Aunque es prematuro decirlo, pero todo indica que, para las elecciones del 2030, la facción de bandoleros llamada Morena, no tendrá candidato propio a la presidencia de la República. Los candidatos que tenía, en su afán de cuidarse, cuando menos hasta ahora, no levantaron.

Omar García Harfuch, aunque físicamente es moreno, poco o nada tiene que ver con esos facinerosos. Políticamente es incoloro y, contrariamente a AMLO y a la actual presidente de la República, no es bocón. Lo digo con todo respeto y ahora en que aún se puede hablar. Próximamente entraremos a la moda vigente en Cuba, Corea del Norte y Nicaragua —todos supuestamente socialistas—: de la censura y la autocensura.

Para Morena García Harfuch es un mal menor. No lo es para quienes lo han vetado: AMLO; tampoco para los que lo han desplazado: Clara Brugada; o para quienes lo ven como un arribista o ajeno al movimiento: los morenos.

El otro candidato viable: Ricardo Salinas Pliego, no es moreno por el color de su piel ni por su ideología. Él pudiera encabezar una oposición real. Para entrar a la moda algún partido de oposición, siguiendo la práctica morenista, sería deseable que lo nombre como su Coordinador de los Comités de Defensa de la Democracia y del voto en toda la República y que, desde ahora, comience a realizar campaña en cumplimiento de su cometido. Con ese título, al parecer, no se incurre en la infracción de realizar actos de precampaña; no sería atentar contra las leyes electorales. Morena no nos puede salir con la puntada de que sólo ellos pueden nombrar coordinadores y hacerlo sin violar la Ley. No faltará partido que lo tome como abanderado.

Ricardo Salinas Pliego

Ricardo Salinas Pliego

Ambos precandidatos deben enfrentar problemas que son comunes: no podrán colocar libremente a quienes deban ser candidatos a gubernaturas en juego, a los que van a contender para legisladores federales y a presidentes de los municipios más importantes y para lograr la aprobación del presupuesto y de la ley de ingresos.

El resto de los morenistas ni para hacer montón sirven. No son candidatos viables, el AMLITO o Andy, pobre y sin visa para entrar a los Estados Unidos de América. Los hermanos de AMLO: Pío Lorenzo y José Ramiro salieron buenos para recibir sobres amarillos (no me consta, repito lo que se afirma en los medios). Con los demás políticos miembros de Morena ni juntándolos se haría un candidato viable. Si se sigue cuidando, en una de esas, Gerardo Fernández Noroña nos da una sorpresa: se va de llorón a la franja de Gaza, Líbano o Jordania. Su inteligencia no le da para más, pero sí para menos.

Por razón de cuota de género, a las mujeres nadie las toma en cuenta. El de 2030 debe ser hombre; con la pena les dirán: si en esta bailaste, en la próxima te sientas.

Los morenistas, en su breve paso por la presidencia de la República, destruyeron las instituciones que nos comenzaban a caracterizar como una democracia incipiente; que contribuían a neutralizar abusos de parte de los gobernantes; que impedían disposiciones indebidas de parte de quienes son hijos o parientes del titular del poder ejecutivo federal o las que hacían que el estado mexicano fuera civilista. Ellos, en su afán de monopolizar el Poder Público, las destruyeron. El daño es mayúsculo. Va a estar en chino regresar a los militares a sus cuarteles, meter a la cárcel a tanto pillo y enjuiciarlos. Un centro penitenciario del tamaño de los territorios de los estados de Chihuahua o Sonora no serían capaces de contener a tanto delincuente morenista. Entre quienes actualmente se dicen servidores públicos, pudiera haber excepciones. No las conozco.

Los jueces electos por el pueblo sabio es previsible que se presten a ser el brazo ejecutor a disposición del nuevo poderoso. Dentro de ellos incluyo al ministro de usos y costumbres y a la ministra del pueblo. Ésta, con tal de conservar su cargo, es entendible que se vuelva ultra capitalista y que niegue haber sido rojilla en alguna parte de su vida.

Quien en 2030 asuma la presidencia de la República tendrá muchos retos, entre otros:

Fortalecer el sistema federal y la autonomía de los estados que son parte de la Unión;

Hacer que la Fiscalía General de la República, en los hechos, sea en verdad autónoma del poder público y concretamente del presidente de la República. En su momento habrá que hacer lo mismo por lo que toca a las fiscalías locales;

Hacer independientes a los órganos de control del gasto público, concretamente a la Auditoría Superior de la Federación;

Dar vigencia al principio consignado en el artículo 134 constitucional que en su parte relativa dispone:

“Las adquisiciones, arredramientos, arrendamientos y enajenaciones de todo tipo de bienes, prestación de servicios de cualquier naturaleza y la contratación de obra que realicen, se adjudicarán o llevarán a cabo a través de licitaciones públicas mediante convocatoria pública para que libremente se presenten proposiciones solventes en sobre cerrado, que será abierto públicamente, a fin de asegurar al Estado las mejores condiciones disponibles, en cuanto a precio a precio, calidad, financiamiento, oportunidad y demás circunstancias pertinentes.“

Ese precepto fundamental no establece excepción al principio de que las licitaciones siempre son necesarias; la ley reglamentaria de precepto no puede establecer salvedades o excepciones. El siguiente párrafo no las autoriza. Simplemente dispone que “Cuando las licitaciones a que se hace referencia en el párrafo anterior no sean idóneas para asegurar dichas condiciones, las leyes establecerán las base, procedimientos, reglas requisitos y demás elementos para acreditar la economía, eficacia, eficiencia, imparcialidad y honradez que aseguren las mejores condiciones para el Estado”.

Las leyes secundarias deben estar encaminadas a hacer efectiva la prohibición.

De llegar a la presidencia de la República Omar García Harfuch existen pocas posibilidades de que proceda penalmente contra los morenos infractores, que son muchos, del referido precepto. El caso de Salinas Pliego es diferente, pero políticamente peligroso; no sería político intentar procesarlo en México. Ciertamente debe destruir a AMLO; éste, de estar libre, nunca lo dejaría gobernar en paz: todos los días tendría manifestaciones exigiendo su libertad. Debe extraditarlo y hacerlo sin cubrir el proceso previsto en el artículo 119 constitucional y las leyes. Los morenos ya le enseñaron cómo hacerlo.

El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.