El Foro Económico Mundial presenta cifras de récord: 1,500 millones de llegadas internacionales en 2025, 5 % más que un año antes y 4.4 % sobre 2019. La contribución total del sector alcanzó 11.6 billones de dólares, casi una décima parte del producto mundial, y sostuvo 366 millones de empleos, uno de cada nueve. Su Índice de Desarrollo de Viajes y Turismo 2026, elaborado con Zurich Insurance Group, añade que 92 % de las 110 economías evaluadas mejoró su puntuación. Sin embargo, la lectura atenta del propio documento matiza el entusiasmo.

Se construye más, se reparte menos

Las mejoras se concentran en activos: recursos culturales (+9.6 %), servicios turísticos (+9.2 %) y transporte aéreo (+7.2 %). Los indicadores que tocan a las personas van en sentido opuesto. El impacto socioeconómico cayó 3.5 % y solo 17 % de las economías avanzó. La competitividad de precios retrocedió 3.1 % en tres de cada cuatro países, con hoteles de gama media y alta 6 % más caros en promedio. El informe lo admite: más visitantes no se traducen de forma automática en mejores empleos ni en mayor beneficio local.

Los líderes, entre el podio y la protesta

Japón encabeza la clasificación, seguido de Estados Unidos, España, Australia, Francia, Alemania, Reino Unido, China, Suiza e Italia. Nueve de los diez son economías avanzadas. Pero las veinte primeras puntúan peor que el resto en precios y algo por debajo en sostenibilidad de la demanda. Europa obtiene la nota regional más baja en este último rubro, casi 12 % bajo el promedio, y España, tercera, es escenario de las protestas contra el turismo masivo en Barcelona, Baleares y Canarias. La paradoja es evidente: el índice premia la capacidad instalada, no la aceptación de los residentes.

Qué mide el índice y quién lo orienta

Conviene leerlo con cautela. El índice no mide llegadas, gasto ni ingresos, sino condiciones habilitantes. Las revisiones de datos limitan la comparación con ediciones anteriores, y algunos indicadores provienen de encuestas de opinión a directivos o de cifras con varios años de antigüedad. Además, el consejo que orientó el marco incluye a aerolíneas, plataformas de reservas, medios de pago y organismos gremiales, como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, Visa y Trip.com. Ello no invalida los hallazgos, pero explica que el diagnóstico desemboque en una agenda afín al sector: más inversión, más conectividad, más visibilidad digital.

Inversión, trabajo y fragilidad

La inversión de capital creció 8.5 % en 2025, hasta 1.1 billones de dólares, pero sigue por debajo de 2019 y rezagada frente a la demanda desde 2022. La brecha se prolongaría hasta 2033. Para 2035 faltarán 43 millones de trabajadores, 16 % de lo requerido. Si la capacidad no alcanza a la demanda, el ajuste llegará por precios y saturación, justo los puntos débiles ya señalados.

La fragilidad es visible. En abril de 2026 el tráfico de las aerolíneas de Medio Oriente se contrajo 46.6 % y arrastró 3.4 % hacia abajo al tráfico aéreo mundial, la primera caída desde la recuperación. Y la apertura es desigual: solo un tercio de las economías redujo requisitos de visa, y Europa y América del Norte conservan entre las barreras formales más altas.

Emergentes: avance con asignaturas pendientes

Las diez mayores economías turísticas emergentes mejoraron 4.7 % desde 2019, frente a 2.9 % del índice general y 1.9 % de las veinte primeras. México, en ese grupo, ocupa el lugar 41, seis posiciones menos que en 2024, con una mejora de apenas 0.9 %. África subsahariana, con 1.1 %, ensancha su distancia respecto de las demás regiones. Las brechas persistentes de las emergentes están en servicios turísticos, entorno de negocios y capacitación laboral.

El debate de fondo

El informe concluye que el desafío ya no es crecer, sino gestionar el crecimiento. Es una tesis razonable, pero abre la discusión incómoda. Para la industria, la meta es sostener la demanda con inversión e infraestructura. Para comunidades y gobiernos locales, es que el beneficio sea visible y se quede donde se genera. Ambas posturas son legítimas y no siempre compatibles.

Un récord de 1,500 millones de viajeros significa poco si el hotel sube de precio, el empleo sigue siendo estacional y el vecino pierde vivienda y calma. Medir el éxito solo por visitantes quedó obsoleto; medirlo por bienestar local exigirá datos y voluntad política que hoy escasean. La pregunta pendiente no es cuántos llegan, sino quién gana con su llegada.