Una verdadera lástima lo que ocurre en el INE, es una institución que surgió del esfuerzo ciudadano, ha sido de gran utilidad al salvaguardar los principios democráticos en las contiendas electorales, esa alta función de Estado permite la estabilidad, armonía política y gobernabilidad.
No obstante, desde el inicio de las administraciones morenistas pusieron su mirada en el INE, el apoderarse de la institución era parte de sus objetivos estratégicos, así, cuando tuvieron los votos suficientes en las Cámaras del poder Legislativo, ni dudaron ni tuvieron empacho alguno para hacer modificaciones y tomar el control.
Los estirones para evitar el apoderamiento del gobierno y el manejo de la institución, se dio en las plazas públicas, donde decenas de miles de ciudadanos salimos a las calles a pronunciarnos a favor de la independencia y autonomía de ese centro colegiado ante la amenaza de ser cooptado por el movimiento de la cuarta transformación, lo que finalmente aconteció.
En efecto, las reformas constitucionales cambiaron la forma de integración del Consejo General del Instituto, según lo dispone el artículo 41 de la Carta Magna, donde se establece inicialmente un filtro compuesto de cinco personas al que denominan Comité Técnico de Evaluación, designadas por el órgano de dirección política de la Cámara de Diputados y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, ambos controlados por los grupos morenistas, cuya encomienda consiste en seleccionar a los interesados.
Así, los actuales consejeros del INE fueron seleccionados y nombrados por grupos afines al movimiento cuatroteísta con todos los asegúnes que esa carga trae consigo, por lo tanto, los morenistas son corresponsables de sus actos, no solamente desde el ámbito de las irregularidades en el manejo de los recursos públicos, sino además por la pérdida de confianza de los ciudadanos ante una institución administrada a partir de proteger intereses partidistas y de grupo y no el general de la Nación.
El escándalo suscitado a raíz de los videos, grabaciones y contratos que exhiben el comportamiento de la presidente del organismo Guadalupe Taddei, a quien se le habían -además- otorgado facultades extraordinarias concentrando un enorme poder, atribuciones utilizadas bajo enormes cuestionamientos dadas sus irregularidades, que inclusive ante el conflicto de intereses han provocado su renuncia al cargo en medio de una gran turbulencia, coloca al INE en clara agonía.
Ese evento ha causado gran conmoción, en particular por ser una persona cercana a la 4T, en paralelo por estar al frente de un organismo irremplazable y extremadamente sensible, que debió ser dirigido por una gente de Estado y con profundas convicciones democráticas como lo han sido sus antecesores.
Sin embargo, ese puesto lo obtuvo por la lealtad al régimen no al país. Fue colocada junto con los demás consejeros, para servir a Morena, bajo el mismo patrón confeccionado por AMLO, noventa por ciento de fidelidad y el resto de capacidad.
Ahora en plena época electoral dejan una institución en condiciones deplorables, con el riesgo de que al buscar alguna solución los morenistas la dejen peor. Responsables hay muchos, soluciones pocas, lo cierto es que la casa debe limpiarse con suma urgencia.
