Luego del V Informe, ¿qué?

Por René Avilés Fabila

Luego de absurdos cambios, del Auditorio Nacional al Museo de Antropología, de eliminar a unos siete mil invitados de la lista, el presidente Felipe Calderón pudo leer su mensaje político. Siempre acorralado, de principio a fin, al principio por los indignados perredistas que hoy estaban representados en dicho museo por un afable Marcelo Ebrard, ya lejos del presidente legítimo Andrés Manuel López Obrador, ahora por las supuestas amenazas del terrorismo, nombre que ahora recibe el crimen organizado, el mandatario explicó, en apretada síntesis, que el problema del narcotráfico era herencia del pasado y que, siempre en primera persona del singular (lo que hace pensar que no hay gabinete y ni siquiera su familia lo ayuda en la tarea que él se echó a cuestas), ha solucionado los graves problemas nacionales o por lo menos, como en esta guerra contra los malos, está dando una firme y aceptable pelea.

No fue como dicen los medios de comunicación la fiesta del presidente, su día; en lugar de miles y miles aplaudiendo, las ovaciones fueron parcas y más bien venían de sus camaradas de partido que del resto de los mortales allí congregados, gobernadores priístas, perredistas, funcionarios de universidades públicas y empresarios.

A la defensiva, Calderón brindó, conforme el aburrido rito que no acaba de fallecer, cifras optimistas que hablan de incesante progreso. Está visto que el PAN supone que recibió un país vacío, sin instituciones y que desde el año 2000 sus militantes se han dado a la tarea de crearlo, poblarlo y darle todo un complejo sistema político y una infraestructura económica. Antes de Acción Nacional nada existía. Hoy está en pie, con Estado fallido y en guerra, pero allí está.

No obstante, fuera del recinto, un museo, perdón por la insistencia, y un museo de antropología, hay una población indignada que ha superado los medios tradicionales de comunicación y que en las redes sociales y en las calles muestra su indignación y malestar y no en abstracto sino contra Felipe Calderón.

Ya no pasará como lo esperaba: no será el presidente del empleo, el ganador de la guerra contra las fuerzas del mal, el que iba a convertirnos en un país de triunfadores, como la selección de futbol pequeña. Somos una nación temerosa, que no sabe para dónde marchar.

El PAN no desterró la corrupción, la hizo suya, tampoco llamó a los mejores mexicanos a trabajar por la patria, prefirió hurgar entre montones de figuras menores del mundo privado con los resultados que bien conocemos.
Sin gabinete y sin proyecto de nación, quiso ser el último de los presidentes priístas y manejar el partido y poner al sucesor ideal según sus cuentas. Nada le resultó.

Se solía decir que el quinto año era la cumbre del poder presidencial. No más. Vimos a un mandatario sin posibilidades, agobiado, sin proyecto de nación, sólo obsesionado con evitar que el PRI no regrese a Los Pinos. Quien gane la Presidencia, Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, Manlio Fabio Beltrones o Josefina Vázquez Mota, tendrá, no importa cuál sea su partido, que batallar con una pesada herencia, un muro de lamentaciones y un país ruinoso. Tendrá que comenzar por reconstruirlo.

Como suele suceder en México, un presidente arranca en medio de proyectos y promesas, para concluir con un sonoro fracaso que los métodos publicitarios no podrán ocultar.

www.reneavilesfabila.com.mx
www.recordanzas.blogspot.com