El monitor electoral de TResearch y Consulta Mitofsky, fechado el 19 de octubre de 2026, recoge siete contiendas de las 21 que se celebrarán hasta abril de 2027. El panorama común no es el triunfo de un bando, sino la fragilidad de la ventaja: en tres de los siete casos el margen se acerca al error estadístico, y en otros dos los datos dependen de quién los mida.

Brasil: la ventaja que se encoge. A seis días de la segunda vuelta, el promedio simple de cinco encuestas da a Flávio Bolsonaro 50.7% de los votos válidos contra 49.3% de Lula. AtlasIntel y Quaest lo ubican en 51.1%, PoderData marca 50-50 y BTG/Nexus lo redujo a 50.3%, tras una ventaja de 3.2 puntos. Los segmentos explican la división: los evangélicos favorecen a Flávio por 44 puntos, el Nordeste a Lula por 26. El debate del 18 de octubre no ofreció un ganador claro y, según el informe, produjo más abstención y votos nulos que cambios de preferencia. Hay un precedente incómodo: en la primera vuelta ninguna encuesta anticipó la ventaja de Flávio, pues daban a Lula entre dos y cuatro puntos de margen. Cuando el error previo favoreció a un candidato, el empate técnico deja de ser una descripción neutral.

Serbia e Israel: la aritmética sin mayorías. En Serbia, el promedio de PolitPro coloca al partido de Vučić en 44.3% y a la lista estudiantil en 41.7%. Pero las casas difieren de manera casi absurda: Faktor Plus da al oficialismo 11.5 puntos de ventaja y CRTA, nueve puntos a los estudiantes. La diferencia delata criterios metodológicos, no solo volatilidad del electorado. En Israel, ningún bloque llega a 61 escaños: el de Netanyahu suma 54, la oposición 52 y los partidos árabes 14. A Netanyahu le faltan siete escaños, a la oposición nueve sin contar a las fuerzas árabes. El pronóstico es un bloqueo que lo mantendría como gobierno interino, es decir, una elección que podría no resolver nada.

Estados Unidos y España: dos giros con distinta solidez. Los demócratas lideran la boleta genérica del Congreso con 51.6% contra 43.2%, mientras Trump tiene 35% de aprobación y 61.9% de rechazo. El modelo de Decision Desk HQ les da 77% de probabilidad de ganar la Cámara, pero solo 56% en el Senado, donde se define la mayoría. En España, el promedio de escaños otorga 204 a PP y Vox, 28 por encima de la mayoría de 176, frente a 115 de PSOE, Sumar y Podemos. Solo el CIS contradice la tendencia. La paradoja es que una mayoría holgada de la derecha depende de una alianza cuyo costo político el propio informe no cuantifica.

El Salvador: la aprobación no es el voto. La aprobación de Bukele oscila entre 85.5% y 94%, con 90% en la encuesta de TResearch. Sin embargo, la intención de voto por Nuevas Ideas va de 88% (Data Poll, julio) a 55% (LPG Datos, mayo, con 20% sin respuesta). Esa distancia de 33 puntos no es un detalle: indica que el apoyo al presidente y el voto por su partido no son lo mismo, o que la medición cambia según quién pregunte. El informe califica la reelección de casi segura y subraya que el reto es cuánto se reduce la oposición, dentro de un marco con mandato de seis años, reelección indefinida y una sola vuelta.

Francia: ventaja a seis meses. Marine Le Pen encabeza la primera vuelta con 31.5% según Elabe y 33.1% en el promedio de 11 encuestas. Ganaría las simulaciones de segunda vuelta contra todos sus rivales, aunque por apenas cinco puntos frente a Philippe (52.5 a 47.5), y por 38 frente a Mélenchon. El fallo de apelación de julio, con 15 meses de inhabilitación, le permite competir. La elección está a 181 días: una ventaja de ese tamaño es una fotografía, no una sentencia.

La advertencia metodológica. Las barras de certeza no son probabilidades estadísticas, salvo en Estados Unidos. Son un juicio analítico de los propios autores, que además elaboran una de las encuestas salvadoreñas citadas. No invalida el trabajo, pero obliga a leer el pronóstico como opinión informada y no como cálculo.

En el radar mexicano. El informe recuerda que la elección intermedia de México será el 6 de junio de 2027. La lección de estos siete casos es directa: promedios simples, casas dispares y errores previos conviven con titulares de certeza.

Si las encuestas fallaron en la primera vuelta brasileña y divergen hasta 33 puntos en El Salvador, ¿qué parte de la ventaja anunciada es dato y qué parte es hábito de quien la presenta?