Entrega un estado con ascenso generalizado

Por Raúl Cremoux   

Tal y como conviene a la democracia, Enrique Peña Nieto entregó cuentas de seis años de gestión como gobernador del estado que se ha vuelto referencia de un desarrollo que, a pesar de los contrastes, va en ascenso generalizado.

Sus cifras en los renglones decisivos son el resultado de un esmero cotidiano en la tarea de gobernar: la obra en infraestructura no tiene precedente en la historia del Estado de México, y en homicidios dolosos que tanto aquejan a la nación se redujeron en 51%.

Cifras y datos concretos nos hablan de la variedad y el número de clínicas y hospitales edificados así como los programas sociales que llegaron a más del 73% de los 15 millones de habitantes de esa entidad.

Mientras que el país incrementa su deuda, la de los mexiquenses se redujo en 25.1% y en el terreno de la educación, la investigación y la cultura, las inauguraciones de escuelas, institutos, universidades y centros culturales, así como formación de profesionales, no las han tenido en años países como Bélgica o Argentina.

Y si bien la obra material, tangible, es fuera de serie, el mensaje político de Peña Nieto en su conjunto habla de una plataforma del México posible que merecemos los habitantes del país.

Peña Nieto no se pierde en extravagancias ni en proyectos de relumbrón; acude a lo señalado en la Constitución como un proyecto viable al cual es necesario conducirlo con eficacia para que el país salga del marasmo y de la violencia que reina desde hace cinco años.

El gobernador Peña Nieto fue claro: “México tiene un proyecto claro que está contenido en la Constitución. Lo que hace falta es un Estado eficaz que lo haga realidad, que lo lleve a la práctica, a la vida cotidiana de los mexicanos”.
Acabar con el miedo que a todos indigna y lesiona y recuperar la esperanza es una bandera que la sociedad necesitaba escuchar y ver como una plataforma sobre la cual puedan inscribirse los programas y proyectos concretos en cualquier tipo de área y de materia por desarrollar.

Proyectar el país como una potencia internacional es otra de las aspiraciones que vale escuchar en boca de un político que demuestra un especial talento para llevar a cabo, primero lo prometido en su campaña electoral, y luego desbordar las expectativas en cumplir con los compromisos y necesidades que la realidad impone a los gobernados: empleo, inundaciones, carestía, enfermedades…

Queda clara una expresión llena de respuesta y de propósitos cuando Peña Nieto dice que “la mejor oferta política no es la que condena al pasado sino la que ve hacia adelante y nos convoca a todos a enfrentar los problemas”.

De hecho es revirar contundentemente a las tantas ocasiones en que Felipe Calderón ha señalado al PRI como la fuente de todos los males, aunque el panismo ha tenido diez años para dar pruebas de una mejoría que no llega.

La obra que en estos días finaliza en el Estado de México es un preludio de lo que esta generación tiene como un verdadero reto en lo inmediato: terminar con los temores y renovar la decaída esperanza para edificar un nuevo derrotero con visión generosa en el país que merecemos.

Enrique Peña Nieto tiene los atributos que en cualquier latitud calificarían para señalar alcanza vuelos no sólo de gobernador exitoso, sino de alguien con una visión mayor, la que conlleva el perfil de estadista.