La visita de Benedicto XVI a España
Por Carlo Pizano
¿Qué hace un anciano de 80 años o una institución de más de 2 mil años para poder convocar durante una semana a cientos de miles de jóvenes? Esa es la pregunta que surge después de lo acontecido en Madrid del 11 al 21 de agosto, pero principalmente durante la última semana.
La agencia internacional de información especializada en la Santa Sede, Zenit, hace una recolección de la impresión que la prensa española. “Un éxito de participación como pocas veces puede verse” así calificó el periódico español El País a la visita de Benedicto XVI con motivo del encuentro mundial de jóvenes.
Por su parte, el diario El Mundo calificó la visita del pontífice como “un viaje redondo, un éxito sin paliativos”. El Papa “fue aclamado por un océano de peregrinos”, relató el francés Le Monde.
El número real de asistentes es incierto, pero las distintas fuentes informativas van desde un millón y medio de personas hasta 2 millones de almas presentes durante la vigésima sexta edición del encuentro originalmente convocado por Juan Pablo II.
Frente a los racionales, irracionales, y hay que decirlo en algunos casos intolerantes protestas ante la presencia del máximo pastor de los católicos o la participación del Estado en la organización del evento, los medios de comunicación contrarios a lo que representa el mensaje cristiano no tuvieron más que reflejar la presencia de multitudes de jóvenes de todos los rincones de la tierra.
David Hatchwell, vicepresidente de la Comunidad Judía de Madrid contó a Zenit que el mensaje de Joseph Ratzinger ha sido uno de valores universales que trasciende a todos los credos.
“En esto estamos totalmente de acuerdo con el Papa: en una sociedad moderna son necesarios valores para enfrentarse al relativismo y seguir creyendo en las convicciones morales”, comentó Hatchwell.
El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, señaló que la Jornada Mundial de la Juventud fue “una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su ‘adicción’ al Papa”.
De alguna manera se lamentó porque algunas de las protestas de anarquistas, ateos y “católicos rebeldes” hubiesen llegado al extremo de casos como el de un “grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que… rezaban el rosario con los ojos cerrados”.
Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, ya de regreso en Italia resumió la experiencia de lo ocurrido en la península ibérica así: “Para la multitud de jóvenes, procedentes de todos los rincones de la Tierra, ha sido una ocasión especial para reflexionar, dialogar, intercambiarse experiencias positivas y, sobre todo, rezar juntos y renovar el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo, amigo fiel”.
