El INEGI informó el 23 de octubre que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 0.6 por ciento mensual en agosto, con cifras desestacionalizadas, y 3.5 por ciento anual. El índice se ubicó en 108.4 puntos. Con cifras originales, el avance anual fue de 3.3 por ciento, pero el acumulado de enero a agosto apenas llega a 1.7. Esa distancia entre el mes y el año completo es el primer dato que cualquier lectura seria debe incorporar.
El resultado superó lo previsto. El Indicador Oportuno había anticipado un avance de 0.1 por ciento en agosto, después de un crecimiento de 0.8 en julio. La estimación quedó lejos del dato, lo que advierte sobre la fragilidad de los pronósticos de corto plazo. La serie mensual ayuda a poner la cifra en perspectiva: en los 25 meses entre agosto de 2024 y agosto de 2026 hubo diez caídas mensuales y un mes sin cambio. La economía avanza a tirones, y dos meses buenos no garantizan una tendencia.
Por sectores, las actividades primarias subieron 3.5 por ciento mensual, aunque cayeron 3.3 anual; la agricultura, con cifras originales, retrocedió 6.1. Ese repunte mensual compensa solo en parte una baja previa: en junio las primarias habían disminuido 3.6 por ciento. Las secundarias crecieron 0.6 mensual y 3.6 anual, con manufacturas en 1.2 y 3.2, respectivamente. Las terciarias, que concentran la mayor parte de la economía, avanzaron apenas 0.2 mensual y 3.7 anual.
Detrás del promedio hay una composición desigual. El comercio al por mayor creció 12.2 por ciento anual y la construcción 7.9. En el otro extremo, los servicios de alojamiento y preparación de alimentos cayeron 3.1, los servicios de apoyo a los negocios 2.6 y los servicios profesionales, científicos y técnicos quedaron sin variación anual, con una baja de 1.3 en el mes y de 1.1 en lo que va del año. Además, las manufacturas acumulan una caída de 0.3 por ciento en el periodo enero-agosto, mientras que el mes sí fue favorable. El crecimiento depende de pocos motores, y los servicios que suelen dar empleo calificado no los acompañan.
Aquí aparece el punto de fricción central. El mismo organismo publicó el 22 de octubre su encuesta de empleo, que registró 267 mil ocupados menos que un año atrás. Esa encuesta mostró que el comercio perdió 191 mil puestos y la construcción 167 mil. Resulta difícil conciliar esas cifras con un comercio mayorista que crece más de 12 por ciento y una construcción que sube casi 8. La analista de Banco Base Gabriela Siller sugirió que el impulso del producto puede explicarse por exportaciones de equipo de cómputo de bajo valor agregado por unidad, que no se traducen en empleo. Si la producción se concentra en actividades intensivas en capital, el indicador sube y el hogar no lo siente. Es una hipótesis que merece verificarse con más datos de empleo por rama.
La lectura optimista tiene sustento. La gráfica de tendencia-ciclo muestra una trayectoria claramente ascendente en 2026, y los analistas esperaban peor. Los encuestados por el Banco de México asignaban una probabilidad de 28.21 por ciento a una contracción del producto en el tercer trimestre. El dato de agosto reduce ese riesgo. Antes, el primer trimestre había registrado una caída de 0.6 por ciento respecto al trimestre previo, y la tasa trimestral del segundo trimestre se revisó de 1.5 a 1.4 por ciento. La recuperación viene de una base baja, y una racha de meses positivos no equivale a una economía que se fortalece.
El oficialismo puede presentar estas cifras como prueba de resiliencia ante un entorno externo adverso. Los críticos responderán que un crecimiento sin empleo formal ni salarios no resuelve la situación de los hogares, y que un avance anual de 3.5 por ciento tiene menos peso cuando el acumulado del año es de 1.7. Ambas posturas se apoyan en datos del mismo boletín.
Conviene precisar los límites del indicador. El IGAE cubre 94.8 por ciento del valor agregado y excluye actividades como pesca, aprovechamiento forestal y corporativos. Sus cifras anuales son preliminares y no coinciden necesariamente con las del producto trimestral, que el INEGI estimará de manera oportuna el 30 de octubre. Esa cifra será la prueba: si confirma un tercer trimestre firme mientras el empleo retrocede, la discusión dejará de ser técnica y pasará a ser política. Hay que preguntarse para quién crece una economía que no contrata.
