Moisés Vladimir Zaldívar Villanueva
Ricardo Piglia nació en Argentina, en Adrogué, provincia de Buenos Aires. A sus setenta años, ha publicado alrededor de dieciséis libros, en su mayoría ensayos; además de cuentos y (cuatro) novelas. Fue profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Princeton. Su primera publicación fue el libro que contenía sus cuentos, Jaulario, en 1967, el cual lo hizo acreedor de la mención especial en el Premio Casa de las Américas. La primera novela que publicó fue Respiración artificial, en 1980, en esta novela surge por primera vez el personaje Emilio Renzi, quien aparecerá también en su última novela, Blanco nocturno, que recientemente obtuvo el premio Rómulo Gallegos 2011.
Apenas había comprado Blanco nocturno y decidido a sentarme a leerla en un café, cuando, antes de despojarla de su envoltura y leer la leyenda que habla de la inteligencia borgiana de Piglia, una mujer que acababa de prender un cigarro me dijo: Muy buen libro; muy buena lección. Yo no sé si trataba de advertirme que estaba a punto de recibir lecciones sobre cómo escribir una novela policiaca, sobre el habla argentina de los setentas; tipos de caballos, hasta lecciones de historia, no sé. Al menos, acabé comprendiendo algo: Piglia es un escritor exigente, que te pide lo leas como si fueras el último lector, el que quiere comprenderlo todo, pues ya no hay quién lo haga, el que lee entre líneas, pues lo importante no es quién mató a Durán, lo importante es por qué. Éste es el móvil de la novela: la causa, que es lo que mantiene ocupado y preocupado a Emilio Renzi (por demás mencionado como el alter ego de Piglia, claro, porque el nombre completo del escritor es Ricardo Emilio Piglia Renzi), el periodista encargado de investigar el asesinato de Tony Durán. Blanco nocturno no es una novela policiaca común; se desarrolla entre las ambigüedades del pensamiento de cada personaje y sus desdoblamientos. En momentos recuerda la narrativa de Paul Auster, en la Trilogía de Nueva York, pues nos encontramos con pequeñas narraciones que –algunas- parecieran no tener nada que ver con la narración principal, pero que, sin embargo, son aportaciones a la lectura de los hechos. De esta manera el lector se vuelve también un detective, tiene que descifrar, tiene que cuestionar, tiene que enojarse con las hermanas Belladona y con su madre. Blanco nocturno está ubicada en una Argentina cada vez más invadida por la violencia y en vísperas de la dictadura. Uno de los temas más frecuentes en la novela (como también en la vida de los argentinos) es el peronismo, la ausencia de éste y a su vez la añoranza. Piglia logra construir el ambiente perfecto para sus personajes mediante la habilidad periodística que tiene para documentar sus novelas. Así, vemos, no sólo cómo se va desarrollando el caso Durán, sino también cómo van viviendo los personajes la Argentina de los setentas.
En el último lector, Piglia habla de los lectores puros: “…para ellos la lectura no es sólo una práctica, sino una forma de vida”. Es en este lector en el que piensa al momento de escribir sus ficciones: en un lector que se ha creado un universo propio dentro de la literatura y que sólo puede desenvolverse en la realidad que viven los personajes que está leyendo. Si lo han llamado “heredero de la desconfiada inteligencia de Borges” es porque, como él, Piglia sabe escribir sus historias entre lo onírico y lo real. En uno de sus ensayos menciona una de sus visiones sobre la lectura: “(…) la novela –con Joyce y Cervantes en primer lugar- busca temas en la realidad, pero encuentra en los sueños un modo de leer”. Este es Piglia, explorador de los rincones de la literatura que guardan nuevas formas de leer, escribir y, por qué no, también de soñar.
