Por Guadalupe Loaeza
En el momento urgente que estamos viviendo, donde la realidad cotidiana nos enfrenta a la violencia extrema de la persecución, la necedad y la muerte de muchos ciudadanos, jóvenes, mujeres, niños y hombres, casi la mayoría inocentes, existe una supuesta justicia que impone sus reglas, que a nombre de la “norma”, de la moral y el bienestar irrumpe la tranquilidad nacional.
Las víctimas de este enfrentamiento al narcotráfico son, como se ha dicho, doblemente víctimas: por su muerte y por su condena ignorante y moral; porque enfrentar a jefes del narco, perseguir cabezas de cárteles es sólo un ajuste de cuentas con las plazas y los ricos ilegales, los hacedores de dinero, pero no se atiende el gran tema que está en varios hogares y familias mexicanas: las adicciones.
Por ello, asistir a conversar e intercambiar puntos de vista, escuchar reflexiones y agradecer al autor de este libro Adicciones: enfermedades del siglo XXI, Luis Eugenio Todd, es a la vez sumarme en voz alta a las tareas necesarias y acciones por enfrentar nuestras adicciones. Digo nuestras porque se tratan de enfermedades que ya son tema de salud pública, consecuente de las formas y nihilismo en que vivimos.
Por eso creo necesario asumir una postura sobre la legalización del consumo de ciertas drogas, desmilitarización de las calles y la generación de una política eficiente y enérgica sobre el tráfico de armas que es más grave en sus efectos civiles y ciudadanos, así como de seguridad y libertades. Hablemos entonces de las adicciones fuera de los órdenes y cánones morales que lejos de incluir y exponer el serio y complejo problema social de salud pública, lo desvían hasta convertirlo en el objeto de juicios y prejuicios, de sanciones y oscuridades.
En este libro hay entre muchas aportaciones y aciertos y uno que llama singularmente mi atención y que es lo que me ha gustado del trabajo de Luis Eugenio Todd: desmoralizar las adicciones para enfrentarlas de forma natural, científica y social, creando una didáctica familiar en su lectura.
Asisto a esta presentación con el compromiso no sólo de exponer algunas reflexiones en torno al tema central del libro, sino en el momento quizá más crudo, incierto y desconcertante de nuestro país que me haya tocado vivir.
Quienes crecimos en la generación de los sesenta sabemos que el tema del consumo de drogas no se parece en nada a la violencia que hoy vivimos “a nombre de los estupefacientes”. No crecimos con el ejército en las calles, ni cifras innecesarias de ejecutados de jóvenes que nada tienen que ver con la producción narcótica. Tampoco vivíamos amenazados por el crimen organizado, por los policías o el ejército; no crecimos siendo niños sicarios y las drogas como la marihuana estaban ahí.
Hablar hoy día de adicciones, de la enfermedad del siglo XXI es poner la mirada a temas no sólo de salud sino de políticas públicas sobre los tratamientos, los enfoques y actos preventivos, porque lo cierto es que hoy día el tema de la libertad de elegir el consumo de una droga, que está fuera del marco de la ley, no se termina con una discusión de juicios valorativos o morales, tampoco con la represión para combatir la drogadicción.
Los resultados que encontramos en el libro sobre la encuesta nacional de adicciones 2008 no son alentadores y evidencian que las campañas no son efectivas, que la exposición mediática del tema es pobre y que el consumo va en aumento. Basta ver cifras: “Las drogas ilegales (marihuana, cocaína y sus derivados: heroína, metanfetaminas, alucinógenos, inhalables y otras drogas) aumentaron de 4.6 a 5.2%, mientras que se mantienen en el mismo nivel de consumo aquellas drogas médicas (analgésicos, sedantes y estimulantes)”.
La enorme aportación que suma la obra de Luis Eugenio Todd es la polémica discusión que yo he permeado a lo largo de esta intervención, el tema de legalizar el uso de las drogas. En el capítulo ventajas y desventajas de legalizar el uso de las drogas dice: “Legalizar una actividad del ser humano es lograr integrar el comportamiento del individuo a los intereses de una sociedad”. En el caso del tema de las drogas, hay muchos factores que intervienen no sólo los de índole médico-epidemiológico, sino los de salud pública, violencia, libertad y derechos humanos.
Como se trata de un tema que dejó de ser emergente, pasó a urgente y hoy prioritario en cuenta al grado y niveles de destrucción que alcanzó en todo nuestro país, legalizar el consumo de algunas drogas se convierte en un tema más sensible, porque hay factores de tipo moral, religioso y civil que lesiona la personalidad de algunos grupos sociales.
De tal suerte que al pensar en la legalización del uso y consumo de ciertas drogas es plantearse un esquema distintivo de cada uno de los efectos epidemiológico y social de éstas. Idea que se comparte en este libro que hoy estamos presentando, donde su autor expone en un amplio capítulo detalles de la evolución que ha tenido la discusión legislativa con respecto a las drogas. Concluye: lo que actualmente carecemos es de un pronunciamiento educativo de prevención, así como las lagunas de sanción o de atenuantes cuando el uso es de tipo terapéutico.
Esta obra termina siendo un texto redondo, documentado, de análisis, consulta pero sobre todo de lectura referencial para padres de familia, maestros, para una sociedad que ahora está inmersa en una violencia y trasgresión colectiva.
