La firma TResearch y Consulta Mitofsky publicaron el 23 de octubre su análisis conjunto de la segunda vuelta brasileña, que se celebra este domingo 25. El promedio simple de cinco encuestas da a Flávio Bolsonaro 50.9 por ciento de los votos válidos y a Lula da Silva 49.1. Con una diferencia de 1.8 puntos, ambas casas hablan de empate técnico, una definición que los datos respaldan.

Las cifras individuales confirman que ninguna medición se aparta de esa línea. Datafolha registra 50 a 50, Quaest/Globo 50.6 a 49.4, PoderData 51 a 49, AtlasIntel 51.1 a 48.9 y Real Time Big Data 52 a 48, la ventaja más amplia para Flávio. Existe además un matiz técnico que el documento no desarrolla: el margen de error, de entre ±1 y ±2 puntos, se aplica a la proporción de cada candidato, por lo que la incertidumbre sobre la diferencia entre ambos es más o menos el doble. Con esa lectura, ninguna encuesta permite descartar un resultado en cualquier dirección.

El hallazgo más relevante es la tendencia. Según Datafolha, la ventaja de Flávio pasó de cuatro puntos el 8 de octubre a dos el 15 y a cero el 22. El análisis calcula además que su ventaja promedio bajó de 5.1 puntos en la primera semana tras la primera vuelta a 1.9 en la última. Aquí conviene cautela: esa segunda cifra compara conjuntos distintos de encuestas, ya que la primera semana usa tres casas y la última, cinco. Es un indicio de movimiento, no una medición homogénea. El rechazo también se equilibró: en Datafolha, el de Flávio subió de 43 a 48 por ciento y el de Lula bajó de 46 a 48.

El mapa del voto muestra dos electorados separados por creencias, territorio y género. Flávio gana por 46 puntos entre evangélicos (73 a 27), por 28 en la región Sur y por 8 entre los hombres, además de imponerse en el Sudeste, por 56 a 44, donde se concentra el grueso del padrón. Lula domina el Nordeste por 36 puntos (68 a 32), entre los católicos por 18, en los hogares de hasta dos salarios mínimos por 16 y entre las mujeres por 6. Los datos más recientes de Datafolha, publicados por la prensa, son coherentes con ese patrón: el último sondeo ubica a Flávio con 47 por ciento y a Lula con 46 en votos totales. Cada candidato tiene así un bastión, y la elección dependerá de cuál logre movilizar mejor el suyo.

Dos cifras del análisis merecen lectura crítica. La primera: 33.4 millones de personas no votaron en la primera vuelta, el 21.1 por ciento del padrón, y el documento las presenta como la reserva de Lula. Es una hipótesis plausible dado el peso del Nordeste, pero los datos presentados no muestran cómo se inclinarían esos abstencionistas, y bien podrían quedarse en casa de nuevo o repartirse entre ambos. La segunda: el siete por ciento de votos sin dueño, que suma blanco o nulo (5) e indecisos (2), es suficiente para decidir un resultado que se juega en un punto.

El debate de Globo del viernes, que el análisis consideraba el comodín, ya se celebró. Según la prensa, el tono cambió respecto al cara a cara del 18 de octubre y por primera vez se discutieron propuestas, aunque hubo descalificaciones duras. La lectura de los especialistas no es unívoca: el director de Quaest, Felipe Nunes, señaló que para los independientes ambos quedaron empatados, mientras que el analista Gielow consideró que Lula salió vencedor por puntos, aunque su efecto sobre los indecisos es incierto. Habrá que ver si eso se refleja en la última medición de AtlasIntel, prevista para hoy.

Hay un dato que complica la narrativa del impulso. Según Datafolha, el 53 por ciento de los electores cree que Flávio tiene más posibilidades de ganar y el 39 piensa lo mismo de Lula. La percepción de victoria favorece al candidato que lidera en promedio, mientras que la tendencia favorece al presidente. TResearch y Mitofsky resuelven esa tensión con un pronóstico honesto: como escenario base, Flávio gana por la mínima, y la remontada de Lula tiene casi la misma verosimilitud, con el debate y la participación como factores decisivos.

La conclusión es sobria. No existe un favorito sólido, y cualquier resultado dentro de uno o dos puntos será consistente con las encuestas. Lo que sí está claro es que Brasil vuelve a votar partido en dos, con un presidente que recuperó terreno en dos semanas y un opositor que conserva una base firme. Si el resultado es tan ajustado como los números sugieren, la verdadera prueba será la aceptación del veredicto por ambos bandos.