Guadalupe Taddei anunció el domingo 25 de octubre, en un mensaje difundido por el propio instituto, que presentará su renuncia como consejera presidenta ante la Cámara de Diputados. Lo hará el lunes 26, con efectos a partir de entonces, según tu información. Cuatro días antes había rechazado dejar el cargo y atribuía lo ocurrido a excolaboradores. El giro es la mejor medida de la presión acumulada.
Esa presión tuvo varios frentes. El PRI exigió su salida, Somos MX pidió una separación temporal y la presidenta Sheinbaum respondió que renunciar dependía de ella. Además, la Auditoría Superior de la Federación abrió una investigación de oficio y la Unidad de Inteligencia Financiera también indagaba, con avances sobre un posible conflicto de interés. Cuando el coordinador de Morena en la Cámara, Ricardo Monreal, calificó la renuncia como una decisión acertada, dijo que permite blindar la legitimidad y la transparencia de los próximos procesos electorales. Esa postura confirma el cambio de clima en el oficialismo, aunque no pude verificar que figuras de Morena hubieran pedido su salida de forma explícita.
El texto de la renuncia merece lectura atenta, por lo que omite. Taddei no reconoce irregularidades, no menciona a los contratistas ni a los choferes, y habla de “trascendidos, montajes, filtraciones y versiones” cuya autenticidad debe verificarse. Defiende que la transparencia no sea una consigna selectiva ni un instrumento de presión, y presenta su salida como un acto para proteger al Instituto. Sin embargo, añade que su decisión no releva a nadie del deber de esclarecer los hechos. Es una formulación cuidadosa: se retira sin admitir nada y sin cerrar la puerta a las investigaciones. Quien la defienda dirá que respeta la presunción de inocencia; quien la critique, que convierte una crisis de conducta en un acto de sacrificio institucional.
La dimensión probatoria sigue pendiente. Los videos y las imágenes que circularon en redes, y que Reforma publicó en parte, no equivalen a una resolución. La ASF y la UIF no han emitido conclusiones, y el Órgano Interno de Control tiene casos abiertos. Que la renuncia sea voluntaria evita el juicio político, que requeriría el respaldo de más de la mitad de los diputados presentes para acusarla ante el Senado, pero no extingue una eventual responsabilidad administrativa o penal.

Guadalupe Taddei Zavala
El relevo sigue un camino de dos etapas. En la provisional, el artículo 41, numeral 5, de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales ordena que los consejeros nombren de entre ellos a quien sustituya a la presidenta, y lo comuniquen de inmediato a la Cámara de Diputados. Son diez consejeros los que pueden asumir ese encargo. En la definitiva, el artículo 37 obliga a la Cámara a elegir al sustituto en el más breve plazo, con el procedimiento del artículo 41 constitucional, que exige el voto de dos terceras partes de los diputados presentes. Dado que la vacante ocurre en los primeros seis años del encargo, se elegirá a un sustituto para concluir el periodo de la vacante, es decir, algo más de cinco años, hasta 2032.
Aquí aparecen los puntos de fricción a vigilar. Monreal informó que el proceso arrancará el lunes y que ninguno de los consejeros actuales podrá participar, aunque sí elegirán al interino. Con eso se descarta que el Consejo General se autoproponga, pero el control del calendario y del comité evaluador quedará en manos de la Cámara, donde la coalición oficialista tiene un peso decisivo. Los críticos dirán que quien designa al árbitro electoral es el mismo bloque que compite en la elección. Los defensores responderán que la Constitución establece ese procedimiento y que las dos terceras partes obligan a construir acuerdos. La credibilidad del relevo dependerá de la trayectoria de la persona que se proponga y de la transparencia del proceso.
El otro reto es de tiempo. El Proceso Electoral Federal 2026-2027 arrancó el 10 de septiembre, y el Instituto tendrá que operar con una presidencia provisional mientras la Cámara convoca, evalúa y vota. Un interino con autoridad limitada y una crisis de confianza abierta no es un escenario cómodo.
La renuncia cierra un capítulo, pero no responde las preguntas de fondo: cómo se adjudicaron los contratos, qué relación existía con los proveedores y por qué tardó tanto la rendición de cuentas. Si el nuevo liderazgo del INE no aclara esos puntos, la salida de Taddei será recordada como un cambio de persona, no de prácticas.
