo son los incentivos

El maquillaje previo a una visita no es una anécdota: es la respuesta racional de un director que responde hacia arriba y teme quedar mal. Mientras ese incentivo exista, ninguna visita, anunciada o no, ni ninguna revisión de redes capturará la operación cotidiana. La propia presidenta reconoció fallas tanto con proveedores como en la distribución interna de insumos hacia las unidades médicas. Son fallas de sistema, no de escenografía.

La alternativa menos vistosa es la más efectiva: datos de abasto por unidad y por clave de medicamento, publicados con regularidad y comparables en el tiempo, que cualquier ciudadano, periodista o trabajador pueda contrastar. A ello se sumarían auditorías externas con muestreo y canales protegidos para que el personal denuncie sin represalias. Una visita fotografía un día. Un indicador abierto filma todo el año.

Conclusión

La disyuntiva entre gira y redes sociales es falsa, porque ambas son formas manuales de observar. Quien gobierna decenas de hospitales no necesita ver la realidad una vez, sino un sistema en el que la realidad no pueda ocultarse. Ahí está la prueba pendiente, más que en la agenda de la presidenta.