El desastre

No nos referimos a la presidencia de México, sino a la presidencia del INE. Esa otra presidencia que ha demostrado contar también con grandes poderes fácticos y económicos. Basta ver la cercanía de Guadalupe Taddei con proveedores del propio instituto. La idea de separar el poder político del poder económico quedó en una promesa incumplida, como las promesas de que México tendría un sistema de salud como el de Dinamarca, que no se talaría ningún árbol para el Tren Maya, que México sería autosuficiente en combustibles, que no se endeudaría al país y que se acabaría con la corrupción.

Centrémonos en la presidencia del órgano que hace posible las elecciones en México. Fue en 1990 cuando tuvo su primer nombre: Instituto Federal Electoral; sin embargo, fue hasta 1996 cuando logró su emancipación de la presidencia de la República. En 2014 se convirtió en el Instituto Nacional Electoral. Hasta 2023 gozó de una excelente salud y vitalidad.

Sin embargo, desde el 2018 el INE fue objeto de ataques desde la presidencia de la República. El expresidente Andrés Manuel López Obrador lanzó constantes embates para minar su independencia y autonomía; no lo consiguió. Intentó en cada conferencia matutina que la sociedad tuviera una mala imagen del árbitro electoral. Fracasó, y en 2022 la ciudadanía salió a las calles a defender a su instituto.

Intentó reformar la Constitución (Plan A) y las leyes electorales (Plan B): un fracaso más, porque en el Plan A no consiguió la mayoría calificada; y en el Plan B la Suprema Corte, que en aquel entonces sí era independiente, declaró inconstitucional la reforma legal.

Andrés Manuel decidió, en su mente maquiavélica, que si no podía modificar la Constitución ni las leyes tendría que cooptar a sus integrantes. En 2023 se debían renovar cuatro consejerías y, como MORENA no tenía mayoría calificada, recurrió a una insaculación a partir de las quintetas elaboradas por un Comité de Evaluación integrado por morenistas. De ahí salió Guadalupe Taddei como presidenta del INE. Surgió como un ejemplo de la imposición morenista. No surgió de acuerdos ni de evaluaciones reales, sino de una decisión unilateral y arbitraria de MORENA. Esa es la realidad.

En 2026 se renovaron otros tres consejeros electorales y, ahora sí con mayoría calificada, MORENA se apropió de cada uno de esos espacios dentro del Consejo General. Entonces, México dejó de tener un órgano autónomo e independiente; eso ahora es solo una aspiración que quedó en el papel.

Los recientes escándalos de corrupción en torno a Guadalupe Taddei evidencian que el intento de vulnerar al árbitro electoral finalmente pasó factura.

 

Lo que sigue: una presidenta honesta y para todo México 

El procedimiento para renovar el Consejo General del INE cuenta con un filtro determinante que define quiénes pueden llegar al máximo órgano, es el Comité Técnico de Evaluación. Este grupo de personas es el verdadero corazón del proceso; se encarga de recibir los registros y aplicar los filtros que llevan a las quintetas finales de las que saldrán las personas que podrán ser designadas. Quien controla ese comité controla el proceso de selección.

En 2023 la renovación estuvo viciada desde el momento en que ese Comité se integró por personas afines al partido oficial; lógicamente, las propuestas que hizo el comité no llegarían a un consenso porque todas tenían cercanía con el oficialismo y, al no poder imponer su mayoría MORENA, se procedió a la insaculación en su tan festejada “tómbola”.

En 2026, durante la siguiente renovación de integrantes del Consejo General del INE, MORENA y sus aliados pudieron imponer a quienes quisieron, sin tomar en cuenta a nadie, porque ya tenían mayoría calificada.

En un ánimo de esperanza, detallo el procedimiento y lo que los mexicanos debemos exigir a todos los poderes involucrados ahora que en 2026 nuevamente se renovará la presidencia del INE, ante la vergonzosa salida de Guadalupe Taddei.

 

La convocatoria

La Cámara de Diputados emitirá la convocatoria y de ahí surge el primer problema. ¿Debe ser exclusiva para mujeres? En mi opinión, no. Se ha dicho que una sentencia del Tribunal Electoral obliga a que la presidencia sea ocupada por una mujer. Pero ello ya se cumplió con la insaculación de Taddei. Ya estamos en otra etapa.

Considero que en la convocatoria deben participar todas las personas y de ahí elegir al mejor perfil. La honestidad y el carácter democrático obedecen a principios, esa debe ser una prioridad.

 

El Comité de Evaluación

La convocatoria solicitará a la JUCOPO y a la CNDH que designen a personas de reconocido prestigio para que integren el Comité que se encargará de recibir los documentos de los aspirantes, evaluarlos y finalmente proponer una quinteta.

¿Cuál ha sido el problema en las designaciones pasadas? Que, en 2023, el Comité estuvo integrado por perfiles afines a MORENA. Por ejemplo, Ernesto Isunza, Enrique Galván, Andrés García Repper, Evangelina Hernández y María Maríñez. Lo mismo sucedió en 2026, con perfiles como Marcela Elena Fernández Domínguez y Rubén Lara Patrón, quienes, cuando fueron magistrados, se subordinaron al oficialismo (Marcela aún lo es), así como Selene Cruz, Irma Ramírez y Miriam Rodríguez, con clara tendencia morenista.

Si realmente la Cámara de Diputados quiere recuperar la confianza ciudadana en el INE y hacer un procedimiento serio y comprometido con la democracia, entonces el Comité de Evaluación debe estar integrado por personas imparciales que atiendan más a los perfiles académicos, técnicos y de experiencia ajenos a cualquier corriente política.

En las designaciones pasadas, los respectivos comités técnicos seleccionaron a personas afines al morenismo y ahí están los resultados.

Por ello, las personas que conformen el Comité Técnico deben ser completamente imparciales, con la finalidad de que las propuestas que hagan no respondan a intereses de un partido.

 

Transparencia

La última designación estuvo caracterizada por la oscuridad y opacidad en las actuaciones de los comités y el currículum de las personas que buscaron ser designadas.

El actual procedimiento debe ser transparente en las comparecencias que se hagan a los aspirantes, mediante transmisiones en vivo que se puedan seguir en tiempo real. Se debe dar participación a la ciudadanía que quiera asistir a las comparecencias, a fin de que pueda interrogar a los aspirantes y que estos sean cuestionados de cara a la sociedad.

Este procedimiento será distinto a todos, porque el escándalo de Guadalupe Taddei hará que la sociedad ponga más atención y, por ello, se le debe permitir una mayor participación.

También es indispensable que, desde los primeros días de inscripción de los participantes, se publiquen las credenciales con las que los aspirantes desean llegar a la presidencia del INE. Esto permitirá que la sociedad pueda investigar y escudriñar en la trayectoria de los aspirantes, así como su falta de cercanía a un partido político.

 

No más insaculaciones

Taddei es responsabilidad de MORENA, por más que se quiera ocultar. Ella llegó porque MORENA quiso imponerse y, al no poder hacerlo, realizó la insaculación a partir de los perfiles morenistas que el Comité de Evaluación morenista previamente eligió.

La designación de la presidencia del INE es un acto de responsabilidad y no de azar. Por ello, la designación debe partir de evaluaciones objetivas, en las que se valore la trayectoria académica y la experiencia electoral. También se debe sustentar en las comparecencias. Con ello, el Comité de Evaluación y la Cámara de Diputados se deben responsabilizar de designar a la persona que encabezará el INE, porque después, como sucede ahora, todo el mundo se quiere lavar las manos.

 

Consenso 

La futura designación requiere el consenso de las fuerzas mayoritarias y minoritarias en la Cámara de Diputados. La elección de la presidencia del INE es para todos los mexicanos, para todas las fuerzas políticas y para el bien del país. No es posible excluir a las fuerzas minoritarias, porque la responsabilidad debe recaer en el órgano y no en una fracción política.

Las imposiciones solamente provocan resentimientos, lealtades ciegas y falta de confianza.

México debe ver que todas las fuerzas políticas son capaces de estar de acuerdo en designar a la persona que conducirá al INE en los futuros comicios y que, en la práctica, garantizará que México recobre el rumbo democrático que perdió.

La autora es abogada electoral y constitucional | Columnista | Análisis político

Web: defensaelectoral.com.mx

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