Los tres boletines que el INEGI difundió el 3 de noviembre de 2026 describen una economía que opera con cierto ánimo y que, al mismo tiempo, se niega a invertir. La Encuesta Mensual de Opinión Empresarial, aplicada a firmas con más de cien empleados, retrata esa disociación con una nitidez incómoda.
El Indicador Global de Tendencia subió 1.1 puntos en octubre, hasta 51.7, y suma ocho meses sobre el umbral de 50. El Indicador de Pedidos Manufactureros avanzó 1.2 puntos, a 50.5, tras haber caído bajo esa línea en septiembre. El Indicador Global de Confianza, en cambio, bajó 0.2 puntos, a 48.2, y acumula veinte meses por debajo del umbral. Es decir, los directivos reportan que producen, venden y piden más, pero su juicio sobre el entorno no mejora.
La contradicción se explica en parte por la naturaleza de cada medición. La tendencia pregunta por la marcha de la empresa; la confianza, por el país y por la decisión de comprometer capital. En esa segunda dimensión aparece el dato más severo: el componente «momento adecuado para invertir» se sitúa en 34.1 puntos en manufacturas, 32.0 en comercio, 28.1 en servicios y 26.6 en construcción. En manufacturas lleva 159 meses consecutivos bajo el umbral. Esa cifra atraviesa varias administraciones y obliga a matizar cualquier lectura que atribuya el fenómeno a un solo gobierno o a una sola coyuntura. También impide descartarlo como ruido: desde antes de 2020 el empresariado encuestado declara que no es buen momento para invertir, aunque sus expectativas sobre su propia empresa sigan siendo favorables, con 55.9 puntos en manufacturas y 60.5 en construcción.
Los sectores tampoco avanzan al mismo paso. Las manufacturas mejoraron 3.6 puntos en el mes, impulsadas por demanda nacional (56.6) y exportaciones (53.6), pero sus componentes de capacidad utilizada y de empleo permanecen bajo 50. Construcción sigue 25 meses en terreno negativo, con el valor de obras como subcontratista en apenas 34.3. El comercio retrocedió 1.4 puntos, con ventas netas a la baja en 4.4 puntos mensuales y 7.5 anuales. Los servicios privados no financieros ganaron 1.5 puntos. Quien lea el agregado sin desagregar verá una recuperación; quien abra los cuadros verá una economía de ritmos desiguales.
El empleo es el punto de fricción más claro. El personal ocupado en manufacturas lleva 18 meses bajo el umbral y en servicios, seis. Los indicadores de actividad se recuperan sin que la contratación los acompañe. Si esa brecha persiste, la mejora percibida corre el riesgo de ser una recuperación sin trabajadores nuevos, difícil de traducir en bienestar o en consumo.
Conviene además cuestionar la propia base del instrumento. La encuesta recoge percepciones de 3,138 empresas de gran tamaño, sin cobertura de las micro, pequeñas y medianas, que concentran el grueso del empleo nacional. Los indicadores se construyen centrados en 50, de modo que un nivel de 50.5 significa apenas un leve predominio de opiniones favorables. Y las series desestacionalizadas son volátiles: el propio gráfico muestra oscilaciones de más de tres puntos de un mes a otro, por lo que celebrar o lamentar una variación de décimas es un ejercicio de fe estadística.
Hay otra tensión en los datos anuales. En cifras originales, el Indicador de Pedidos Manufactureros cae 1.5 puntos frente a octubre de 2025, con inventarios de insumos en descenso de 5.7 y producción en retroceso de 3.3. Los derivados del petróleo, el carbón y la química caen 7.8 puntos, mientras que equipo de computación sube 7.4. La manufactura no se mueve en bloque: unas ramas ganan con la reconfiguración de cadenas de suministro y otras pierden.
Queda una lectura para el debate público. Un gobierno puede citar con razón el alza de octubre; una oposición puede citar con igual razón veinte meses de confianza deprimida. Ambas descripciones son ciertas y ninguna es suficiente. Lo que los números sugieren es una economía que funciona por inercia y por mercado interno, pero cuyos actores no encuentran razones para apostar por el largo plazo. La pregunta que los boletines dejan abierta es qué condiciones, certeza jurídica, energía, seguridad o reglas estables, tendrían que cambiar para que el optimismo sobre la propia empresa deje de convivir con la desconfianza sobre el país.
