Los tabasqueños tardaron casi doscientos años en llegar a la presidencia de la República; una vez que llegaron, no dejaron un buen recuerdo de su paso por ella. Antes de AMLO, de lo que recuerdo, sólo José María Pino Suárez, otro tabasqueño, había ocupado un cargo elevado: vicepresidente de la Nación. Poco le duró el gusto, Victoriano Huerta, un jalisquillo, se encargó de interrumpir su carrera. En 1913, fue sacrificado junto con Francisco I Madero. Para desgracia de los mexicanos, casi cien años después llegó AMLO. Éste, con el apoyo de una camarilla, estando en la presidencia, hizo y deshizo. Afortunadamente nada es eterno. Finalmente se fue.
Después de la mala experiencia que tuvimos con AMLO, va a estar muy difícil que otro tabasqueño alcance la presidencia de la República. El tal Andy que, al parecer, estaba destinado para ocuparla, por excesos propios y de quien lo patrocinaba: AMLO, cuando menos en este momento está muy lejos de poder llegar a ella. Nadie, salvo su padre, lo ve como candidato para el 2030. Para ese año, cuando más, la influencia de quien está detrás de él, le alcanzaría para hacerlo senador por su natal Tabasco y ello por la urgencia que tiene de seguir gozando de inmunidad, después de que abandone la diputación federal, para la que ya se apuntó. La dieta que es inherente al cargo no le importa.
Como pintan las cosas, pudiera ser necesario que tengan que pasar otros doscientos años para que los mexicanos olviden los errores, excesos y corrupción que el clan tabasqueño significó. No es para menos.
En lo relativo a corrupción, de inicio y sin mayor prueba, con o sin razón, el mexicano medio presume que todo lo que tocan o está alrededor de AMLO, Andy López Beltrán, José Ramón López Beltrán, Adán Augusto López, Bernardo Bosch Hernández, Pío Lorenzo López, José Ramiro López, Audomaro Martínez Zapata, Jorge Amilcar Olán Aparcio, José Alfredo Pérez Astorga, Jorge Montaño y otros, todos tabasqueños, está manchado de corrupción. Que todo lo que tocan o todo lo que los rodea es corrupto. Esa es la percepción general. Yo no me atrevería a afirmarlo.
Aunque todos sabemos que la señora Guadalupe Taddei Zavala es nativa de Cananea, Sonora, por las mañas con que se condujo en el manejo de los intereses públicos y por los enjuagues que se le atribuyen que realizó durante su estancia en el INE, un grupo de amigos y el autor de estas líneas tenemos la sospecha de que sus ancestros son tabasqueños. No encontramos otra explicación a sus excesos y otra causa a sus desplantes. Andamos investigando si nuestra sospecha es o no fundada. Hasta ese grado ha llegado el descrédito de los tabasqueños.
En cuanto a corrupción e incompetencia, al parecer, lo correcto es afirmar: no importa cuál sea el origen: sonorense, jalisciense, guerrerense, sinaloense, zacatecano –lo digo por Rocío Nahle y no por los Monreal– o veracruzano, en todas las latitudes se dan. Esa es la realidad.
Existe otra percepción: después de ver los casos de Rubén Rocha Moya, Ignacio Ovalle, Gerardo Fernández Noroña, Guadalupe Taddei, Evelyn Salgado, Alfonso Durazo y de otros ilustres morenistas, muchos mexicanos asocian los conceptos corrupción, excesos, ineptitud y fanatismo con Morena. Desde luego reconozco que pudiera haber excepciones y muchas.
Existía otra percepción: en el pasado remoto el término priista se asociaba con los términos excesos y corrupción; esa circunstancia, unida a los muchos abusos, crímenes, que llegaron a genocidio, los llevó a dividirse y, con el tiempo, a perder el poder. Todos recordamos a presidentes de la República y caciques genocidas y arbitrarios como: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, y caciques como Tomás Garrido Canabal, tabasqueño el hombre, Gonzalo N. Santos, Rubén Figueroa, Manuel Sánchez Vite y otros.
Alguien me comentó: cuando veo a un moreno aseguro mi cartera y no la suelto. Lo tranquilicé: no seas inocente, nada que cargues tú, un muerto de hambre, les interesa, Ellos le tiran a lo grande, a lo verdaderamente valioso: juegan en ligas mayores. No se meterían contigo.
Quienes nos ofrecieron acabar con la corrupción acabaron siendo los grandes corruptos y corruptores. Van a tener que pasar muchos años para que los mexicanos dejen de asociar el concepto corrupción con Morena y con un gobierno supuestamente izquierdista. No pocos asocian el término corrupción con cierto sector de tabasqueños. No se vale. El vulgo juzga parejo. Así es la justicia del pueblo o de usos y costumbres. Lo siento por mis amigos tabasqueños que son íntegros y respetuosos de la Ley.
Debe ser muy difícil de aceptar que teniendo tanto dinero, como se afirma que lo tiene Andy, no pueda salir con tranquilidad del territorio nacional. A su edad el tener que aceptar como prisión los límites geográficos del estado mexicano, debe de ser trágico. Con lo estudioso y dedicado que es y con las ganas que pudo haber tenido de hacer una especialidad o un doctorado en el extranjero, debe de ser muy frustrante no poder hacerlo.
En su caso no es aplicable el comentario, que llegó a censura, que hizo AMLO de esos mexicanos aspiracionistas que desean hacer postgrados en el extranjero. Sus hijos, los López Beltrán, por ser de sangre real, no pueden ser medidos con el mismo rasero. El dicho presidencial no los comprende.
AMLO, por no controlar su manía de hablar a tontas y a locas, solo se puso la soga al cuello: él mismo se encargó de juzgarse y condenarse; pero, como no tiene un pelo de tonto, se abstuvo de castigarse. Aspira a quedar impune. Los morenos, solidarios con su jefe, están anuentes en hacerle el gusto.
El autor es Catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.
