Algunos sabiondos que ahora pululan gracias a la Internet, a las tablets, a las PC y computadoras de mayores funciones, aseguran, siguiendo las afirmaciones del célebre economista y filósofo alemán, de origen judío asquenazi, Karl Marx, en su libro El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1852), que la historia ocurre dos veces: “la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”, con lo que criticaba al ser humano que imita el pasado cuando las condiciones materiales ya han cambiado. De hecho, el estudioso germano que dejó la vida en el estudio del Kapital, copiaba una afirmación previa del no menos famoso Georg Wilhelm Friedrich Hegel, sobre cómo los episodios históricos “ocurren dos veces”, agregándole su pizca irónica sobre la decadencia en la repetición, aunque su base histórica se sustenta en la siguiente frase: “La historia de todas las sociedades de nuestros días es la historia de las luchas de clases”.

Más claro, la transformación social es el pilar de la filosofía marxista, como lo expuso en su tesis sobre Ludwig Andreas Feuerbach, el alumno que se opuso a Hegel (cuya obra más conocida fue Das Wesen des Christentums: traducido al español como La esencia del cristianismo), disertando: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas formas el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

No pretende, ni mucho menos, abundar, este sencillo artículo sobre problemas tan fundamentales como lo han hecho personajes realmente capacitados para hacerlo, sino basarse en algunas ideas para comentar las más recientes manifestaciones de masas en varios países del Viejo Continente, que ya periodistas especializados han sacado a colación como “el fantasma que recorre el mundo” a fines del primer cuarto de siglo, parodiando lo sucedido en 1884, cuando Marx y Friedrich Engels, el filósofo y revolucionario socialista alemán, reconocido como cofundador del Comunismo, escribieron en El Manifiesto del Partido Comunista: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo…”. Ahora, se empieza a decir que un “fantasma recorre el mundo” … el “fantasma del 68”. Creo que es algo diferente, pero no menos importante. La sucesión de generaciones que han crecido al paso del cambio de la humanidad.

Hacía mucho tiempo que la Vieja Europa no estaba tan polarizada, o a lo mejor, como sucede con la invasión de un tumor canceroso: se va esparciendo, poco a poco, sin sentirlo, por todo el organismo. De pronto, el enfermo advierte un pequeño tumor, y en cuestión de días, se vuelve una pelota de tenis y, a la mañana siguiente, ya es un balón de futbol que ha causado metástasis (creo que así se llama) y cuando llega al quirófano, todo el cuerpo está invadido. Así suelen crecer las enfermedades sociales, cuando se comprueban, ya nada se puede hacer más que enfrentar una revolución. No siempre es igual, pero así ha sucedido.

A semejanza de lo que aconteció hace 58 años, en mayo del inolvidable 68 —fecha que marca el antes y el después del mundo occidental en el siglo XX—, Francia y otras siete naciones europeas padecen los mayores disturbios estudiantiles y sociales y los peores desde las revueltas masivas de 1986, que echaron por tierra la discutida reforma universitaria de Jacques Chirac en Francia. Más de 500 mil universitarios han tomado parte en decenas de protestas en la Ciudad Luz y en otras grandes urbes francesas, para protestar en contra de los recortes en el sector público y a favor de una mejor educación pública, reavivando las cenizas de la rebeldía del histórico espíritu del 68, que acabó por disolver el régimen del general Charles André Joseph Marie de Gaulle, el héroe de la Resistencia contra el invasor ejército nazi de Adolph Hitler, obligando el adelanto de los comicios presidenciales.

A semejanza de lo acontecido en el primer concilio de Nicea (año 325 D.C.), ejemplo de violentas discusiones teológicas, que se arma la de Dios es Cristo: “todos contra todos, enojados, decepcionados, deprimidos, resentidos, pero sobre todo desesperanzados. Estudiantes contra los maestros, padres de familia contra el gobierno; políticos contra sus congéneres, las izquierdas contra las derechas; los franceses contra los migrantes, los musulmanes contra los judíos, los trabajadores contra los patronos, y los jubilados contra los que viven de sus rentas”. Peor que el Infierno en la Comedia de Dante Alighieri.

El movimiento se demuestra andando. Y en Francia, el pueblo conoce muy bien el camino. La Revolución Francesa y sus secuelas no son cuentos de hadas. Antes como ahora, los jóvenes acompañados de gente adulta saben muy bien de qué se trata. El miércoles 7 de octubre, por lo menos 71 mil 500 personas recorrieron las calles de la capital francesa y de otros centros urbanos para enunciar la falta de reemplazo de profesores ausentes y horarios sobrecargados, así como aulas deterioradas, repletas, incapaces de soportar la baja y el alza de las temperaturas. Calor excesivo en verano, Así como frío inclemente en invierno. Esos son apenas unos cuantos de los reclamos estudiantiles.

Desde fines de septiembre, los estudiantes de liceo, en su mayoría de entre 15 y 18 años de edad, demandan también mejoras en el último ciclo de secundaria y la suspensión o cambios en el Parcoursup, un sistema de acceso a estudios superiores que consideran poco transparente.

En la Plaza de la Bastilla de París, decenas de jóvenes subieron al famoso monumento situado en el centro de la ciudad, algunos ondeando y cantando ante el himno nacional, antes de que la policía empezara a desalojar la zona con cargas y gases lacrimógenos. Una estudiante llevaba banderolas con los nombres de sus escuelas; otros sostenían pancartas que decían: “Más dinero para la represión que para nuestra educación”, así como: “¿Quién nos protege de la policía?”.

El conflicto estudiantil dio inicio el 15 de septiembre, en el Liceo Queneau de Villeneuve d’ Ascq, al norte parisino, y en el Víctor Hugo de Caen, donde el principal reclamo eran los horarios sobrecargados. El 17 del mismo mes, estalló una huelga de maestros por la falta de recursos y personal y los alumnos del Liceo Antoine de Saint-Exupéry hicieron un bloqueo. La marea de protestas empezó desde París, extendiéndose, poco a poco, por el país, como un reguero de pólvora, la situación se incrementó violentamente en varias ciudades de provincia. Para el 5 de octubre empezaron a rebelarse 589 liceos, y al día siguiente los sindicatos convocaron a lo que llamaron “un tercer acto”. Para el momento, se habían sumado varias universidades incrementando aún más la violencia. Las autoridades están acorraladas.

El ministro del Interior, Laurent Núñez compara los bloqueos callejeros con violencia urbana” y no con demandas legítimas. Emmanuel Macron dice comprender las demandas de los estudiantes, pero está completamente contra la violencia: “nada legitima la violencia”, afirma. En el Parlamento están todos contra todos, se gritan, se reclaman, se insultan y se culpan unos a otros: los de la extrema derecha, los de la derecha, los del centro, los de la izquierda Social Demócrata, los ecologistas, los socialistas, los de la izquierda radical y los de la extrema izquierda. Todo un revoltijo.

El abrumado Macron, que ya no sabe por dónde actuar, dijo en los últimos días que los autores de los disturbios serán “perseguidos y castigados”. Las autoridades anunciaron un balance de 1,200 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos en todo el país. Entre 550 mil y 800 mil personas asistieron a las protestas, pero para el momento de este escribir este resumen el número de todos es muy superior.

Algunos analistas, como Fran Ruiz, de Crónica de Hoy, afirman que la llamada “Generación Z, los nacidos en el cambio de milenio, cuyos miembros tienen en la actualidad de 14 a 29 años, es la que está protagonizando protestas masivas en diferentes partes del mundo. Desde Chile, donde la subida del Metro de Santiago degeneró en movilizaciones sociales, tumbó al gobierno y convirtió al líder estudiantil Gabriel Boric en el presidente más joven de la historia (36 años), pasando por Nepal, donde también lograron derribar al gobierno y a sus líderes corruptos; o a la vecina India, con el Partido de las Cucarachas (como llamó un juez del tribunal Supremo a los jóvenes desempleados que exigían al gobierno autoritario de Narendra Modi trabajo y vivienda digna)”.

“Pero —agrega Ruiz—, si hay un lugar donde la Generación Z —la que sufrió la pandemia en la franja de edad mas vulnerable—, lleva años incubando la semilla de la indignación es Europa. Estallidos sociales en Francia, España, Portugal, Italia, Bélgica, Serbia y Albania, amenazan con extenderse por todo el viejo continente, ya que todos ellos presentan síntomas muy parecidos: empeoramiento de la educación, pública y de los servicios públicos, precariedad laboral o salarios que no alcanzan ni de lejos para que los jóvenes puedan emanciparse y acceder a una vivienda digna, ya de alquiler o comprada”.

“Qué lejos quedan los “Treinta Gloriosos”. Los padres (y muchos abuelos) a los que se refieren los jóvenes que protestan hoy en día son los llamados baby boomers aquellos que nacieron entre 1946 y 1964 y crecieron durante el gran ciclo de crecimiento económico, pleno empleo, expansión del Estado del bienestar y acceso masivo a la propiedad tras la Segunda Guerra Mundial, gracias a ayudas masivas de reconstrucción como el Plan Marshall y a la rápida industrialización encabezadas por la pujanza tecnológica de Alemania.

Además, como dice Jorge Gaviño en su interesante artículo “Cuando los jóvenes ayudan de creer en el futuro”: “Hay algo más inquietante que ver a miles de jóvenes protestando en las calles, descubrir que han comenzado a desconfiar del mundo que los adultos les estamos heredando. Las recientes movilizaciones en Francia, que comenzaron en las escuelas y terminaron por expresar un malestar social mucho más amplio, obligan a preguntarnos qué sucede cuando la educación deja de representar una promesa de futuro”.

Entre Louis Althuser y Hanna Arendt —dic Gaviño—, aparecen una tensión fundamental: mientras uno nos ayuda a comprender como la educación reproduce el orden existente, la otra nos recuerda que cada generación trae consigo la posibilidad de comenzar algo nuevo. Durante generaciones la educación fue presentada como uno de los caminos más seguros hacia la movilidad social. Estudiar significaba prepararse para vivir mejor que los padres…Cuando esa expectativa se debilita, el problema deja de ser efectivo y se convierte en una crisis de confianza pública.

Jorge Gaviño finaliza: “Las imágenes de los estudiantes franceses deberían inquietarnos más allá de sus episodios de violencia (que verdaderamente impactan, porque no han sido la costumbre, BGS). Nos recuerdan que la estabilidad de una sociedad depende tanto de sus instrucciones como de la confianza que las nuevas generaciones depositan en ellas. Porque cuando los jóvenes dejan de creer que el esfuerzo puede cambiar su destino, no solamente está en crisis la educación: comienza a ponerse en duda la legitimidad del mundo que les hemos entregado”.

Entonces es cuando los que crecimos bajo esa creencia, recordamos con nostalgia libros como París era una fiesta, de Ernest Hemingway, y a la “generación perdida” que dijera Gertrude Stein.

Todo indica que la inestabilidad urbana continuará no solo en Francia tras tres semanas de disturbios, así como en Italia. En Albania las cosas no pintan mejor, mientras la policía disparó balas de goma contra manifestantes que exigían la renuncia del primer ministro Edi Rama y miles de personas pedían en Triana que mejoren las condiciones de estudio y se reduzcan las elevadas matriculas en la universidad. Mientras en Portugal e Italia se contagian del clima de inestabilidad que recorre Europa.

En España, profesores de primaria y secundaria iniciaron la semana pasada una huelga indefinida para exigir mejores salarios y condiciones laborales.

Es en Francia donde el panorama es menos halagüeño. En París, el toque de queda se estableció de las 23 horas a las 6 en las zonas de la plaza de la República y en la remozada zona de Les Halles, donde se encuentra el moderno Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, donde antiguamente estaba el centro de acopio de la capital francesa al que Emile Zola llamó “el vientre de París”.

En Lyon, las restricciones abarcan el centro de la ciudad de las 21 horas a las 6 y en Niza como en Lille, Douai, Wattignies y Denain se dispusieron otras medidas. La Fiscalía Nacional Antiterrorista asumió la investigación del incendio que destruyó el antiquísimo ayuntamiento de Limoges. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, pidió actuar “con gran firmeza” contra quienes atacaron edificios públicos, comercios, policías y bomberos. En París hay 200 investigadores que buscan a los responsables.

Y, el presidente Macron no aceptó la renuncia del ministro del interior, Laurent Núñez, para mantener el mando de las fuerzas de seguridad.  Ordenó nuevos métodos de intervención contra grupos violentos.

Tal parece, al final de cuentas, que París, no es precisamente una fiesta. Y que un “fantasma recorre Europa”. VALE.