Los resultados preliminares de las elecciones intermedias del 3 de noviembre, recopilados por TResearch y Mitofsky con corte a las 6:00 h (CDMX) del 4 de noviembre, apuntan a un cambio de escenario en Washington. Ningún dato es oficial. El propio documento advierte que se basa en conteos preliminares de la agencia AP, y la prensa estadounidense reportaba aún contiendas sin proyectar. Aun así, la dirección es clara: los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras, según la proyección de las principales cadenas.

La cifra que sí es ola: el Senado

En la Cámara de Representantes, los demócratas suman 228 escaños, los republicanos 139 y quedan 68 distritos por definir, con mayoría fijada en 218. En el Senado reportan 54 asientos demócratas, entre ellos dos independientes, frente a 44 republicanos y dos contiendas pendientes, Alaska y Misisipi. Con siete escaños ganados, superaron con holgura los cuatro que necesitaban.

Aquí aparece la primera fricción. El informe titula «ola demócrata», pero la Cámara, con 228, queda por debajo del pronóstico de 241 de Decision Desk HQ y apenas por encima del de 229 de CBS. La ola es evidente en el Senado, no tanto en la Cámara, donde el resultado definitivo dependerá de 68 distritos del oeste. Hablar de «freno total» es razonable. Hablar de arrasamiento es prematuro.

Territorio republicano en disputa

El dato más llamativo está en los estados que cambiaron de manos: Texas, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, Kansas, Iowa y Maine. Que los demócratas ganen en Texas, donde no tenían un senador desde 1988, y en Carolina del Sur, donde la encuesta citada daba ventaja marginal a Graham, desmiente la idea de un electorado republicano blindado. En gubernaturas, el informe contabiliza cinco cambios: Texas, Georgia, Ohio, Iowa y Nevada. Otros medios hablan de cuatro, lo que refuerza que las cifras siguen en movimiento.

Un voto de castigo, no de adhesión

La encuesta de salida resulta más reveladora que el conteo. Seis de cada diez votantes desaprueban a Trump. Cuatro de cada diez dijeron votar para oponerse a él y menos de dos de cada diez para apoyarlo. Los jóvenes menores de 30 votaron 70 % a 30 % por candidaturas demócratas, y los hispanos, 60 % a 33 %. Son los grupos que en 2024 se habían acercado al republicano.

La lectura honesta es que el electorado castigó, pero no necesariamente se enamoró. Para 4 de cada 10 el tema principal fue la economía, y para 3 de cada 10 la democracia. Los demócratas deberán traducir el enojo en una agenda propia, y el documento no ofrece evidencia de que ya la tengan. Los cortes demográficos, además, son aproximados, como el propio informe consigna.

Un presidente acotado, no desarmado

Trump, según el informe, felicitó a los demócratas y aceptó el resultado, aunque afirmó que con su nombre en la boleta habrían ganado «por paliza». Esa frase es, a la vez, reconocimiento y descalificación.

Las implicaciones son concretas. Ninguna ley pasará sin los demócratas, de modo que Trump gobernará con órdenes ejecutivas y veto. Se abren citatorios sobre migración, aranceles y corrupción, habrá negociación forzada por el gasto y el techo de deuda, y los nombramientos judiciales exigirán otra aritmética. El juicio político es posible desde la Cámara, pero destituir requiere 67 votos en el Senado, y los demócratas no los tienen.

México: sin giro inmediato

Para México, el análisis es matizado, y con razón. Los aranceles de 25 % a autos y 50 % a acero y aluminio dependen del Ejecutivo, por lo que no cambian de golpe. El impuesto de 1 % a las remesas es ley, y revertirlo exigiría otra ley que Trump vetaría. Sí cambia el clima de la revisión del T-MEC, con más voz del Congreso, y la vigilancia sobre las redadas migratorias. Una acción militar contra los cárteles sin aval legislativo se vuelve más costosa. Sheinbaum dijo que México respetará el resultado.

El mercado reaccionó con un dólar más débil, un oro al alza y futuros bursátiles a la baja, aunque son movimientos de una madrugada.

Una advertencia de método

El informe destaca que las encuestas acertaron 6 de 7 pronósticos y que el error, por primera vez, subestimó a los demócratas. Pero los autores se califican a sí mismos, y la proyección de 241 escaños no puede juzgarse mientras haya 68 distritos sin resolver. La victoria de Andrews en Carolina del Sur sí fue un error claro de pronóstico.

El balance provisional: Trump pierde el Congreso, pero no el poder ejecutivo. La política exterior y los aranceles siguen en sus manos, aunque el dinero y los poderes de guerra ya no.