El INEGI publicó el 23 de octubre los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del tercer trimestre. En septiembre de 2026, 58.1 por ciento de los adultos de 91 ciudades consideró inseguro vivir donde reside. La cifra baja frente a junio (59.8) y frente a septiembre de 2025 (63.0). Es una mejora estadísticamente significativa, y también un dato que sigue describiendo a casi seis de cada diez personas con miedo.
La trayectoria favorece al oficialismo. La percepción pasó de 63.8 por ciento en diciembre de 2025 a 59.8 en junio de 2026, y la presidenta Claudia Sheinbaum atribuyó ese descenso a avances de la estrategia federal. El nuevo dato prolonga esa línea: en marzo la cifra era 61.5. Son casi seis puntos menos en nueve meses. Los críticos replicarán que la encuesta mide percepción, no delitos cometidos, y que una mayoría insegura no es un éxito.
Dentro de la cifra nacional hay una brecha profunda. Entre las mujeres, la inseguridad alcanza 64.2 por ciento, frente a 50.6 entre los hombres: casi catorce puntos de distancia. Una política de seguridad que no reduzca esa diferencia deja sin resolver el problema para la mitad de la población.
El plano local desmiente cualquier lectura uniforme. Hermosillo subió de 43.2 a 53.2 por ciento en tres meses, Lázaro Cárdenas de 33.0 a 42.3 y Ciudad Victoria de 47.5 a 56.5. Mientras tanto, San Francisco de Campeche bajó de 65.9 a 49.6 y Ciudad Obregón de 82.4 a 69.8. En el trimestre hubo 16 ciudades con cambios significativos: diez a la baja y seis al alza. El promedio nacional oculta trayectorias opuestas.
Los espacios cotidianos concentran el temor. Los cajeros en la vía pública alcanzan 68.7 por ciento de inseguridad, la calle 61.8, el transporte público 61.1 y la carretera 55.3. Y los ciudadanos actúan en consecuencia: 40.7 por ciento dejó de llevar objetos de valor, 38.8 ya no permite que menores salgan sin compañía y 35.8 evita caminar de noche cerca de su casa. Aquí aparece una primera contradicción. Mientras la percepción general baja, el cambio de hábitos por miedo aumentó entre el segundo y el tercer trimestre en 23 ciudades para objetos de valor, 21 para menores y 17 para caminatas nocturnas. La gente se siente algo menos insegura en abstracto, pero modifica más su vida concreta.
La segunda contradicción está en la confianza institucional. La Marina recibe 85.0 por ciento de valoración positiva, el Ejército 82.3, la Fuerza Aérea 82.1 y la Guardia Nacional 73.5. Las policías civiles, que son las que están más cerca del ciudadano, quedan atrás: la estatal con 55.7 y la municipal con 50.9. Los defensores de la estrategia federal verán en ello la legitimidad de las fuerzas que la sostienen. Sus críticos advertirán una dependencia de cuerpos militares ante la debilidad persistente de las policías civiles, lo que plantea el límite de cualquier avance si no se reconstruyen las instituciones locales.
Tampoco hay entusiasmo hacia los gobiernos. Solo 30.7 por ciento juzga efectivo al gobierno de su ciudad para resolver los problemas más recurrentes. La confianza llega a 57.6 por ciento en el federal, 54.4 en el estatal y 52.4 en el municipal. La relación con la seguridad se observa en Hermosillo: allí donde la inseguridad subió diez puntos, la efectividad percibida del gobierno cayó de 39.8 a 27.7. En Querétaro ocurrió lo inverso, con un alza de 42.1 a 58.8. Es una pista de que la ciudadanía sí castiga y premia resultados locales.
Las expectativas moderan el optimismo. Solo 23.7 por ciento espera que la situación mejore, mientras 22.6 anticipa que empeorará y 32.4 que seguirá igual de mal. Sumados, 55 por ciento no espera mejoría. Hay además una paradoja en la agenda cotidiana: 83.1 por ciento señala los baches como el principal problema de su ciudad, por encima de la delincuencia. La seguridad compite con servicios básicos que también miden el desempeño de las autoridades locales.
Conviene la cautela metodológica. La encuesta cubre solo ámbitos urbanos y a mayores de 18 años, y refleja sensaciones, que pueden responder a la cobertura mediática o a la experiencia reciente. Aun así, el patrón es claro: una mejora real y sostenida de la percepción, junto con un temor mayoritario, una brecha de género severa y una confianza desigual entre autoridades. La próxima medición, el 22 de enero de 2027, dirá si el descenso es tendencia o respiro.
