En su alegre camino a San Lázaro, fuero e inmunidad judicial incluidos, a Andy López Beltrán le recomendaron subir un mensaje en redes para hablar de las acusaciones que lo persiguen desde hace meses. Lo hizo desde Tabasco, frente a una cámara, más de diez minutos en que negó cualquier participación en negocios irregulares, tráfico de influencias o huachicol fiscal.

También encontró tiempo para señalar a periodistas, empresarios, adversarios políticos y a quienes, según él, pretenden destruir el “prestigio” de su familia.

Durante seis años, Andrés Manuel López Obrador convirtió la descalificación de sus críticos en una herramienta cotidiana de comunicación política. Si aparecía una investigación incómoda, el problema podía ser el periodista, si surgían cuestionamientos sobre contratos, la culpa era de los adversarios, si alguien pedía explicaciones, inmediatamente aparecía una conspiración.

Ahora su hijo recurre al mismo libreto.

Andy reconoció conocer desde hace años a Jorge Amílcar Olán Aparicio, mencionado en investigaciones periodísticas sobre contratos públicos y presuntas redes de influencia. Explicó que existen vínculos personales de larga data, pero nada de haber participado en sus negocios o intervenido para favorecerlo.

Andy tiene derecho a defenderse y por supuesto ninguna investigación periodística sustituye una sentencia judicial.

Pero precisamente porque las acusaciones son graves, la discusión merece más que una confrontación con los medios. El hijo del dueño de la franquicia morenista no es un ciudadano ajeno a la política. Ha ocupado responsabilidades relevantes dentro de Morena y forma parte de una familia beneficiada por el poder. Por eso las preguntas sobre conflictos de interés no pueden considerarse únicamente como ataques personales.

¿Qué relaciones comerciales existen o existieron entre los personajes mencionados?

¿Qué contratos públicos están bajo investigación?

¿Por qué las autoridades no han revisado las denuncias?

¿Dónde están los documentos que permitan descartar o acreditar las investigaciones?

Ésos son los asuntos importantes y la Fiscalía General de la República, como siempre, en los casos que tocan a los integrantes del partido guinda, se desentiende.

Andy sostiene que no participó en actividades ilícitas y que las acusaciones carecen de pruebas, pero sus críticos consideran que su explicación resulta insuficiente, increíble. Corresponde a las autoridades investigar y determinar si existen responsabilidades.

Mientras tanto, el episodio revela una contradicción política.

López Obrador construyó buena parte de su discurso denunciando el influyentismo de los hijos de presidentes, las amistades empresariales de las familias gobernantes y los privilegios asociados al poder y hoy su propio hijo enfrenta preguntas sobre relaciones personales con empresarios que han sido objeto de investigaciones periodísticas. Hágase justicia en los bueyes de mi compadre.

La comparación no demuestra culpabilidad, pero sí obliga a aplicar el mismo criterio de transparencia que durante años se exigió a otros porque la honestidad no debe depender del apellido ni la exigencia de rendición de cuentas tendría que desaparecer cuando el cuestionado pertenece a la 4t.

El video de Andy representa su versión de los hechos, debe ser escuchada y contrastada con las pruebas disponibles, sin condenas anticipadas ni privilegios familiares.

No puede ser que diez minutos frente a una cámara sustituyan cualquier esclarecimiento institucional. La Cuarta Transformación prometió que nadie estaría por encima de la ley, promesa que merece cumplirse incluso cuando las preguntas alcanzan a la familia de su dueño y fundador.

Los periodistas tenemos derecho a investigar y los mexicanos a conocer las respuestas.

Una defensa judicial pública bien puede sustituir un pésimo video.

 

Platos extra:

La agresiva y en muchos casos violenta persecución de inmigrantes por parte del ICE, la inflación que hasta septiembre alcanza en Estados Unidos 3.7%, la interminable guerra contra Irán que provocó el cierre del estrecho de Ormuz con la consecuente alza global en los precios de los combustibles, el coqueteo con el dictador norcoreano Kim Jong-un y su estilo narcisista y arrogante de gobernar le han pasado factura a Donald Trump y al Partido Republicano que han sufrido una dolorosa derrota en las elecciones intermedias de esta semana. Es el caso de estados tradicionalmente republicanos como Kansas, Ohio, Iowa, Carolina del Sur y Texas, además del habitualmente demócrata California. En estos dos últimos han ganado las respectivas gubernaturas los demócratas Gina Hinojosa, que después de tres décadas recupera el estado de la Estrella Solitaria de manos republicanas, y el 25o Secretario de Salud bajo la presidencia de Joe Biden, Xavier Becerra, ambos de ascendencia mexicana y larga trayectoria en el servicio público. En Michigan, a pesar de los esfuerzos de su electorado republicano, el estado se convierte en el primero en tener como próximo senador al musulmán socialista Abdul El-Sayed y con él los azules le arrebatan siete escaños a los republicanos, más de los cuatro necesarios para tomar el control de la cámara por lo que, junto con su derrota en la Cámara de Representantes, Trump tendrá un bloqueo legislativo en lo que resta de su mandato y saldrá con la cola entre las patas de la Casa Blanca en la próxima elección presidencial del 7 de noviembre de 2028. En medio de estas aguas turbulentas a México le espera una temporada de pesadilla con Washington en materia comercial, migratoria y de lucha contra el terrorismo porque Trump no verá quien se la hizo, sino quien se la va a pagar.

Siguen surgiendo y parece que no tienen fin los videos que causan indignación por la cantidad de dinero que, como gángsters de película hollywoodense se repartían impunemente Guadalupe Taddei y José Alfredo Hernández Casillas a costa del presupuesto del INE. ¿Dónde están el contralor, la de Recursos Financieros, el de Recursos Materiales y demás peces gordos que vieron, firmaron y callaron ante el gigantesco atraco al instituto? ¿No que se acabó la impunidad? ¿Y la FGR? ocupada persiguiendo adversarios políticos de la 4t…