Por Jorge Carrillo Olea
Agosto ha sido tan lluvioso como asfixiante en noticias. Todas malas, por supuesto, y por encima tantos spots sobre el V Informe, que también nos asfixiaron. Felipe Calderón se agotó en sus mensajes, que quizás algunos correspondan a la realidad, por ejemplo lo de la infraestructura carretera, otros evidentemente no son ciertos, como el de la cobertura en salud. El Seguro Popular podrá tener todos los afiliados que se desee, pero la calidad del servicio es simplemente pésima, colas para la atención, insuficiencia de espacios en laboratorios y hospitales, desabasto de fármacos y… con eso sería suficiente.
Los procesos preelectorales se advierten crecientemente conflictivos, tanto por las todavía indefiniciones de candidatos como por lo bajo de los discursos. La diatriba panista agota en sí misma todo su pregón, empezando por quien no debería hablar: el presidente. La izquierda se sostiene en una declarada actitud de respeto a las determinaciones de la opinión pública que nadie acaba por creer. Y el PRI, con un candidato inexpresivo aún, que no da lugar a saber si le sobran ideas brillantes y se las guarda o carece de ellas.
Sobre estos hechos brincan los eventos delincuenciales que también se cubren unos a los otros. Del dolor de aquellas madres de Ciudad Juárez sacrificadas a las puertas de la escuela a la que acudieron a recoger a sus niños, nadie se acuerda, ante el aplastante drama de Monterrey y su caudal de corrupción oficial y particular. Y ha sido ese impacto emocional de tal trascendencia que también se ha velado el vergonzoso e indefendible caso del señor Humberto Moreira y sus aventuras financieras en Coahuila, sin que eso nos haga olvidar el reingreso aplaudido del señor Raúl Bejarano al PRD o la nueva del señor Fernando Larrazábal en Monterrey.
La Secretaría de Hacienda en uso no discutible de sus potestades y en abuso del oportunismo preelectoral que es legítimo, no deja de encontrar nuevos traspiés en Coahuila. Sí el PAN, con Calderón a la cabeza, en su desesperación, ha optado por la guerra sucia, pero en política ¿cuándo ha sido pecado mortal? ¡Cuántas veces ha sido el recurso preferido del priísmo!
Pero hay defensores de ello en la vieja guardia que todo lo atribuyen a sucias maniobras políticas de panismo. Alguien les hace ver: Será, pero hay mucha tela de donde cortar. Otros corean: Moreira tiene que salir, y yo me cuento entre ellos. Si hoy se cree víctima, ayer fue el lúdico monarca.
Por salud mental, ya no es posible disimular tan paquidérmicos abusos. No sólo escamoteos millonarios, presta nombres de súbita riqueza, sino falsificación de documentos oficiales. Si tales cosas son delitos, el tercero se caracteriza por una indiscutible intención premeditada, indigna y supuestamente fácil de engañar nada menos que a la hacienda federal. No se recuerdan casos de ese extremo.
Sin embargo ante ello, el presunto responsable alegremente ha dado el hecho por terminado. Esto es, no cree que de tanta irregularidad se pueda desprender alguna responsabilidad. Mientras tanto la bancada priísta de diputados desde Playa del Carmen y la CNC desde Ixtapan en pleno lo defienden como si fuera una quinceañera ultrajada. ¡Qué bonito!
Además del interés público, de este affaire surgen otros damnificados: el propio PRI que no goza precisamente de una fama de pureza y su candidato presidencial, sin despreciar a todos los que ese partido acoja en su momento. Enrique Peña Nieto a la vista de todos eligió a Moreira, eligió a un lodero y lo hizo presidente de la manera más autócrata. Todo esto no viene a sumar nada a su favor, serán municiones de gran calibre para los partidos opositores.
El renovarse o morir, viejo adagio, nunca ha sido practicado por el partido por más que invente como el de nuevo PRI. ¿Qué puede haber de nuevo en este espectáculo de corrupción?
