La paz también se escribe con la mano firme de quien imparte justicia. Comienza a tomar forma, cuando una víctima encuentra escucha, cuando la verdad puede pronunciarse sin miedo y cuando el poder encuentra en el derecho un límite. El Premio Nobel de la Paz otorgado a Navanethem “Navi” Pillay ilumina esa tarea profesional, silenciosa y valiente de las y los juzgadores que, con preparación, honestidad, autonomía, independencia y compromiso, cuidan la dignidad humana. En esa libertad se resguarda algo que pertenece a todos: la esperanza de que nuestros derechos sean respetados. Allí, donde la justicia puede mantenerse en pie, la paz encuentra tierra fértil para echar raíces.
Hay vidas que nos ayudan a conservar la esperanza. Vidas que atraviesan la injusticia sin acostumbrarse a ella, que convierten sus heridas en una responsabilidad hacia los demás. La de Navi Pillay pertenece a esa estirpe, la de una mujer que ha hecho del derecho una herramienta para escuchar a quienes el mundo había dejado en soledad.
Nacida en Durban, Sudáfrica, en 1941, en una familia de ascendencia india tamil, la jueza Pillay creció en una sociedad marcada por la segregación racial. Conoció desde temprano las barreras que el apartheid imponía a la vida y a las aspiraciones de las personas. Su recorrido hacia la abogacía se desarrolló frente a esa realidad. Un orden que distribuía oportunidades o derechos según el origen y el color de la piel.
Estudió en la Universidad de Natal y posteriormente obtuvo una maestría y un doctorado en Derecho en Harvard. En 1967 abrió su propio despacho y dedicó buena parte de su ejercicio profesional a defender a opositores del apartheid. Su trabajo incluyó la defensa de los derechos de presos políticos de Robben Island y asuntos relacionados con las consecuencias del aislamiento de los detenidos. Plenamente consciente de que detrás de cada expediente había una vida concreta y detrás de cada argumento jurídico, la posibilidad de limitar una arbitrariedad.
En 1995, se convirtió en la primera mujer de color nombrada jueza de un tribunal superior sudafricano. Aquel nombramiento tenía una fuerza que desbordaba lo individual. Una mujer formada bajo un sistema de exclusión llegaba a ocupar un lugar desde el cual podía contribuir a impartir justicia. Su compromiso también se extendió a la defensa de las mujeres como cofundadora de Equality Now.
Uno de los aportes más profundos de su trayectoria, conforme a la nota biográfica de la ONU, se produjo en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, al que se incorporó en 1995 y que posteriormente presidió. Navi Pillay integró la sala que dictó, en 1998, la histórica sentencia en contra del alcalde de la comunidad de Taba, en la que se estableció que la violación y la violencia sexual podían constituir actos de genocidio cuando se cometían con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo. Fue una contribución colectiva del tribunal en la que ella desempeñó un papel relevante.
La importancia humana de ese avance sigue estremeciendo. Escuchar a las sobrevivientes y reconocer jurídicamente la gravedad de lo vivido significa un espacio para la verdad. Ninguna sentencia puede devolver intacta una vida quebrada por la violencia. Pero puede reconocer el daño, establecer responsabilidades y afirmar ante el mundo que ese sufrimiento merece justicia.
Pillay continuó su labor como juez de la Corte Penal Internacional entre 2003 y 2008. Como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Más adelante, de 2021 a 2025, integró la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, Incluida Jerusalén Oriental, e Israel. Distintas responsabilidades, un mismo horizonte profesional: la protección de los derechos humanos y la rendición de cuentas por sus violaciones.
¿Por qué reconocer esta trayectoria con el Nobel de la Paz? El Comité en las razones oficiales del premio, destacó: su valentía, integridad, independencia y contribución al fortalecimiento de la justicia internacional. Subrayó que una paz duradera necesita principios jurídicos e instituciones capaces de exigir responsabilidades especialmente cuando esas instituciones se encuentran bajo presión. La elección de Navi Pillay expresa, así, una convicción: para resolver los conflictos sin violencia se requiere que el derecho tenga fuerza y que las víctimas puedan acceder a la justicia.
El 9 de octubre de 2026, el comunicado oficial del Comité Noruego del Nobel, anunció que le otorgaba el Premio Nobel de la Paz, a Navi Pillay por sus esfuerzos a favor de la paz y del derecho internacional. Emulando su actuación como juzgadora al señalar: “La historia ha demostrado que un mundo que opera sin el estado de derecho es injusto, imprudente e inhumano. Por lo tanto, los jueces -quienes custodian la delgada línea que separa el orden del caos- merecen nuestro reconocimiento”. La distinción reconoce una trayectoria dedicada a exigir responsabilidades por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.
Su historia ofrece una inspiración exigente. Nos habla de preparación, de paciencia y de perseverancia; de la disposición a escuchar testimonios dolorosos y del rigor necesario para convertir esa escucha en decisiones fundadas. Nos recuerda que la sensibilidad puede acompañar a la firmeza y que defender la dignidad humana requiere tanto corazón, como conocimiento.
Para las y los jóvenes que estudian Derecho, para quienes comienzan a defender una causa y para quienes sienten cansancio ante la persistencia de la injusticia, el recorrido de Navi Pillay deja una posibilidad abierta: nuestro lugar de origen no agota nuestro destino. Cada espacio conquistado puede convertirse en una puerta para alguien más.
Celebrar la trayectoria de Navi Pillay nos invita a cuidar la dignidad ajena con la misma seriedad con que reclamamos la propia. Es honrar ese trabajo paciente que sostiene la esperanza. La justicia se construye con personas que estudian, escuchan, argumentan y perseveran. La paz también se construye con la mano firme de quien imparte justicia.
La autora es Ministra en Retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
@margaritablunar
