Brutal, la lucha entre Ebrard y López Obrador

Por René Avilés Fabila

Durante el informe político de Felipe Calderón, una serie de arrogantes recados a amigos y enemigos, Marcelo Ebrard, en plena campaña para obtener la candidatura de esa masa gelatinosa que llaman las izquierdas, lo saludó, algo que durante años había evitado hacer. Antes era el presidente ilegítimo, el usurpador y Ebrard el hombre más leal al legítimo, a Andrés Manuel López Obrador. Desde algún sitio de la eterna campaña que este último realiza, mostró su malestar.

Pero hay algo más. Martí Batres, un personaje siniestro de la política nacional, seguidor de López Obrador y funcionario de Ebrard, arrancó sin mayor trámite su campaña en pos de la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Lo hizo en Coyoacán. Dentro de su plan rudimentario, tuvo a bien criticar a su jefe por saludar a Calderón, algo que ya había hecho la inefable Dolores Padierna.

La reacción no se hizo esperar y lo corrieron de fea manera. Batres podrá continuar rumbo al final de su carrera política, desde luego, en solitario y dentro de la tribu perredista que sigue con fidelidad a López Obrador, la que encabeza el conocido René Bejarano.

Este hecho no indica otra cosa que la lucha entre López Obrador y Ebrard ya se hizo brutal, por más que la nieguen ambos. Ya están en abierto choque. Las encuestas se han vuelto ingobernables: un día dicen que el Peje va arriba, al día siguiente es Marcelo quien lleva la ventaja.

El caso es que difícilmente habrá acuerdo dentro de ese partido que fuera esperanzador y que hoy es una cueva de pillos y de personas de muy bajo nivel intelectual. Las izquierdas tendrán dos candidatos, obvio.

A pesar de la cambiante conducta de las encuestas cuando se refieren al PRD, hay una tendencia favorable a López Obrador si se trata de consultar a la población en general. Ebrard podrá creerse la patraña de que es el mejor alcalde del mundo y que cuando abre la boca los mexicanos se impresionan, pero es el trabajo tenaz, municipio por municipio, de López Obrador lo que será decisivo.

Ebrard cuenta con su infinita demagogia y las miles de obras que hoy hace apresuradamente para ganar votos, pero es probable que se considere su creciente desprestigio. No importan las muchas bicicletas que haya puesto al servicio de la población ni cuántos valses ha bailado en la glorieta del Angel de la Independencia y menos las playas artificiales y pistas de hielo que ha logrado como hazaña en una ciudad de escuelas públicas en pésimo estado. Su autoritarismo e ineficacia, su lamentable estilo de gobernar, dejando a los corruptos hurtar a placer (ver en detalle Tlalpan, Iztapalapa o Xochimilco), su cambiante historia política y muchos defectos más, contarán en la hora final.

Ni siquiera ha sabido manejar el PRD, claro, le es ajeno, su formación sigue siendo la de un ex priísta con mentalidad neoliberal y lo ha probado privatizando lo que ha podido. Si el Distrito Federal ya maduró, ya tuvo de experimentos fallidos con la izquierda, es posible que no vote masivamente por ninguno de ellos.

Hasta hoy, tanto Ebrard como López Obrador tratan de mantener la aversión que se tienen y que de muchas maneras siempre existió (son opuestos por completo aunque ambos vengan del PRI), así que pronto los veremos enfrentados, en un choque de tranvías (que no de trenes), pues en el camino ambos disminuyeron su poder.

López Obrador estuvo a punto de conquistar el país, Ebrard hizo lo que pudo y ayudado por Manuel Camacho y sostenido por la necedad poco inteligente del Peje, fue más allá de lo esperado. Vicente Fox le tomó la medida cuando lo cesó de sus funciones como titular de policía.

Enseguida, poco inteligente, López Obrador revitalizó a Ebrard quien ahora está feliz sacándole los ojos, como buen cuervo. Justo lo que López Obrador le hizo al ingeniero Cárdenas.

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