Los trabajadores de la salud han salido a la calle con una protesta inédita: exigen que haya insumos básicos de trabajo y medicamentos suficientes para atender a los pacientes del IMSS e ISSSTE. Además, solicitan la contratación de más personal médico y hospitalario, mejores condiciones de trabajo y mayor salario y prestaciones, en oposición a lo que sus líderes sindicales han acordado con la autoridad, y exigen su destitución. Por eso han solicitado un plebiscito público con la presencia de las autoridades correspondientes que certifiquen el resultado de sus consultas a las bases agremiadas.
Dicho de otra manera, desde las entrañas del sector que López Obrador dijo que al final se su sexenio sería mejor que en Dinamarca, se denuncia y evidencia la demagogia oficial: la salud pública en México es un desastre, las instituciones de salud y asistencia social han sido desmanteladas, la atención a los derechohabientes está en crisis, no hay medicamentos suficientes (ni siquiera los básicos), no hay jeringas, vendas, antisépticos ni condiciones básicas para intervenciones quirúrgicas.
La saturación de las consultas y, sobre todo, de las áreas de urgencias en el IMSS, ISSSTE y otros hospitales públicos, son evidentes y son un caldo de cultivo cotidiano de posibles contagios de nuevos virus y enfermedades para personal, pacientes y familiares.
Por más que Zoé Robledo, del IMSS, Martí Batrés, del ISSSTE, y Sheinbaum salgan a decir que estas instituciones estatales dan millones de consultas y atenciones al mes, lo cierto es que la calidad del sistema sanitario es innegablemente crítica.
López Obrador decidió desaparecer el “neoliberal” Seguro Popular y lo sustituyó por el INSABI, lo cual provocó que ahora cerca del 43% de la población esté sin un aseguramiento identificado, el doble del que antes había. Después desapareció al inservible INSABI sin ningún balance autocrítico para sustituirlo por el IMSS Bienestar, sin nuevos recursos.
Tiene razón el personal médico en sus reclamos, al exigir que haya mayores recursos para el sector salud, ya que, según datos recogidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México padece un enorme déficit estructural de recursos físicos y humanos. Según datos de la misma OCDE, México cuenta con una cama por cada mil habitantes (muy inferior al promedio del organismo); además, registra 2.7 médicos y 3 enfermeras en ejercicio por cada mil habitantes, frente al 3.9 y 9.2 de la OCDE, respectivamente.
El personal médico y hospitalario reclama resolver estos problemas, además de obtener mejores ingresos y prestaciones, junto con la destitución de los líderes charros, hoy protegidos por Morena.
Es significativo que las y los miles de trabajadores de la salud hagan pública su inconformidad en un momento en que Claudia Sheinbaum sigue hablando de ampliar la capacidad hospitalaria y pregonando que está resuelto el desabasto de medicamentos, a la par que, contradictoriamente, desde el propio gobierno se declare que se han rescindido contratos de empresas que presuntamente no han cumplido con la entrega de medicamentos e insumos, aunado a que se den a conocer escándalos de corrupción por el hecho de que se contrataron por miles de millones de pesos en esta materia sanitaria a empresas recientemente creadas y vinculadas con el nefasto Andy López Beltrán.
A la protesta encabezada por líderes del IMSS se han sumado varios del ISSSTE, así como de otros sectores (de la educación y transportistas entre otros), lo cual va poniendo en evidencia la demagogia, corrupción e incapacidad de este gobierno obradorista.
En medio de este volcán social que ha empezado a erupcionar (como en los viejos tiempos del autoritarismo que ahora se está restaurando), el gobierno ha anunciado la suspensión del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” (absolutamente improductivo porque fomenta la holgazanería sin construir nada) porque ya no les alcanza el presupuesto y Morena hace alarde de las violaciones a la ley electoral al formalizar las ilegales campañas adelantadas de sus candidatos, con la complacencia del INE de Taddei, “nadando de a muertito” para no molestar a la señora presidenta.
Todo esto nos habla de que la pesadilla autoritaria del obradorismo está llegando a su fin. Un gran frente social y político opositor por la república y la democracia será la clave para que este creciente descontento social se traduzca en votos contra Morena y sus candidatos en 2027. Se fortalece así la luz de la esperanza de un México mejor.
